preguntas que te hicieron a ti fueron mucho menos exhaustivas.

Agust no sabia muy bien que mas decir. Saltaba a la vista que se arrepentia de no haber aprovechado la ocasion de escaparse a la vez que su ultima paciente.

– ?Que preguntas eran esas que te han puesto en este estado?

– Las preguntas sobre el botox y donde habia podido conseguirlo Alda. Las preguntas sobre lo que hice yo exactamente mientras esperaba, cuanto tiempo habia pasado hasta que llame para pedir ayuda, etcetera, etcetera. Estoy segura de que habra un testigo de cuando llegue, y por su declaracion se podra suponer que hice algo mas de lo que les he contado.

Agust se encaro con ella.

– Pero Dis, ?a que viene todo esto? ?Cuanto tardaste en coger eso de la mesilla de noche? ?Medio minuto? ?Veinte segundos? La policia no puede tener ninguna informacion como la que tanto temes. Tranquilizate y no pienses cosas raras.

Dis tenia que reconocer que las palabras de Agust tenian sentido. Aquello le atacaba los nervios mas aun que cuando no le tenia a la vista, como un rato antes.

– ?Y donde pudo haber conseguido Alda el botox? -pregunto Dis-. No descartan nada en la investigacion que estan haciendo. Imaginemos que al final consiguen averiguarlo. En las botellas hay un numero que se puede rastrear hasta el distribuidor, y desde alli se puede saber a quien se lo sirvio. ?Que dices a eso, Einstein? Entonces te examinaran con lupa, igual que a mi. Eso te lo aseguro -espero en tension a que el se asustase. Era el quien habia comprado el medicamento, no ella. Las medicinas que encargaba ella estaban en el almacen y no salian de la clinica asi como asi-. Y cuando se pongan a investigarte a ti, saldran a relucir muchas cosas, como sabes perfectamente -le miro fijamente esperando que apareciesen arrugas de preocupacion.

Dis vio decepcionadas sus expectativas. Agust se limito a encogerse de hombros y a sonreir maliciosamente.

– No importa-dijo-. Nunca acabare debajo de esa lupa tan temible. Ya tengo pensadas respuestas para todo -obviamente, Agust estaba increiblemente seguro de si mismo, pues, sin darse cuenta, hincho el pecho-. Le dije a la policia, como quien no quiere la cosa, que a lo mejor no teniamos suficientemente bien controlado el almacen ultimamente, por falta de tiempo -Agust envio una sonrisa a Dis-. Y fijate: falta botox.

– ?Piensas mentir y negar que procede de aqui? -pregunto Dis. Poco a poco iba dandose cuenta de que aquello podia salvar a Agust, pero que ella seguiria siendo igual de sospechosa-. Entonces, a lo mejor pensaran que lo cogi yo -dijo, extranada de que en su voz no hubiera senal alguna de furia-. Yo le dije a la abogada del detenido que tenemos el almacen perfectamente controlado. Empezara a sospechar algo en cuanto tu digas otra cosa completamente distinta -anadio.

– Mira que eres tonta -repuso Agust-. La abogada no se enterara de nada de lo que yo le diga a la policia - miro a Dis con gesto decepcionado-. Nunca tendrias que haberle contado eso.

Dis no estaba nada feliz de haberse tenido que poner a la defensiva, pero ya no habia arreglo.

– Yo pensaba que podia hacerles creer, a ella y a la policia, que se trataba de un suicidio, a pesar de todo, o que se fueran a investigar al servicio de urgencias del hospital -en el mismo momento en que las pronuncio, se dio cuenta de que aquellas palabras sonaban mal.

Agust se levanto y puso su mano sobre la de ella, que descansaba en la mesa con la palma hacia abajo.

– No habra ningun problema, Dis. No estropees las cosas con elucubraciones inutiles ni hagas ninguna locura- le sonrio amistosamente, pero en una forma que hizo sospechar a Dis que ocultaba algo. No podia esperar mucho-. ?Donde tienes guardado lo que cogiste de la mesilla? -pregunto Agust.

Dis intento ocultar su frustracion.

– Me lo lleve a casa -respondio, y volvio a apretar los labios. Estaba decidida a hacerle pagar.

– ?Y que piensas hacer con ello? -pregunto Agust con tranquilidad-. ?No sera mejor destruirlo?

