vuelva nos iremos a cenar.

No hizo falta decirselo dos veces a Bella. Tambien ?ora fue a su habitacion, aunque solo para darse una ducha y cambiarse de ropa, quitarse los vaqueros y el chaqueton de sport y ponerse algo mas limpio y presentable. Despues se sintio mucho mejor. El cansancio le desaparecio del cuerpo al mismo tiempo que la sal desaparecio de sus cabellos. Mejor asi, porque necesitaba estar bien despejada si queria salir con bien de las conversaciones telefonicas que la esperaban. Una de ellas era con Markus, pues queria hablarle del asunto de su padre y contarle que iba a informar a la policia del relato de Paddi sobre la sangre. Tambien pensaba comunicar a la policia la presencia del yate, y que ella pensaba que los cadaveres encontrados podian corresponder a sus tripulantes. No podia imaginarse como acabaron aquellos hombres en el sotano de la casa familiar de Markus, si era verdad que abandonaron la isla unos dias antes de la erupcion, pero pese a todo tenia la corazonada de que eran ellos. Parecia indudable que en esos dias no habia mas extranjeros en la isla, de modo que no existian muchas mas opciones. No podia perder el tiempo dandole vueltas al asunto, porque tenia otras muchas cosas que hacer. Empezo llamando a los ninos.

– ?Ya has conseguido el apartamento para la fiesta? -pregunto Gylfi. Nada de: «Hola, mama, como estas».

?ora opto por no entrar en explicaciones de que habia estado demasiado ocupada intentando sacar de la carcel a un inocente como para entretenerse en los preparativos de la fiesta del comercio. No serviria de nada.

– No, aun no he encontrado nada -dijo; y no mentia. Nadie le habia dicho que hubiera apartamentos vacios, seguramente porque no habia preguntado a nadie-. Tengo que llamar a un senor que quiza pueda ayudarme - Leifur era una de las personas con las que ?ora tenia que contactar, y si el no podia conseguir un apartamento, nadie podria hacerlo. Aunque quiza sus calculos fallarian, porque ?ora estaba a punto de acudir a la policia para informarles de la posible relacion de su padre con los cuerpos del sotano. Le esperaba una tarea mas que ardua haciendole comprender que aquello era lo mejor para su hermano y que el tenia la obligacion de permitir que se supiera la verdad de lo sucedido.

– No lo olvides -dijo Gylfi por si acaso-. Tenemos que ir.

Uno tiene que cepillarse los dientes, tiene que comer comida sana, pero no tiene necesariamente que ir a una fiesta, pero ?ora prefirio no soltarle todo eso a su hijo, y le pregunto por su hermana. Se quito el telefono del oido cuando Gylfi grito varias veces el nombre de su hermana, como si creyera que estaba al lado de ?ora y estuviera intentando hacerse oir a traves del telefono.

– Hola, Soley -dijo ?ora-. ?Que tal en casa de la abuela? -los chicos estaban en casa de los padres de Hannes, que siempre estaban quejandose de lo poco que veian a sus nietos, aunque cada vez que ?ora necesitaba que se quedaran con ellos siempre tenian alguna excusa. Andaban bien de dinero y viajaban mucho, pero esta vez todo habia salido a pedir de boca, y los chicos pudieron quedarse en el caseron de Arnarnes. En realidad, ese fin de semana les tocaba estar con su padre, pero Hannes tenia que asistir con su nueva mujer al cuadragesimo cumpleanos de un amigo suyo esa misma noche.

En realidad, ?ora nunca habia acabado de conectar con su antigua familia politica, aunque no hubiera tenido con ellos ningun conflicto en especial. Era sencillamente cuestion de lo distintos que eran, sobre todo ella y su ex suegra.

– Hola, mami -dijo Soley-. Estoy con la abuela en la piscina. ?Sabes quien esta aqui tambien?

– No -respondio ?ora, confiando en que no se tratara del experto en adelgazamiento al que acudian ultimamente sus ex suegros. ?ora no tenia el mas minimo interes en que su hija de ocho anos escuchase todas esas historias sobre perdida de peso.

– ?Orri! -grito Soley, encantada-. Esta con nosotros en la piscina, y se ha hecho pis -esto ultimo lo dijo Soley en un susurro. ?ora tuvo dificultades para no responderle de la misma manera. Hacia tiempo que no se reia, y no se atrevio a empezar por miedo a no ser capaz de parar. Charlo un ratito con ella antes de decirle que volverian a estar todos juntos al dia siguiente.

?ora llamo luego a Matthew. El telefono habia tenido cobertura pero luego la perdio mientras estaba en el mar, y no sabia si Matthew habia estado intentando hablar con ella, aunque eso ya no importaba. Queria saber cuales eran sus intenciones. ?ora sonrio en el momento mismo en que oyo la voz del aleman.

