asegurarse de que Alda confirmaria su historia. Pero dudaba, al mismo tiempo, de que una llamada telefonica suya fuera a cambiar nada en el comportamiento de la mujer, que diria la verdad o mentiria para salvar su propia piel. Y a la hora de la verdad la gente preferia ocuparse de si misma.

– Pero es muy extrano -dijo Markus-. Ultimamente manteniamos un contacto bastante continuo, y siempre que la llamaba, me contestaba. Ademas, las pocas veces que no contesta, enseguida llama ella. Nunca me ha hecho un desplante como este -vacilo por un instante antes de continuar-: ?No estara evitandome porque no quiere confirmar mi version? ?Tu que crees?

?ora estaba mas o menos segura de que por ahi debia de andar el asunto, pero no quiso aumentar mas la preocupacion de Markus. Naturalmente se podia pensar que hubiera alguna otra explicacion, pero resultaba improbable.

– Bueno, creo que deberias guardar la calma hasta que sepamos algo a ciencia cierta -miro el reloj de la pared-. Supongo que la policia ya se habra puesto en contacto con ella, aunque es posible que aun no haya declarado oficialmente. Si no confirma tu version, te volveran a llamar a ti. Entonces tendras derecho a que este yo presente para apoyarte y asesorarte. Naturalmente, querran volver a hablar contigo, confirme ella tu declaracion o no, de modo que no tienes que preocuparte si la policia quiere volver a hablar contigo.

Markus respiro hondo.

– Alda no es de esas personas que te dejan tirado.

– Probablemente no -respondio ?ora, aunque pensando que algo parecido habria dicho Androcles sobre los romanos en tiempos remotos, justo antes de que lo arrojaran a las fieras, en el circo-. Naturalmente puedo llamar a mi amigo Gu?ni y enterarme de cual es la situacion. No esta claro que me vaya a decir nada, pero en vista del poco aprecio que tiene a las formalidades, nunca se sabe.

– ?Crees que seguira el a cargo del caso? -pregunto Markus esperanzado-. Tambien puedo llamarle yo.

– No, de ninguna manera -se apresuro a responder ?ora-. No quiero que hables con el a solas. A saber como acabaria. Sere yo quien hable con el. Aunque la policia de Reikiavik se haya hecho cargo del caso, es seguro que le permitiran participar. Es su jurisdiccion.

– ?Sigo intentando ponerme en contacto con Alda, entretanto? -pregunto Markus esperanzado.

– Olvidate de eso -respondio ?ora con decision. Reflexiono un instante y luego anadio-: ?Cuando hablaste con ella por ultima vez?

– Hable con ella un momento anteanoche -respondio Markus-. La noche antes de ir a Heimaey tu y yo. Le dije que por fin me habian autorizado a entrar el primero en la casa.

– Comprendo -dijo ?ora-. Una ultima pregunta antes de llamar a Gu?ni -anadio-. ?Crees que Alda sabia algo de esos tres cuerpos, o que tuvo alguna participacion en la muerte de esos hombres, o del dueno de la cabeza? - ?ora no estaba segura de haberle hecho jamas a nadie una pregunta tan rara.

– Eso es de todo punto imposible -dijo Markus-. Tenemos la misma edad, de modo que cuando la erupcion ella tenia quince anos. Nunca le habria hecho dano ni a una mosca. Ni entonces ni ahora. Y ademas, no creo que pensara que cuando yo bajara al sotano me podria llevar tres cadaveres, ademas de la caja. De haber sabido que estaban alli o de haber tenido cualquier relacion con ellos, me habria insistido aun mas para que se prohibiera la excavacion. Por lo menos me habria avisado.

– Si, eso seria lo logico -dijo ?ora pensativa-. Pero ya es demasiada casualidad que en el mismo sotano aparecieran una caja con una cabeza cortada y tres cadaveres.

– Si, es muy extrano -dijo Markus, que parecia enfadado.

– ?Estas seguro? -pregunto ?ora con toda sinceridad. Tampoco a ella se le ocurria nada que pudiera explicar algo asi. Se despidieron y ?ora se dispuso a servirse un cafe. No pudo aprovechar mucho el rato de descanso antes de llamar a Gu?ni, el comisario.

El comisario de policia de las Islas Vestmann, Gu?ni Leifsson, apago la linterna al bajar al sotano. Los reflectores que habia instalado la seccion de criminalistica de Reikiavik iluminaban el lugar donde se habian encontrado los cuerpos, y su luz era suficiente para ver la totalidad del espacio. Gu?ni se coloco al lado del que dirigia la investigacion, un joven bastante antipatico que se habia presentado como Stefan cuando el grupo aparecio a toda prisa, a ultima hora de la tarde del dia anterior, en una avioneta. Evidentemente, ya era hora de retirarse. Ya habia conocido a demasiados colegas que aun estaban en el vientre de su madre cuando el empezo a trabajar. Gu?ni miro fijamente lo que tenia ante los ojos.

