acabaron con la madre llorando y Tinna desapareciendo en su habitacion. Su madre jamas la comprenderia, era inutil intentar explicarle como se sentia. Le apetecia la comida de la pantalla, mas aun, le apetecia enormemente. En cambio, nunca caia en la tentacion de la otra comida, porque se sentia mucho mejor despues de rechazar aquellas cosas tan ricas que si se las hubiera comido de verdad.
La aspiradora se puso de nuevo en marcha y Tinna se tapo los oidos con las manos para apagar todo el ruido posible. Era una aspiradora prehistorica que una amiga de su madre le habia regalo cuando la vieja se rompio definitivamente. Tinna intento calcular cuanto tiempo tardaria su madre en acabar y salir. Siempre acababa las labores domesticas limpiando los suelos, de modo que debia de estar terminando ya. Entonces se iria a la tienda, aunque, antes de la discusion que habian tenido, le habia pedido a Tinna que la acompanara. No pensaba hacerlo, desde luego, y Tinna estaba mas que encantada. Asi podria aprovechar el tiempo y pasarse un buen rato en la ducha y eliminar todas las huellas en el bano. No podia permitir que su madre se enterase de que se habia vuelto a meter en la ducha, porque corria el riesgo de que se pusiera en contacto con el hospital y que la ingresaran otra vez. Porque ya sabia que Tinna se metia en la ducha para quitarse de encima las calorias, y cuantas mas veces se banara, de tantas mas calorias podria librarse. Sintio que el deseo de empezar a frotarse aumentaba, porque seguia teniendo en el estomago el asqueroso jarabe del medico. Lo que mas le apetecia era poder ir al bano a vomitar, pero sabia que no lo conseguiria. No, era mejor enviar aquella pizca de alimento por el desague de la ducha.
Recordo entonces que no hacia mucho tiempo huia de la ducha como de la peste, por miedo a que el agua pudiera meterle calorias a traves de la piel. Ahuyento esos pensamientos, pues siempre le resultaba desagradable intentar comparar las dos teorias. ?Cual de las dos era la verdadera? ?Seria un error ducharse tan a menudo? Volvio a apretar los ojos y se quedo tumbada tapandose las orejas con las manos. A pesar del zumbido de la aspiradora consiguio estarse quieta como si ni siquiera estuviera alli. Habia desaparecido y nadie volveria a torturarla empapuzandola de comida. Se quedaria alli tumbada, adelgazando. A lo mejor, al final podria llegar a ser como deseaba: delgada. Los demas no la comprendian, ni su madre ni los medicos. Su padre era el menos malo de todos, pues aunque muchas veces le decia que estaba demasiado flaca, no parecia tener suficiente interes por ella como para obligarla a comer. En casa de el decidia ella misma lo que comia. Varias veces habia pasado todo un fin de semana en su casa sin comer practicamente nada. El ni se daba cuenta. En cambio su madre se daba cuenta de todo, y despues de uno de esos fines de semana fue a consultar la manera de impedir que Tinna fuera a casa de su padre. Ahora ya no podia pasar mas de cuatro horas seguidas en su casa.
Los pensamientos le inundaban la cabeza. La senora que fue de visita a casa de su padre. La casa de la senora. El visitante que salio a escondidas. El papel. La senora que se llevaron en la ambulancia tapada con una sabana blanca. La senora que habria podido ayudarla tanto. La senora que Dios habia enviado desde el cielo para que Tinna pudiese estar flaca. La senora que hacia bellos a los demas y a quien Tinna le habia encantado tal como era. La senora que la habia abandonado. Tinna intento no pensar en eso. Tenia que borrarlo todo. Uno, dos, tres… Se concentro en aquellos numeros sin sentido, no sabia si decirlos en voz alta o en silencio. Habia llegado ya al treinta y cuatro cuando la pusieron una mano en el hombro y se llevo un susto. Abrio los ojos, aunque seguia con los oidos tapados.
– Vamos, Tinna -oyo decir a su madre, y aflojo la presion sobre las orejas-. Ahora te vienes conmigo. Voy a llevarte al hospital.
Tinna sacudio la cabeza y volvio a cerrar los ojos con fuerza. Noto como su madre le apartaba de los oidos sus dedos escualidos para que la oyera. Su madre era mucho mas fuerte y no servia de nada resistirse. Cuando Tinna llegara a ser tan delgada como queria, se volveria tambien increiblemente fuerte, y nadie podria forzarla a escuchar cuando a ella le apeteciera estar en silencio.
– No -dijo Tinna en voz baja, pero descubrio, al oir el estruendo que salio de sus labios, que en realidad lo habia dicho gritando.
– Va a ser que si -dijo su madre, que parecia triste-. Vendras conmigo o tendre que llamar a una ambulancia. Tu decides -solto las manos de Tinna y la miro. De pronto paso los dedos por el cabello de su hija y al hacerlo cayeron unas lagrimas sobre sus mejillas-. Levantate, carinito -dijo todavia sentado en el borde de la cama-. Tienes que venir.
