(dos medicos a la vez) en lugar de alternarse con ayuda de Alda. En consecuencia hubo que cancelar unas cuantas citas y el anestesista tuvo que echarles una mano, lo que no favorecia la reputacion de la clinica. No, aquello era de lo mas extrano. Por eso Dis decidio pasarse a mediodia por casa de Alda para visitarla. Volvio a mirar por el parabrisas temiendo que le hubiera pasado algo. Vivia sola y no tenia hijos, de modo que era perfectamente posible que hubiera caido enferma sin que nadie se diera cuenta. Dis se bajo del automovil.

Fue hacia la entrada de coches que separaba el chalet de Aida y el contiguo, y entro por una puertecita entreabierta en medio de la puerta del garaje, pintada de marron. Le parecio vislumbrar el nuevo Toyota verde de Alda, pero no pudo verlo lo suficientemente bien para estar segura. En todo caso, era un mal augurio. Dificilmente podria haberse marchado Alda muy lejos sin el coche, y si estaba en casa era de lo mas extrano que no hubiera dado senales de vida. Dis fue hacia la puerta exterior de la casa. Dentro se escucho el sonido del timbre, que Dis pulso varias veces. Dejo el timbre y puso la oreja en la puerta con la esperanza de oir a Alda, pero no pudo percibir sonido alguno que indicara la presencia de alguna persona. En cambio, se dio cuenta de que la radio estaba en funcionamiento. Apreto la oreja todavia mas sobre la puerta y se tapo la otra. Si, si. Incluso pudo reconocer la melodia. Era una cancion antigua de Vilhjalmur Vilhjalmsson sobre un nino que llama a su padre. Dis se incorporo y fruncio las cejas. Enseguida paso por su mente la idea de que era muy extrano que, despues de trabajar con Alda durante siete anos, no tuviera ni idea de sus gustos musicales. Por algun motivo, nunca se habia presentado la oportunidad de hablar de ello. Cogio el picaporte de la puerta e intento abrirla. No estaba cerrada con llave.

– ?Alda! -la llamo Dis desde el umbral.

No hubo respuesta…, solo la llorosa voz de Vilhjalmur pidiendole a su «papa» que le esperase. Dis empujo hasta que la puerta se abrio por completo. Entro y volvio a llamarla.

– ?Alda! ?Estas en casa?

No hubo respuesta. La cancion termino, pero pocos segundos mas tarde volvio a empezar. Tenia que ser un CD, con el reproductor puesto en repeticion. Las emisoras de radio aun no habian llegado tan bajo como para dedicarse a poner la misma cancion una vez tras otra. Dis se dirigio lentamente hacia la escalera que llevaba al piso superior. Si Alda se encontraba enferma, seguramente estaria acostada arriba, en su dormitorio. Dis no habia entrado en la casa nada mas que una vez, cuando Alda los invito a cenar a ella y a Agust, con sus parejas respectivas, un ano antes, pero estuvieron todo el tiempo en el piso de abajo. La cena habia sido inmejorable, como era de esperar: buena comida y un vino exquisito, todo preparado con el mejor gusto. Dis recordo que le habia extranado que Alda no hubiera tenido una relacion estable despues de su divorcio, que realmente ya habia superado por completo cuando empezo a trabajar en la consulta. Era una mujer muy simpatica, cercana ya a los cincuenta, y que se conservaba estupendamente; amable, divertida y sensata. Dis pronuncio el nombre de Alda una vez mas antes de pisar el primer escalon. No hubo respuesta. La musica se oia con mayor claridad segun subia la escalera. Dis procuraba no hacer ruido, con la esperanza de que Alda estuviera dormida al son de aquellas tristes notas.

La voz de Vilhjalmur Vilhjalmsson surgia de una puerta entornada. Dis repitio el nombre de Alda, ahora en voz mas baja que antes. No queria que se llevara un susto si estaba solo dormida, o vistiendose, cosa improbable. Vio mas alla de la puerta la colcha bordada sobre la cama. Dis abrio la puerta con un pie y se llevo la mano a la boca al ver el dormitorio de la duena de la casa. La musica surgia de un reproductor de CD que habia en la mesilla de noche, y a su lado habia una botella vacia de vino, un frasco de medicinas abierto y una jeringuilla. En mitad de la cama estaba Alda. Dis no necesito recurrir a sus conocimientos medicos para darse cuenta de que era totalmente inutil intentar recurrir a los procedimientos de reanimacion.

Capitulo 4

Martes, 10 de julio de 2007

?ora se reclino de nuevo en la silla y suspiro. Intentaba imaginar a quien podia recurrir para que la salvara yendo a recoger a su hija Soley… por segundo dia consecutivo. De su madre, ni hablar. Ya la habia salvado la tarde anterior, cuando ?ora se retraso en las Vestmann, y, ademas, sus padres estaban de camino al teatro. Menuda reganina le esperaba si su madre se perdia la representacion que llevaba meses esperando emocionada. La funcion era, naturalmente, casi un documental sobre la injusticia a la que se ven sometidas las mujeres en el mundo actual. ?ora sonrio. Su padre le quedaria agradecidisimo si le salvaba de la visita al teatro, pero pese a todo decidio no molestarles demasiado. La desesperacion de su madre duraria mucho mas que el agradecimiento de su padre.