– ?Que pensais? -pregunto tranquilo, sin malgastar palabras en formalidades ni mirar a su interlocutor.

Stefan se volvio para comprobar quien le preguntaba. Aparecio por un instante un asomo de irritacion en el gesto, lo que a Gu?ni le parecio un anuncio de algo que ya conocia: los policias de Reikiavik siempre quieren que el poli rural abandone el caso inmediatamente, para poder investigar ellos el escenario en paz. Aquel tal Stefan apenas habia tenido tiempo para que Gu?ni le explicara las circunstancias cuando llego a la casa la noche anterior, acompanado de otros policias anonimos y aun mas jovenes. Los acompanantes no dijeron una sola palabra en todo el rato, por lo menos que Gu?ni pudiera oir.

– ?No es un poco menos malo de lo que podria parecer? -pregunto Gu?ni sin dejarse afectar por la irritacion del joven.

– Todavia no sabemos nada -respondio Stefan volviendole la espalda a Gu?ni para seguir observando la actividad de los otros policias-. ?En que sentido podria ser mejor de lo que parece?

– Hombre -dijo Gu?ni tranquilo, encogiendose de hombros-, se me ocurrio que podia tratarse, quiza, de restos mortales de unos desdichados ladrones que se quedaran aqui encerrados durante la erupcion y se asfixiaran. Unos individuos que quiza quisieron aprovecharse de la situacion de emergencia para robar sin que les molestaran. Esta casa no quedo cubierta de ceniza la primera noche, de modo que unos tipos sin escrupulos habrian tenido tiempo de llegar hasta aqui desde algun sitio del extranjero y rebuscar por el barrio. La erupcion aparecio en las noticias del mundo entero.

Stefan miro indignado a Gu?ni.

– No lo diras en serio -objeto senalando los tres cadaveres que estaban en el suelo de espaldas, uno al lado del otro-. ?En que te basas? ?El aire esta tan enrarecido que unos asaltantes se meten en un sotano a echar la siesta? ?Por que iban a pensar que aqui podia haber algo de valor? -se dio la vuelta de nuevo para supervisar el trabajo de sus subordinados-. Cuando alguien se asfixia se le suele encontrar boca abajo, a menos que muera durante el sueno. Intenta escapar arrastrandose. No se tumba de espaldas, y mucho menos se le cae la cabeza - senalo el lugar donde cayo la cabeza, que ya habia sido retirada del escenario.

– Ya te daras cuenta de que no todo es absoluto en esta vida -respondio Gu?ni de lo mas tranquilo. Aquel no era el primer presumido de Reikiavik con el que habia tenido que lidiar-. Por otro lado, esperemos que Alda nos lo pueda explicar con detalle. Al menos, lo que a la cabeza se refiere. ?Ya habeis hablado con ella?

– Por las noticias que tengo, no se ha podido comunicar con ella -respondio Stefan sin mirar a Gu?ni-. Seguiremos intentandolo y esperemos localizarla hoy mismo. Pero yo prefiero hablar con ese Markus Magnusson que vino a por la calavera.

– Te refieres a la cabeza, supongo -le corrigio Gu?ni-. Es una cabeza, no una simple calavera.

Stefan miro a Gu?ni con gesto de todo menos de contento.

– Cabeza, calavera, coco…, ?que mas da? Dudo mucho de que ese Markus haya dicho toda la verdad sobre lo sucedido. Su conducta durante la declaracion me parecio fingida y estupida.

– Sera porque es un estupido -respondio Gu?ni-. Siempre lo ha sido -encendio la linterna y fue hacia la escalera sin despedirse.

Dis toco el claxon del coche y se inclino sobre el volante para mirar por el cristal delantero. El pequeno adosado parecia vacio. Dis volvio a apoyarse en el respaldo. ?En que estaba pensando Alda? No habia ido a trabajar dos dias seguidos. No es que hubiera nada misterioso en ese hecho, cualquiera podia tener una gripe, pero no era propio de ella no dar senales de vida y no responder tampoco a los mensajes. Alda era la escrupulosidad en persona, siempre llegaba a su hora y, mas aun, siempre estaba dispuesta a hacer horas extra cuando era necesario. Seria mas que dificil encontrar otra enfermera parecida, y Dis sabia que, sin Alda, Agust y ella misma tendrian muchas dificultades para sacar adelante la clinica. Por eso le pagaban bien y hasta ese momento nunca habia habido la menor sombra en su trabajo. No conseguian encontrar explicacion a por que no habia llamado la manana anterior para avisar de que no podia ir, precisamente cuando habia cuatro intervenciones previstas. Dis y Agust se habian tenido que ayudar mutuamente, realizar las operaciones juntos

Вы читаете Ceniza
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату