– ?Es tu madre? -pregunto ?ora, aunque se contuvo y no se puso de puntillas para mirar por encima del hombro de Johanna-. He venido precisamente con la esperanza de poder charlar un momento con ella.

– No ha sido muy inteligente por vuestra parte venir hasta aqui -repuso ella-. No creo que mi madre quiera hablar contigo -le dijo a ?ora-. Esta aun completamente destrozada, y mientras Markus siga siendo sospechoso, tu perteneces al bando enemigo. Intente explicarle lo que me dijiste sobre su inocencia, pero no quiso oir ni una sola palabra.

– ?Quienes? -se oyo preguntar dentro de la casa, aunque la voz estaba ahora mas proxima.

Johanna parecia muy triste.

– Unas senoras, mama -respondio-. No te preocupes, tu no las conoces.

– Que tonteria -fue la respuesta. La mujer habia llegado a la entrada-. Como si yo no conociera a todas las senoras de aqui… -callo al ver a Bella y ?ora en las escaleras. Se detuvo al lado de su hija en el estrecho umbral, y tuvo que empujar a Johanna a un lado.

– Buenos dias -dijo la mujer, limpiandose las manos en una bayeta, antes de saludar-. Soy Magnea, la madre de Johanna.

– Buenas tardes -dijo ?ora extendiendo su mano-. ?ora Gu?mundsdottir. Precisamente esperaba poder hablar contigo.

– ?Y eso? -pregunto la mujer; el gesto de su rostro era duro-. ?Que puedo hacer por ti, amiga?

– Solo queria charlar un momento sobre tu hija Alda -respondio ?ora, lista para empezar el baile-. Soy la abogada de Markus Magnusson, acusado erroneamente de haberle causado dano.

– ?Desde cuando asesinar a una mujer se llama «causarle dano»? -le espeto la mujer. Dio un paso atras, aparto a Johanna y cerro dando un portazo con todas sus fuerzas. El numero de la casa, en una plaquita de madera que colgaba en el exterior de la puerta, se solto de los ganchos y quedo colgando de lado. ?ora penso que habia sido toda una suerte que ni ella ni Bella hubieran tenido un pie en el quicio de la puerta.

?ora miro a Bella.

– Puf -exclamo la secretaria-. Que oficio tan horrible el de abogado.

?ora lo intento otra vez golpeando la puerta suavemente, con la esperanza de que la mujer estuviera un poco mas tranquila. Desde dentro se oyo gritar que se marcharan antes de que llamara a la policia. Estaba claro que no conseguirian nada, de modo que ?ora y Bella se volvieron hacia el coche. Cuando ?ora estaba a punto de poner el vehiculo en marcha, sonaron unos golpes en su ventanilla. Alli estaba Johanna, y ?ora bajo el cristal.

– Te adverti de que no tenia ningun sentido -le dijo con tono de reproche-. Seguramente, ahora necesitare el resto del fin de semana para calmarla -se envolvio con los brazos como para protegerse del frio, aunque la temperatura era inusualmente templada-. No se encuentra bien -dijo entonces-. No siempre es asi, todo lo contrario.

?ora asintio.

– Lo comprendo, no te preocupes. Lamento mucho haberos causado molestias, no se me ocurrio pensar que podria pasar esto -no era mas que una burda mentira, pues era precisamente la reaccion que ?ora habia esperado.

Johanna titubeo, era evidente que queria hablar de algo importante.

– ?Que ponia en los diarios? -pregunto sin mas preambulo-. He cambiado de opinion y quiero saber lo que ponia -vacilo un momento y se irguio-; bueno, si hay algo sobre mi padre.

– Venia a contartelo, pero por desgracia se me olvido, por el otro asunto -dijo ?ora, un tanto avergonzada de no haber buscado una forma menos mala de acercarse a aquella mujer-. Te llame por telefono una vez, pero no respondio nadie -?ora le sonrio-. En los diarios no habia nada malo sobre tu padre.

Johanna asintio. Sus ojos parecieron humedecerse.

– Bien -dijo con una sonrisa-. Bien.

– Pero habia algunas otras cosas de las que me habria gustado hablar con tu madre -dijo ?ora entonces-. Hay unas cuantas dudas sobre el lugar donde estuvo Alda despues de la erupcion -se llevo la mano a la frente para protegerse del sol, y miro a Johanna a los ojos-. Parece que nunca estuvo en el instituto de Isafjor?ur -continuo-. Nunca estuvo matriculada en ese centro.

– Claro que si, claro que estuvo alli -repuso Johanna-. Eso es seguro. No puedo estar tan equivocada.