?ora decidio llamar a su ex. Hannes estaria encantado, o mas bien todo lo contrario. El trabajo de especialista en medicina de urgencias no era, en absoluto, menos exigente que el ejercicio del derecho, y los dias se hacian largos y agotadores. Se llevaba los ninos en fines de semana alternos y a veces en otros momentos, cuando todo iba bien, pero en general no le gustaba mucho hacerse cargo de ellos cuando le avisaba con tan poco tiempo: Hannes tenia una nueva mujer y una nueva vida que se circunscribia habitualmente a ellos dos y a sus propias necesidades. La vida de ?ora, en cambio, tenia muy poco que ver con ella misma; en aquellos dias, todo el tiempo se le iba en el trabajo, los dos ninos y el nieto, que acababa de cumplir un ano. Con el nieto iba, en realidad, una cuarta nina…, la nuera. Aun no habia cumplido los diecisiete…, un ano menos que Gylfi, el hijo de ?ora, aunque su madurez no iba pareja con sus edades. Por algun motivo extrano, los jovenes padres habian conseguido conservar intacta su relacion pese al amaraje forzoso en las profundas aguas de la edad adulta. Vivian juntos en casa de ?ora en semanas alternas, y la otra semana la chica se iba a casa de sus padres… sin Gylfi. Saltaba a la vista la frialdad existente entre su hijo y los padres de Sigga, que parecian incapaces de perdonarle la precoz maternidad de la hija. No se le escapaba a nadie, menos que a nadie a Gylfi, de modo que ?ora se quedo encantada con su decision de no salir de casa cuando Sigga estaba con ellos. Asi podia tener a su hijo mas tiempo para ella y continuar con su educacion, que se habia visto muy afectada cuando este, sin haberlo pretendido, se dedico a engrosar las filas de la humanidad.

?ora sujeto el auricular con la barbilla y recoloco la foto de su nieto mientras marcaba el numero. A la criaturita la habian bautizado Orri, despues de que los jovenes padres se dedicaran a buscar nombres que a ?ora seguian poniendole los pelos de punta. Era precioso, rubio y de ojos grandes, todavia con las hinchadas mejillas del lactante aunque hacia mucho que habia empezado a tomar el biberon. ?ora sentia una profunda ternura al mirarle, y estaba siempre esperando que llegara la siguiente semana para tenerlo con ella, aunque el desbarajuste de la casa aumentaba muchisimo cuando llegaba la madre con su hijo. Sonrio al nino de la foto y cruzo los dedos cuando por fin le contestaron al otro extremo de la linea.

– Hola, Hannes. ?Podrias hacerme un favorcito? No llego a recoger a Soley…

La nina del parque de juego se quedo mirando cuando la ambulancia llego hasta la casa. Se acomodo en el columpio y lo hizo balancearse en semicirculo. Se alegraba de que la sirena no estuviese puesta, porque entonces no podia tratarse de nada grave. A lo mejor, la senora solo se habia caido y se habia roto una pierna. Una amiga suya se habia roto una pierna una vez, y entonces fue a buscarla una ambulancia. Tinna soplo desde las mejillas hinchadas haciendo jugar al aire mientras pensaba en todas estas cosas. Mejillas gordas. Mejillas flacas. Mejillas gordas. Mejillas flacas. De pronto dejo de hinchar el rostro y se quedo quieta, pensativa. Esa era la demostracion de que no hacia falta comer para engordar. El aire engorda. Se quedo rigida. Todo estaba lleno de aire. Y encima, estaba en todas partes y no habia lugar alguno donde protegerse de el. Tendria que intentar respirar menos.

Sono un ruido sordo en la ambulancia y Tinna volvio a dirigir su atencion a ella. Estaba esperando que alguien saliera de la casa para poder hacerse una idea de lo que habia sucedido, pero el ajetreo que habia alrededor de la ambulancia era mejor que nada. La casa se volvio mas interesante. A lo mejor habian detenido a un delincuente entre esas paredes que le impedian ver lo que pasaba. Si las paredes fueran finas podria ver a traves de ellas, igual que un dia se podria ver a traves de ella misma. Aguzo la vista con la esperanza de ver mejor, pero no vio nada. Sin embargo algo tenia que estar pasando, el coche de policia que llego el primero de todos llevaba la sirena encendida. Cuando su amiga se rompio la pierna en el patio del colegio no llego ningun coche de policia, de modo que no era muy probable que hubiera ido a casa de la senora por un simple accidente. Si se trataba de un ladron, Tinna esperaba que la policia lo metiera en la carcel. Aquella senora era muy buena y no merecia que le hicieran ningun dano. Sono un crujido en el columpio, que seguia balanceandose hacia los lados. La nina observo

Вы читаете Ceniza
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату