a dos hombres que salian de la ambulancia y sacaban una camilla. Suspiro bajito. Aquello no anunciaba nada bueno. ?Cuando iba a ver ahora a la senora? A lo mejor se pasaria meses en el hospital. La ultima vez que la ingresaron, Tinna tardo cuarenta dias en volver a casa. Claro que aquello no cambiaba nada. Aquello podia esperar. Muchas veces habia tenido que pasarse meses enteros esperando algo. Cosas que le importaban mucho menos.

Tinna se puso de pie en el columpio para ver mejor. Se agarro con fuerza al notar que se mareaba por haberse incorporado tan deprisa. Cerro los ojos y la molesta sensacion paso, como siempre. Se recordo a si misma que marearse era una buena senal, se recupero justo cuando estaba a punto de desmayarse y sintio que el cuerpo habia empezado a quemar grasa. Cuando Tinna volvio a abrir los ojos, los hombres de la camilla habian entrado ya en la casa, fuera no se veia movimiento alguno. La ambulancia estaba justo delante de la casa y tapaba la puerta. Se estiro todo lo que pudo y miro con la esperanza de ver si estaba abierta, pero sin exito. ?Que era mejor: irse a casa a toda prisa o esperar a que sacaran a la senora? No tenia mucho sentido volver a casa porque no habia nadie, su madre trabajaba hasta las cinco y no la dejaban salir del trabajo aunque en el colegio no hubiera clases. No habia nada esperandola en casa.

Doblo las rodillas y se columpio de pie sin especial intencion de hacerlo. Era agradable sentir el aire jugando en su cabello, y acelero, solo para volver a frenar en cuanto recordo que el aire no era amigo suyo. El corazon le dio un brinco en el pecho por la preocupacion que la invadio, mientras intentaba contrarrestar la velocidad que habia adquirido el columpio. Una vez que el columpio se hubo detenido, se sintio mejor y penso en que podria decirle a la senora, en como podria expresar con palabras que sabia quien era. Tinna sonrio. La senora se quedaria asombrada, y probablemente tambien se alegraria. Aun tenia grabada en la memoria lo mustia que se puso cuando su padre solto aquellas barbaridades sobre lo que le estaba diciendo la senora. Su papa tambien era un burro. Un burro malo y feo que no comprendia a Tinna, igual que su mama. Ella era aun peor, en verdad, no hablaba mas que de comida y mas comida y de que Tinna tenia que comer, y a veces se ponia a llorar, encima. Por eso Tinna se alegraba de ir a casa de su padre un fin de semana de cada dos, porque el no la vigilaba. Le decia que tenia que comer pero no se fijaba, como hacia su mama. Eso le venia muy bien. Papa tenia tan poco interes por Tinna que ni se entero de que estaba escuchando todo lo que hablaron esa mujer y el una vez que vino a su casa. Tinna habia entrado en casa sin que su papa ni la forastera se dieran cuenta, pero el tono violento y enfadado de la voz de su papa hizo que mas tarde le dieran ganas de llamar la atencion. Podria haber hecho como si no estuviera, porque, a fin de cuentas, eso es lo que intentaba conseguir, llegar a ser invisible. Si hubiera conseguido ya alcanzar su meta se habria podido colocar tranquilamente en medio de los dos y ver los gestos de la cara y los movimientos del cuerpo de ambos mientras discutian. Pero tuvo que contentarse con ponerse al lado de la puerta de la sala y limitarse a escuchar la conversacion. Cuando esta concluyo, volvio a salir a la calle y aparento que acababa de llegar cuando vio a la mujer abandonar la casa. Su papa estaba de un malhumor desacostumbrado y la recibio sin siquiera fijarse en ella, pero Tinna hizo como que no pasaba nada y al final el volvio a ser el de siempre, interesado unica y exclusivamente por el partido que echaban en la television.

La mujer, igual que el papa de Tinna, no sabia que la nina habia estado escondida, a lo mejor ni siquiera tenia la menor idea de su existencia. A diferencia de su papa, esa mujer estaria encantada si se enterase de que habia oido lo que hablaban, y sin duda querria conocerla mejor. Tinna encontro su nombre y su numero de telefono en un papel que habia dejado sobre la mesa para que su padre pudiera ponerse en contacto con ella. Habia sido un trabajo de mucha paciencia, porque su padre habia roto la hoja de papel y la habia tirado al suelo, de modo que Tinna tuvo que juntar los pedazos como si fueran un puzle antes de poder leer lo que ponia. Teniendo el nombre de la mujer y su numero de telefono, para Tinna fue un juego encontrar su direccion. Iba alli algunas veces para observar la casa sin saber muy bien por que ni que esperaba conseguir. La noche anterior por fin habia pasado algo y Tinna observo con atencion. Sin duda no habia pasado nada del otro mundo, y se enteraria mas tarde. Penso en la hoja de papel que habia salido volando con el viento y se habia quedado sujeta al seto. Tinna la habia cogido y la habia guardado en su casa. Era importante. Lo sabia perfectamente…, aunque no sabia por que lo era. Pero algun dia se sabria.

Volvio a sentarse en el columpio y sujeto debilmente con los codos la cadena. El olor a hierro que desprendian las palmas de sus manos le recordo el verano anterior, cuando intento dar un giro completo en el columpio, convencida de que asi quemaria mil calorias. Aun tenia una cicatriz muy fea en la pierna derecha, por haber fracasado lamentablemente en su intento. Entonces el aire no la habia engordado, sino que la habia hecho mas flaca. Eso es lo que lo hacia todo tan dificil…, las leyes cambiaban y Tinna tenia que estar constantemente alerta si no queria ponerse gorda, mas gorda, gordisima.

Tinna aguzo los oidos. Desde el otro lado de la calle llegaban voces de hombres. Volvio a ponerse de pie en el columpio para ver cuando metieran a la senora en la ambulancia, pero lo hizo con mucho cuidado, por miedo a caerse si se mareaba. No queria perderse nada. Primero aparecio un policia que iba delante de los hombres de la ambulancia y abrio la puerta. Los otros iban detras llevando la camilla, y la nina se puso rigida. Aguzo la vista y temblo. ?A lo mejor aquello tenia una explicacion? ?A lo mejor la mujer estaba resfriada y no podia coger frio? Salto del columpio y se acerco rapidamente a la acera. El policia, que estaba sujetando la puerta trasera de la ambulancia, se percato de su presencia y le hizo senas para que se alejara.

– Aqui no hay nada que ver. Marchate a tu casa -grito a la nina.

Tinna no respondio. Por lo general le daban miedo los hombres adultos con autoridad, se tratara de medicos, directores de escuela, conductores de autobus o cualquier otro que le diera ordenes. Pero ahora fue como si el policia no estuviera alli, como si no tuviera nada que ver con ella. Tambien era posible que no fuera mas que un holograma tridimensional en una pantalla invisible, no una persona real como los enfermeros a los que estaba mirando fijamente. Tinna estaba boquiabierta, sin apartar los ojos de la sabana blanca que cubria a la mujer de la camilla. No se movia ni lo mas minimo. La senora no estaba resfriada, que va. Estaba muerta y con ella habian muerto las esperanzas de Tinna de una vida mejor, en la que ella seria bella y admirada. Esa mujer sabia hacer bella a la gente. Lo habia dicho ella misma. Tinna se dio media vuelta y se marcho a todo correr sin pensar hacia donde. Si corria lo suficientemente deprisa, quiza iria mas rapida que los pensamientos y podria librarse de la desagradable sensacion de que a lo mejor su padre habia hecho dano a la senora. No seria la primera vez. O el visitante que salio a escondidas de la casa, el visitante del papel. Tinna aparto todo de su mente, excepto que ahora tendria que quemar calorias.

Quemar, quemar, quemar.

– «Muerta», dices -dijo Gu?ni, y fruncio las cejas, pensativo. Cerro los ojos y se dio un suave masaje en la frente. Su interlocutor estaba al telefono, de modo que no tenia que guardar las formas con los gestos del rostro. Al principio de su carrera le habian ensenado que nunca debia dejar ver gesto alguno y que nunca debia dar pistas de su estado de animo. A Gu?ni aquello no le habia costado ningun esfuerzo, pero de vez en cuando era bueno poder mostrar sus sentimientos y permitir que la desesperacion o, mas raramente, la alegria salieran al exterior. Respiro hondo-. ?Como murio?

– Aun no se ha realizado la autopsia, pero todo parece indicar que se suicido -respondio Stefan. Por su tono de voz era imposible saber si aquello le resultaba lamentable o triste, o si no le afectaba de ninguna forma. A lo mejor ese genero de cosas era algo cotidiano para la policia de Reikiavik-. La autopsia sera manana, espero. Acabo de enterarme y me parecio que debia informarte. Naturalmente, no hice personalmente el trabajo en el lugar de los hechos, y de momento no se nada mas. Salgo manana por la manana, y para entonces espero tener mas datos.

– ?Donde la encontraron? -pregunto Gu?ni. No habia pensado nunca que Alda pudiera recurrir a soluciones tan extremas, pero en realidad solo la conocia de nina y de adolescente. En esa epoca lo tenia todo, era guapa y con muy buena cabeza. Claro que las cosas podian haber cambiado, y tal vez su vida hubiera discurrido por un mal camino. Deseo que no fuera asi, pero si resultaba que si, confiaba en que su fin no tuviera relacion alguna con aquellos sucesos acaecidos en las islas tanto tiempo atras.

– En su casa -respondio Stefan-. Una colega suya del trabajo fue a verla, segun tengo entendido. Fue a saber por que no daba senales de vida.

– Eso complica considerablemente el caso de los cadaveres -dijo Gu?ni. Callo un momento y luego anadio-: Al menos, Alda no confirmara la version de los hechos que ofrecio Markus.

– En efecto -fue la breve respuesta-. No logramos interrogarla. Se intento sin exito alguno contactar con ella, pero en cuanto se haya determinado la hora de la muerte podremos empezar a hacernos una idea de si se suicido para escapar del interrogatorio.

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