que ni ella ni yo podiamos conformarnos, de modo que acordamos que se tomaria una temporada libre hasta que se solucionara el tema -volvio a juguetear con la horquilla, que, sin embargo, parecia perfectamente sujeta-. La decision se tomo totalmente por las buenas. Estoy convencida de que Alda habria vuelto si no hubiera pasado lo que paso.

– Comprendo -dijo ?ora-. Dijiste que se estaba realizando una investigacion interna y tambien en otro sitio. ?Eso se refiere a un caso policial o a una cuestion de reparacion de danos? -?ora intento imaginarse que delitos podian realizarse en los hospitales-. ?Tuvo Alda algun error serio en el trabajo? ?Robo medicinas? ?O…?

Bjargey guardo silencio un momento, parecia reflexionar cual seria la mejor forma de responder, e incluso si debia hacerlo o no. Cuando volvio a hablar, se expreso como sopesando cada palabra que decia:

– Alda no esta acusada de un error en el trabajo ni de haberse llevado medicamentos sin permiso. El asunto no tiene nada que ver con eso. Lo que es objeto de discusion es si se comporto de la forma conveniente, aunque esa conducta presuntamente indebida tuvo lugar fuera de las horas de trabajo y no tiene relacion alguna con esta institucion. Pero no resultaba adecuado que en esas circunstancias continuara trabajando aqui.

?ora no comprendia ni jota.

– No acabo de entender adonde quieres llegar -dijo con una sonrisa apagada-. ?No podrias explicarmelo un poco mejor?

– No -respondio Bjargey, ahora sin titubeos-. Eso no tiene nada que ver con el fallecimiento de Alda y no veo que el secreto que estas intentando desvelar tenga tampoco relacion alguna con ello -no la miro a los ojos al decirlo, pero si cuando prosiguio-: Lo siento. El asunto es delicado.

?ora se dio cuenta de que aquello significaba que no debia seguir intentandolo.

– No importa -dijo-. Pero para volver a lo que me ha traido aqui, ?sabes de alguien a quien Alda hubiera conocido bien en las guardias, aunque su relacion no hubiera llegado a ser intima?

Bjargey sonrio a ?ora con la sonrisa de quien cree estar hablando con un tonto.

– ?Has venido alguna vez a urgencias por la noche o en fines de semana?

– No, a decir verdad, no, pero si que vine un par de veces con mis hijos, cuando eran pequenos. Y siempre durante el dia, naturalmente.

– No es comparable -dijo Bjargey-. Alda trabajaba en las guardias mas dificiles y molestas, cuando la planta se llena de individuos borrachos como cubas y cretinos que no paran de vomitar o que se han herido, o de victimas que llegan aqui destrozadas a palos o rajadas. Intenta imaginarte a ti misma trabajando con esa gente armando escandalo por todos lados. Los borrachos son terriblemente impacientes y si tienes a varios esperando, la situacion en la sala de espera llega muchas veces al punto de hacerse peligrosa, por no hablar del horror de tener que escuchar los chillidos y las protestas continuos. No queda tiempo para la charla ni para las confidencias. Eso esta mas que claro.

– Ah, vaya -dijo ?ora, que comprendia perfectamente que un lugar de trabajo lleno de borrachos no seria un modelo de orden. Ciertamente, a lo largo de los anos Hannes le habia contado algunas cosas, de manera que las palabras de la enfermera no la pillaban totalmente por sorpresa-. Asi que Alda era buena trabajadora -dijo ?ora-. ?Estaba encargada de alguna tarea en especial o se dedicaba al trabajo general de enfermeria?

Bjargey miro a ?ora otra vez como si fuera dura de entendederas.

– Alda solia encargarse de lo que habia. Era una magnifica enfermera y, naturalmente, tenia gran experiencia en curas delicadas, por su trabajo con los cirujanos plasticos. Los medicos recurrian a ella para que les ayudara a la hora de coser heridas y cosas asi. Tambien era una persona muy equilibrada y madura, de forma que era muy amable siempre que habia que hablar con alguien en aquel tremendo barullo y anotar los informes de incidencias. Era especialmente habil con las mujeres -dijo Bjargey, que miro su reloj. El mensaje era obvio: Ya es suficiente. Volvio a mirar a ?ora-. Afortunadamente, las mujeres frecuentan este lugar el fin de semana mucho menos que los hombres, pero los porcentajes de uno y otro sexo se van aproximando progresivamente cada fin de semana que pasa. Por desgracia.

La igualdad parecia ir mas en la direccion de los aspectos mas tenebrosos que hacia los mas valiosos, pero ?ora no ignoro el comentario.

– La hermana de Alda me dijo que intervenia en casos de violacion y que, entre otras cosas, eso la llevo a tener que testificar en los tribunales. ?Es asi?

Por primera vez desde el comienzo de la conversacion, Bjargey titubeo por un instante, pero enseguida dijo:

– Como te he explicado, Alda venia principalmente por las noches y los fines de semana, que es precisamente cuando se comete la mayoria de delitos violentos. Como ella tenia un temperamento especialmente amable y tranquilizador, acudia con frecuencia a reconocer y atender a las chicas y las mujeres que se habian visto sometidas a esa infamia. Hacia un seguimiento de las victimas tan amable que hasta se creaba una relacion de confianza entre ellas y Alda. Para las mujeres es infinitamente mejor no tener que hablar de ese asunto con muchas personas.

– Naturalmente -dijo ?ora-. ?Como se realiza el seguimiento?

– Variaba mucho -respondio Bjargey-. No siempre es posible fijar horas de consulta, pues una parte de las mujeres entran en crisis psicologica y no soportan una reunion cara a cara. Naturalmente, se intenta prever esta circunstancia y tomar medidas, pero en algunos casos especialmente serios se tiene que recurrir al telefono. Alda era una de las pocas que no tenian objecion a dar su numero de telefono personal a esas mujeres, y las aconsejaba y apoyaba telefonicamente -Bjargey se apresuro a anadir-: Naturalmente, le pagaban por ello, y hacia un resumen exhaustivo despues de cada conversacion telefonica y rellenaba los informes oportunos -Bjargey miro el reloj de la pared-. ?No seria ya hora de ir acabando?

– Si, claro; solo una ultima cuestion -dijo ?ora-: ?hablo Alda alguna vez de las Islas Vestmann o de la erupcion de 1973?

Bjargey se incorporo, pensativa.

– No, no que yo recuerde -dijo-. Bueno, en realidad estuve trabajando con ella el dia de la fiesta del comercio el ano pasado, y entonces si que se mencionaron las islas. Recuerdo que me dijo que ella era de alli -se apresuro a anadir-. A diferencia de otras fiestas, la del comercio es relativamente tranquila en la ciudad. Tuvimos una guardia bastante reposada y pudimos charlar.

– ?Recuerdas algo de lo que hablasteis? -pregunto ?ora con mucho tacto. Estaba segura de que la mujer pondria punto final a la conversacion en aquel mismo instante si aludia a la cabeza cortada-. ?Menciono quiza por que nunca volvio a su lugar de nacimiento?

Bjargey sacudio la cabeza.

– No, creo que no -respondio-. Se limito a explicar como era la gente que vivia alli. Me hablo de las tiendas de campana blancas que levantan los islenos en la fiesta anual, y cosas de esas. No recuerdo que me dijese que no iba mucho por alli -parecia que Bjargey no iba a cambiar de opinion, cuando de pronto anadio-: En realidad, lo cierto es que le pregunte si no le apetecia ir para alla. Porque yo habria podido encontrar alguna enfermera que la sustituyera.

– ?Y? -pregunto ?ora-. ?Que contesto?

Bjargey fruncio las cejas.

– Recuerdo que su respuesta, y el tono de su voz, me parecieron muy extranos, completamente ajenos a ella. Dijo que no iria alli ni para salvar su cabeza -Bjargey miro a ?ora-. Luego se echo a reir y dijo que habia sido una broma -Bjargey se puso en pie-. No llegue a entender donde estaba la gracia.

Stefan penso que la melodia que sonaba en la radio no era precisamente la mas adecuada en esos momentos, de modo que la apago. Estaba en su despacho, aunque en realidad deberia estar ya de camino a casa. Otro dia mas en que no lograba llegar a casa a la hora debida. Suspiro pesadamente en silencio. Manana lo conseguiria. Su ascenso en la policia le exigia pasar mas tiempo en el trabajo de lo que habia imaginado al principio, y ya se le estaba haciendo demasiado pesado. Su mujer estaba convencida de que se pasaba las horas hasta la noche en su despacho tan contento, un dia si y otro tambien, y estaba de permanente malhumor. Stefan estaba ya mas que harto de como iban las cosas en casa. Sobre todo le ponia de los nervios tener un limite de tiempo para poder meterse en la cama con su mujer cuando no llegaba a casa a la hora. Manana volveria, como mucho, a las cinco. Definitivo. Pero era bastante habitual que en cuanto pensaba en irse a casa empezaran a llover toda clase de cuestiones urgentisimas. ?Que hacia entre las nueve y las cinco toda esa gente llena de problemas? Hacia un rato, a las cinco en punto, el medico forense habia llamado para decirle que tenia los

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