– Hola -dijo con voz de tonta-. He estado sin cobertura casi todo el tiempo, y seguramente tu tambien. Si no, lo habria intentado alguna vez mas.

– No importa -dijo Matthew-. He estado intentando conectar contigo varias veces pero no he tenido suerte. ?Que tal va todo? ?Ya has encontrado el tronco?

?ora sonrio.

– No. En realidad, tampoco lo busco, me basta con intentar descubrir lo que sucedio. Va despacio -no sabia si debia perder tiempo en contarle todo lo que habia pasado durante el dia-. Y ademas, hay otros cadaveres.

– ?Como? -pregunto Matthew-. ?Has encontrado mas?

– No en el mismo sitio -respondio ?ora-. La mujer que habria podido ayudar a mi cliente aparecio muerta. Primero pensaron que se habia suicidado, pero luego resulto que la habian asesinado.

– Ah -dijo Matthew, alargando la vocal-. Espero que vayas con cuidado. Ya te dicho que quien le corto el organo sexual a aquel hombre era peligroso.

– No se sabe si se trata de la misma persona -dijo ?ora-. Todos los hombres que parecen estar relacionados con ese viejo asunto, o han muerto o han perdido la razon, como ya te conte.

– ?Y quien dice que se tiene que tratar de un hombre? -pregunto Matthew-. Las mujeres pueden ser tan neuroticas como los hombres. A lo mejor, eso del organo sexual tiene que ver con algo que le hizo el hombre a alguna mujer.

?ora habia llegado a pensar en algun momento que aquello habria podido ser obra de una mujer, pero las mujeres no contaban con la fuerza fisica para matar a unos hombres a golpes. Mucho menos las amas de casa de la epoca, que no practicaban ejercicios fisicos ni deportes. En realidad, usando un objeto contundente con mucha furia, esos danos habria podido causarlos una mujer, pero era mucho mas probable que fuera obra de uno o mas hombres. ?ora entro en el tema que le interesaba.

– Bueno, dime que idea tienes. Tengo que saber lo que piensas sobre tu futuro trabajo -cerro los ojos y cruzo los dedos. «Ven -penso-. Coge el nuevo trabajo y vente conmigo».

– Estoy pensando en lanzarme a ello -dijo Matthew. Su voz mostraba tanta cautela como si ella fuera a intentar hacerle desistir-. Vaya, al menos veremos que pasa.

– ?Estupendo! -la misma ?ora se extrano de aquella exclamacion, que le habia salido directamente del corazon-. No hay ningun sitio como Islandia -anadio como una idiota. Guardo silencio un instante para no seguir haciendo el ridiculo-. Me alegro muchisimo. ?Cuando vienes?

– Todavia tengo que dar los ultimos retoques, pero confio en tener la ultima reunion con esa gente en menos de quince dias. En la reunion se decidira cuando me traslado -dijo Matthew, y ?ora se dio perfecta cuenta de que su reaccion le habia gustado-. Tengo ganas de verte -continuo-. Espero que cuando llegue no estes en el mar o en algun sotano.

– Quiza deberias retrasar el viaje uno o dos dias para mayor seguridad -dijo ?ora. Seria horrible que el caso impidiera que se pudieran ver-. Vuelvo manana a casa desde las Vestmann, pero nunca se sabe cuando tendre que viajar de nuevo.

Se despidieron y ?ora marco el numero de la prision de Litla-Hraun con una sonrisa en los labios. Al cabo de un rato, Markus se puso al telefono.

– Me alegro mucho de oirte -dijo cansado, tras intercambiar las cortesias de rigor-. He recordado una conversacion que mantuve cuando estaba viajando, y que seguramente es la que corresponde al numero oculto - dijo de lo mas contento-. No me atrevi a decir nada hasta consultarte, pero me entraron unas ganas tremendas de llamar a la policia para declarar.

– Muy bien -dijo ?ora, contenta con la noticia y con que hubiera decidido esperar para hablar con ella-. ?Quien te llamo?

– Yo habia hecho una oferta para comprar un apartamento en la isla para que lo usara mi hijo. Va mucho por alli y siempre se queda en casa de Leifur y Maria. Ahora que ya es mayor, no puede seguir asi. He recordado que el agente de la inmobiliaria me llamo al concluir el plazo que habia dado al vendedor para que aceptara la oferta que le habia hecho. Hablamos de lo que se podia hacer, y finalmente le autorice para que aumentara la oferta. He tenido negocios con el ya antes, de modo que me conoce perfectamente y por eso puede atestiguar que era yo,

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