Tinna penso si seria capaz de decirle algo a su madre que la hiciera cambiar de opinion, pero enseguida se dio cuenta de que no serviria de nada. No era la primera vez que pasaba algo parecido. A lo mejor su madre le permitiria quedarse en casa si le contaba lo que hablaron su padre y la senora que fue a verle. Sobre todo si le contaba tambien que la senora habia muerto y que a lo mejor su padre habia tenido algo que ver. A lo mejor el conocia al visitante que salio a escondidas de casa de la senora. Quiza se podria descubrir con el papel. Salio pitando en el coche. La madre de Tinna no aguantaba a su padre, pero seguramente querria oir toda la historia. Sin embargo Tinna decidio no decir nada. Aunque su padre se preocupara poco por ella, tenia la ventaja de ser un tio estupendo, y ademas le habia prometido que le iba a comprar ropa. Estaba esperando que le dieran un montonazo de dinero, y podrian ir juntos de compras por el centro. Si Tinna contaba lo que sabia, el se quedaria sin dinero y ella sin ropa. Su madre no le guardaria el secreto, seguro. Y no era nada divertido tener un secreto que supiera todo el mundo. No, era mejor levantarse y meterse en el coche. Podria intentar fingir que no le pasaba nada, y entonces el medico reganaria a su madre por andar haciendole perder el tiempo, y le diria que Tinna sabia perfectamente lo que se hacia. Si no, podria intentarlo otra vez con eso de que el cuerpo era suyo y que no le obedecia mas que a ella, y a nadie mas. Ni a su madre ni a aquel medico de ojos rarisimos. Se incorporo y saco las piernas de la cama. Su madre lloro aun mas.
– Mira que piernas, nina -dijo, tragando saliva. Se levanto y fue por delante-. Voy a por las llaves del coche. Ponte el chaqueton, esta lloviendo -su voz sonreia, pero sorbio por la nariz.
Tinna se puso en pie con cuidado. Sintio un mareo. Bajo ninguna circunstancia podia desmayarse. Entonces la internarian en una planta y la tendrian alli mucho, mucho tiempo. Respiro con calma y luego se puso en marcha muy despacio y cogio el diccionario de ingles que le habia regalado su tia por su confirmacion. Pesaba mucho, asi ayudaria a Tinna a adelgazar mientras llegaba al coche. Se sintio mas contenta. En el hospital podria meterse en la ducha, y luego otra vez en el cambio de turno. Asi que a lo mejor no era tan terrible.
Adolf dejo el telefono y se puso a darle vueltas a la extrana enfermedad que aquejaba a su hija. No consiguio llegar a ninguna conclusion. La chica nunca habia estado gorda; antes de enfermar, tenia un diminuto michelin de bebe, del que nadie se daba cuenta. Ahora era un esqueleto andante que se negaba a comer y si seguia asi no conseguiria acostarse con un hombre ni pagando. No es que el pensara en eso con ella…, era demasiado joven y ademas era su hija. Pero eso formaba parte de las cosas de la vida que la esperaban, y lo mejor que la chiquilla podia hacer era ser consciente de que eso seria lo que pasaria si seguia con aquel rollo. La madre de Tinna estaba histerica en el telefono, venga a repetir que la chica estaba tan enferma que su vida corria peligro. El no se lo creia del todo…, sabia que al final tendria tanta hambre que se veria forzada a alimentarse. Claro que recordaba vagamente la historia, en una revista de cotilleos, de una modelo que habia fallecido de anorexia, pero eso era algo completamente diferente. Esa mujer pasaba hambre por su trabajo, mientras que Tinna no tenia ningun motivo para hacerlo. De manera que al final se rendiria.
Se levanto del sofa y fue a la cocina a por un cafe, pero nada. Lo unico que encontro fue un frasco de cafe instantaneo pasado de fecha desde hacia meses. Pese a ello, decidio preparar una cafetera grande con aquella porqueria y tragarselo a toda velocidad, sin azucar y sin leche. No le vendria nada mal estar bien despierto antes de hablar con su abogada. Habia notado que desde que dejo de trabajar su entorno le prestaba menos atencion y estaba mas soporifero de lo que debia. Sin duda era porque el tenia tiempo de sobra, pero aquello significaba que lo dejaba todo para despues y acababa siempre con prisas. Movio el cuerpo para que el cafe pasara pronto a la sangre. No recordaba quien habia hablado de eso, pero lo cierto es que siempre parecia funcionar. Marco el numero de la abogada.
– ?Sabias que ha muerto la enfermera que queria hablar conmigo? -fue lo primero que dijo la mujer, despues de pasar a toda velocidad por las obligadas expresiones de cortesia.
– No -mintio Adolf. Habia visto la noticia de la muerte unos dias antes y le habia resultado muy extrana-. ?Importa?
La abogada carraspeo.
– Pues estaba segura de que si, efectivamente -respondio-. Me parecio entenderle que tenia una informacion que seria muy favorable para tus intereses. Y no nos vendria nada mal algo asi, te lo aseguro.
– Yo no viole a esa tia -dijo Adolf con rudeza. ?Que gilipollez era esa? Nunca le condenarian por aquel rollo