– No -dijo Dis, y aparto la mirada-. No puedo. A lo mejor, en la jeringuilla hay huellas dactilares importantes -se puso en pie-. Cuando lo cogi de la mesilla de noche, sospeche que tu le habrias dejado el botox a Alda. Yo sabia perfectamente que ella se consideraba capacitada para inyectar a algunos amigos por su cuenta, y tambien sabia que tu nunca le dirias que no, aunque no acababa de entender que esperabas ganar con eso -cruzo los brazos sobre el pecho para que Agust no pudiera ver como le temblaban las manos-. Temi que hubiera cometido un error tan serio que le causo la muerte. Que le hubiera dado un infarto o algo aun peor. Pensaba en ti, queria defenderte si se llegaba a conocer tu imprudencia con los medicamentos. Pero jamas sospeche que se tratara de un crimen -le miro-. Aunque yo quisiera ayudarte entonces, eso no quiere decir que vaya a…

Agust la interrumpio.

– ?A que? ?A ocultar pruebas a la policia? Pues eso es lo que has hecho -la miro fijamente y, por primera vez, el temor asomo a los ojos del medico -. ?Vas a llevarselo a la policia?

Dis reflexiono un instante y respondio:

– No lo se. Aun no lo he decidido -mintio.

Capitulo 27

Sabado, 21 de julio de 2007

La excursion termino navegando casi al albur por un mar en calma, alrededor de Heimaey y las islas vecinas, mientras el viejo capitan hablaba y hablaba sin parar. Habria sido interesante ver el curso de su travesia en un mapa, pues solo el azar parecia decidir la direccion que seguia Paddi «Garfio» en cada momento. De cuando en cuando les senalaba lo mas digno de ver y las ilustraba sobre los lugares y la naturaleza. Pero todos tenian perfectamente claro que no era ese el objetivo del viaje. Por eso no se esforzaba demasiado en explicar que era lo que se ofrecia ante sus ojos, y daba la sensacion de que se limitaba a cumplir los minimos de su funcion de guia, de vez en cuando, para seguir una costumbre asentada de antiguo. En esos momentos, ?ora intentaba mostrarse interesada, aunque no le salia del todo bien. No por causa del lugar, pues el entorno era grandioso, sobre todo al sur de Heimaey, y ?ora penso que era como si Heimaey se hubiera hecho pedazos cuando el todopoderoso la coloco en su lugar y los fragmentos hubieran formado los demas islotes, dispersos por todas partes. Cuando desembarco con Bella, por fin, despues de tres horas de navegacion, ?ora estaba deseosa de saber todavia mas sobre la vida en la isla en la epoca de la erupcion, y sobre las personas que creia relacionadas con el caso. En realidad, Paddi no quiso reconocer que alguien hubiera sacado a colacion el nombre de Alda en relacion con la sangre del embarcadero, ni hubo forma de que cambiara su version. El yate con tripulacion extranjera habia zarpado durante la noche.

Cuando estaban de nuevo en tierra, ?ora probo a mostrarle al viejo marino la fotocopia de la foto encontrada en la mesa de escritorio de Alda, con la esperanza de que pudiera reconocer al joven. Paddi sacudio la cabeza y dijo que ese hombre no era vecino de Heimaey, anadiendo que parecia extranjero. ?ora sonrio y volvio a guardarse la fotocopia en el bolso. Todo lo que habia conseguido saber era la historia de la sangre del embarcadero y que Magnus estaba alli cuando se descubrio. ?ora penso que era extrano que la mujer de Magnus hubiera asegurado con tan absoluta certeza que su esposo no salio de casa esa noche despues de traer a su hijo ebrio. Claro que era posible que no se hubiera enterado siquiera de que salia, pero ?ora albergaba la sospecha de que no se trataba de eso, sino que le habia mentido, simple y llanamente.

?ora tenia aun fresca en la memoria la descripcion de la violencia con que mataron a los hombres del sotano. Hacia falta una cierto tipo de temperamento para golpear de aquella forma a otros hombres, y todo parecia indicar que ese era el temperamento del padre de su cliente. Da?i «Malacara» (e incluso otros mas) le echaron una mano, sin duda alguna. Aquello era mas plausible que la idea de que todo fuera obra de una quinceanera.

En el hotel, ?ora sintio calor en las mejillas, y en el primer espejo que encontro pudo ver que tenia la cara roja como un salmonete. Se insulto a si misma por no haberse puesto el protector solar que habia tenido la precaucion de llevar a la travesia. Tampoco Bella tenia buena pinta. La secretaria bostezo, lo que permitio a ?ora comprobar que no tenia empastes en los dientes, cuestion que jamas le habria podido interesar lo mas minimo.

– ?No te quieres ir a acostar? -pregunto ?ora, quien tambien notaba cierto sopor-. Yo tengo que hacer unas llamadas e intentar hablar con Maria, la mujer de Leifur. Asi que puedes tomartelo con tranquilidad. Y cuando

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