– ?La viste alli? -pregunto ?ora-. ?Fuisteis de visita o fue ella a casa en vacaciones?

Johanna parecio hacer memoria.

– Bueno, no recuerdo que fueramos a visitarla -se le hizo la luz-. Si, si, mama fue por lo menos una vez, seguramente mas.

– ?Pero Alda no fue nunca? -pregunto ?ora-. En los institutos hay muchas vacaciones, cortas y largas - prosiguio con toda la soltura de que fue capaz-. Vosotros viviais en la region de los fiordos del noroeste, asi que no estabais tan lejos. Se podria pensar que ella iria a visitar a sus padres de vez en cuando. ?No fue asi? -por el gesto de Johanna, ?ora comprendio que Alda nunca habia ido a su casa, ni en las vacaciones cortas ni en las vacaciones largas-. ?Es posible que Alda estuviera en un hospital? -pregunto ?ora con la maxima prudencia-. ?Que padeciera alguna enfermedad mental?

– Que yo sepa, no -toda la alegria causada por las noticias sobre el contenido del diario habia desaparecido ya de su rostro-. Tal vez no me entere, porque era muy pequena -anadio entonces, con gesto apenado.

– No tengo nada que me lleve a pensar en lo de su posible enfermedad -dijo ?ora-. Me habria gustado preguntarselo a tu madre. En cambio, lo que se con toda seguridad es que Alda no estuvo en Isafjor?ur, como dice todo el mundo; al menos no en el instituto.

– ?Que mas querias preguntarle a mi madre? -pregunto Johanna. Parecia muy enfadada, aunque su ira no iba dirigida contra ?ora-. A lo mejor puedo preguntarselo yo. Por lo menos puedo preguntarle lo del colegio.

– Una de las cosas que querria saber, y te lo pregunto tambien a ti, es si Alda menciono alguna vez a cualquiera de las dos si estaba molesta por la excavacion. Eso podria ayudar a Markus -dijo ?ora. No le dijo a Johanna el motivo por el que Alda habria podido preferir que la casa de Markus siguiera enterrada bajo la ceniza.

– No -dijo Johanna, sacudiendo la cabeza-. A mi no, por lo menos. Claro que es posible que hablara de ello con mi madre. Mi madre y yo tenemos que hablar de muchas cosas -prosiguio-. ?Hay algo mas que yo deberia saber?

?ora le hablo de las extranas anotaciones en el diario de Alda. Decidio no mencionar lo que ya sabia del caso de violacion, pero pregunto a Johanna si habia oido a Alda referirse a ello:

– ?Te hablo alguna vez de un hombre llamado Adolf? -pregunto ?ora-. ?O de sus padres, Valger?ur y Da?i? - inquirio.

– Nunca he oido hablar de esas personas -respondio Johanna.

– ?No les conociste de nina? -le pregunto ?ora-. Creia que esas personas eran amigos de tus padres. Eran de las Vestmann, pero se marcharon tambien al noroeste, en realidad creo que se fueron a vivir a una granja cerca de Holmavik. La mujer era enfermera.

– Nosotros viviamos en Bildudalur -dijo Johanna-. Esta bastante lejos de Holmavik. Nunca he oido hablar de esas personas. En todo caso, no lo recuerdo.

?ora saco la foto del joven, que pensaba haberle ensenado a la madre de Alda.

– ?Y conoces tal vez a este hombre? -pregunto.

Johanna cogio la hoja de papel.

– Es la fotocopia de una foto, ?no? -pregunto mirando a ?ora, que asintio con la cabeza, como pidiendo excusas. Johanna enarco las cejas y luego observo la foto detenidamente-. No -dijo, devolviendole el papel a ?ora-. Me resulta lejanamente familiar algo de su gesto, pero no le conozco.

– ?Sabes de donde podrias conocer ese gesto? -pregunto ?ora, esperanzada.

Johanna se rasco detras de la oreja.

– Creo que se parece un poco a una tia mia, pero es imposible -dejo caer la mano-. No, nunca he visto a ese hombre.

– Te aseguro que no recuerdo que mi suegro, Magnus, haya hablado nunca de cortarle la cabeza a nadie - dijo Maria, la mujer de Leifur, irguiendose sobre el respaldo para mirar a ?ora desde arriba. Pero ?ora era mas alta que la senora de la casa, y la silla en la que estaba sentada tenia, ademas, un asiento bastante grueso, lo que resaltaba aun mas la diferencia de talla. Las dos estaban sentadas en el salon de la casa de Maria y Leifur. La

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