rostro deformado de la cabeza sin cuerpo, que parecia tener la lengua fuera, que no fue capaz de hablar con Markus antes de salir del sotano.
– ?Que tal si me dices por que tenias tanta prisa por entrar en el sotano a buscar una cabeza que afirmas que ni siquiera sabias que estaba alli? He intentado encontrar una explicacion pero he acabado dandome por vencida -hizo una pausa y miro a Markus a los ojos-. En cuanto me hayas dado tu version de los hechos, entramos y que Gu?ni decida si quiere interrogarte formalmente o dejarlo y que sean los de Reikiavik quienes se ocupen del asunto.
– Perfecto -respondio Markus, respirando hondo-. Tienes razon.
?ora se sintio satisfecha con el cambio, aunque no estaba segura de adonde conduciria.
– Tiene que quedar perfectamente claro que si le dices algo a Gu?ni y yo intervengo, deberas callarte y dejarme hablar a mi. Aunque lo que yo diga es que no contestaras a una determinada pregunta.
– De acuerdo -dijo Markus-. Tu mandas -la miro y sonrio con embarazo-. ?Donde estabas cuando se produjo el enorme caso del ruibarbo? Me obligaron a arrancar las malas hierbas del patio del colegio por las tardes durante un mes entero.
?ora devolvio la sonrisa. Miro a su alrededor para cerciorarse de que no habia ningun subordinado de Gu?ni escondido por alli.
– Hablame de la cabeza que fuiste a buscar, pero de la que no sabias nada.
Gu?ni se echo hacia atras y saco la ultima pagina de una maquina de escribir electrica bastante antigua. La puso boca abajo con mucho cuidado, encima de las demas hojas que se habian ido acumulando, las cogio todas y ordeno el monton. Finalmente coloco las hojas sobre el escritorio, con el texto dirigido hacia ?ora y Markus.
– Todo tal y como estipulan las leyes. Leeros esto, y me gustaria que confirmaras tu declaracion, Markus, a fin de cumplir con todas las formalidades y que tu abogada pueda respirar tranquila.
?ora sonrio para guardar las apariencias. Le resultaba totalmente indiferente que al policia no le gustara como hacian las cosas, con tal de que los intereses de su cliente quedaran asegurados. Todo habia acabado estupendamente. Markus habia sido interrogado, de hecho, como sospechoso, pero no podia esperarse otra cosa tal como estaban las cosas. Lo principal era que no se habia metido en mas complicaciones hablando demasiado o hablando demasiado pronto. ?ora senalo la declaracion con un movimiento de la barbilla.
– ?Coincide todo con lo dicho? No habras anadido nada, ?verdad? -pregunto para vengarse, aunque solo fuera un poco.
– Claro, claro, en lo esencial es todo exacto -respondio Gu?ni con ironia. Abrio las manos y se inclino sobre la mesa-. En terminos mas breves, pero asi entiendo que deben ser las declaraciones ante la policia -dijo mirando a Markus-. A ultima hora de la tarde del 22 de enero de 1973, Alda ?orgeirsdottir se puso en contacto contigo para pedirte que te llevaras una cajita y la escondieras. Tu estabas enamorado de Alda, que era la chica mas preciosa de Heimaey en esa epoca, y te llevaste la caja sin pedir mas explicaciones. Y la pusiste en el sotano de tu casa, con la idea de buscar mas tarde un escondite mejor. No pudo ser, porque esa noche empezo la erupcion y te despertaron tus padres, que te metieron en un barco que te llevo a tierra firme con tu madre y tus hermanos. En el barco volviste a ver a Alda, que te pregunto si te habias librado de la caja y donde la habias metido, y tu le contaste la verdad. Con el panico, te olvidaste la caja en el sotano. No le preguntaste a Alda lo que contenia aquella caja porque no querias asustarla con lo linda que era y demas -Gu?ni sonrio a Markus, que se ruborizo-. Luego no paso nada durante treinta anos, aproximadamente, hasta que aparecio en las noticias la Pompeya del Norte, y Alda se puso en contacto contigo. Te pide por todo lo mas querido que impidas que saquen tu casa de la ceniza, porque la caja sigue alli, y esta vez tu tampoco le preguntas por su contenido. ?A lo mejor sigues enamorado de Alda?
Markus volvio a ruborizarse.
– No, no es ese el asunto. Sencillamente, es que el tema no habia salido en nuestras conversaciones anteriores.
– Vaya -dijo Gu?ni, continuando con su resumen-. Al final del todo pone que te autorizan a bajar al sotano y a que te lleves lo que quieras, para tranquilizar a Alda. Te dispones a buscar la caja y llevarsela a Alda, tal como ella te habia pedido. Entonces se produce el bombazo: cuando estas en el sotano, decides averiguar, por fin, lo que hay en la caja, pero de ella sale rodando una cabeza momificada. Y en ese mismo instante tus ojos descubren tres cadaveres que no estaban alli aquella noche fatal.
– En realidad, la cabeza no salio rodando -respondio Markus, ya bastante molesto-. Me lleve tal susto al ver lo que habia en la caja que la solte. La cabeza se cayo y aterrizo en el sitio donde esta ahora. No rodo. En realidad, creo que le di una patada cuando eche a correr para salir de alli, pero no estoy seguro. Termino justo al lado de los cuerpos y asi condujo mi atencion hacia ellos. No los habia visto hasta aquel momento, porque alli dentro todo estaba oscuro y lleno de polvo.
?ora interrumpio a Markus antes de que siguiera con sus explicaciones sobre el recorrido de la cabeza por el suelo del sotano.
– Bueno, creo que es mejor que lo dejes ahi por ahora, Markus, con el estupendo resumen de Gu?ni, y mas vale que nos demos prisa. La policia tendra otros botones que tocar a la luz de tus declaraciones. Imagino que querreis hablar con esa tal Alda, que parece saber mas que Markus sobre el origen de la cabeza -?ora miro el reloj de la pared. Si Dios y la fortuna estaban de su parte, aun podia alcanzar el ultimo avion para volver a su casa. Todo parecia indicar que Markus estaba libre de toda sospecha, aunque, seguramente, la seccion de criminalistica querria volver a hablar con el. Confiaba en que Alda confirmaria las declaraciones de Markus. De no ser asi, las cosas se complicarian, tanto en lo referente a la cabeza como en lo tocante a los tres cadaveres. Pero no, Alda confirmaria la historia y explicaria el origen de la cabeza. ?ora dirigio los ojos a su reloj de pulsera, luego miro a Markus. Aun se estaba peleando con la primera pagina del informe policial. ?ora suspiro en silencio, confiando en que el avion saldria con retraso.
Capitulo 3
Martes, 10 de julio de 2007
Algunos dias, en la vida de la abogada ?ora Gu?mundsdottir era peores que otros; por ejemplo, cuando se tenia que volver, ya a medio camino de la oficina, para apagar la cafetera, o cuando la llamaban del colegio para que fuera a recoger a su hija Soley, que habia tenido una hemorragia nasal durante el recreo. Luego, habia otros dias que eran incluso peores, como cuando se cumplia el plazo de pago de las facturas grandes, cuando se atascaba el boton del cajero, cuando tenia que llenar el deposito de su coche, y asi sucesivamente. En esos dias nada marchaba como debia, ni en casa ni en el despacho. No era aun ni mediodia cuando ?ora comprendio que aquel era uno de esos dias nefastos. Habia empezado con una larga busqueda de la llave del coche, que finalmente aparecio entre las cosas de su hijo Gylfi. El refrigerador resulto estar practicamente vacio, y el pan que ?ora pensaba aprovechar para el almuerzo de su hija habia empezado a llenarse de moho. La tarde anterior, ?ora habia pensado en pasarse por la tienda de camino a casa desde el aeropuerto, pero el avion de Heimaey aterrizo tan tarde que ya estaba cerrada. En el despacho, las cosas no empezaron mejor, todo estaba patas arriba, la red estaba interrumpida por «trabajos de renovacion del router» de la empresa encargada, segun la explicacion oficial, y no habia conexion telefonica por culpa de un electricista que trabajaba en las obras de la planta y que, sin darse cuenta, se habia cargado un cable que habria sido mejor no tocar. De modo que buena parte de la manana transcurrio en completo aislamiento del mundo exterior, aparte de los telefonos moviles. Aquello le ataco los nervios a Bella, la secretaria, que se nego a utilizar su movil para el despacho, ya que era ella quien pagaba la factura. Bragi, el socio de ?ora, le dejo su propio telefono, con la desesperacion en los ojos. Dios sabe las barbaridades que les soltaria la chica a los que llamaran, pues no era conocida precisamente por su afabilidad.
Nada mas quedar reparado el telefono, llamo Markus. Despues de los saludos de rigor, fue directamente al tema.
– Alda no responde -dijo. La incomodidad era palpable en su voz.
– No deberias hablar con ella hasta que la policia haya acabado de interrogarla, Markus. Podria parecer que estas intentando influir sobre ella, y eso no nos beneficia nada. -?ora comprendia perfectamente que el quisiera
