podria seguir con mas cosas. Sus hijos habeis podido seguir dependiendo de vuestro padre todo este tiempo. La gente se pone de puntillas a vuestro alrededor, sobre todo contigo, Leifur.
– ?No seria mejor hablar despues de la fiesta? -pregunto Leifur; parecia que la borrachera se le hubiera pasado repentinamente-. Comprendo lo que estas pasando, pero ahora no es el lugar ni el momento.
– No, Leifur -respondio la anciana-. Ahora no eres tu el que manda. Tengo algo que deciros, y dudo que despues sigais teniendo las mismas ganas de fiesta.
– Yo volvere a tener ganas de fiesta en cuanto tu te vayas de aqui -respondio Maria con la lengua espesa-. Pero ?a que viene esto? -obviamente, no estaba acostumbrada a que le faltaran el respeto a su marido de aquella manera. Leifur la cogio por los hombros, y Maria no dijo nada mas.
– Hoy estuve en Reikiavik a visitar a una nina enferma -dijo la anciana-. Mi bisnieta -anadio con orgullo-. La escuche, fui el primer adulto que lo hacia en mucho tiempo.
?ora sintio que la atmosfera de la entrada era tan extrana que, sin darse cuenta, se acerco a Soley, empujando el carrito; la nina estaba sentada en uno de los sofas, bostezando.
– ?Que te dijo? -pregunto ?ora al ver que nadie era capaz de articular palabra.
La anciana clavo sus ojos en Hjalti, el hijo de Markus, y le pregunto:
– ?Donde estabas cuando Alda fue asesinada? -la ultima palabra casi la escupio.
?ora intento sin exito entender lo que estaba pasando. El hijo de Markus se habia quedado boquiabierto y con gesto de espanto se agarro del brazo de su padre.
– ?Que importa eso? -pregunto Markus, con el rostro enrojecido-. ?No estaras insinuando que mi hijo este implicado en la muerte de Alda!
– Si que importa, Markus, ahora lo veras -respondio la mujer, como si le estuviera hablando a un nino-. Vieron a Hjalti entrar en casa de Alda cuando aun vivia, y salir despues de que hubiera expirado. Le vieron a el y a su coche…, aunque habia tenido la precaucion de aparcar a cierta distancia de la casa de Alda.
– ?Que estupidez! -exclamo Markus, pasando el brazo sobre los hombros de su hijo-. Te recuerdo que esos testimonios carecen de toda validez. Hubo alguien que dijo que me vio salir de casa de Alda, o entrar en ella. Era un testimonio tan poco fiable, y ni siquiera recuerdo si dijo que yo iba o venia cuando me vio.
– Es mas que el testimonio de un testigo -dijo la anciana. Miro rigida a Hjalti-. Deberia matarte, muchacho. Estuve en casa dandole vueltas a como podria hacerlo mejor. Tendrias que padecer los mismos sufrimientos que le causaste a mi hija, pero ya soy demasiado vieja.
– Creo que ya es suficiente -la interrumpio ?ora. Hasta ese momento habia estado demasiado asombrada como para intervenir, y todos los demas parecian sumidos en una confusion total-. ?No sera mejor que hables con la policia, si crees tener alguna informacion importante sobre el crimen? Aqui no tienes nada que hacer.
– Ya lo he hecho -dijo la anciana sonriendo con perversidad-. Gu?ni viene de camino. Como era previsible, el queria esperar hasta manana, pero no ha podido ser. Cambio de idea en cuanto supo lo que tengo.
– ?Que tienes? -chillo Hjalti-. No puedes tener nada.
– Deberias tener mas cuidado con tu coche -dijo la anciana, mirandole con ojos asesinos. El muchacho se encogio.
– ?Que quieres decir? -pregunto-. ?Mi coche?
– Al abrir la puerta del coche para marcharte, se te cayo un recibo de la VISA. Se quedo prendido en un seto, y la nina que te vio lo recogio. Hice que Johanna rastreara en la red del banco quien era el dueno de la tarjeta.
Hjalti gimio algo y su padre intento calmarle.
– No te preocupes, no es mas que basura.
– Haz algo, Leifur -dijo Maria con la voz rota-. No puedes dejar que siga diciendo esas cosas.
– Te pagare muy bien por ese recibo -dijo Leifur con tranquilidad-. Ni tu ni tu hija tendreis nunca mas problemas de dinero.
?ora no llego a protestar, porque la madre de Alda respondio al instante:
– No te creas, mi queridisimo Leifur, que estoy dispuesta a cualquier cosa por ese asqueroso dinero tuyo. No todo esta en venta. Este recibo no esta en venta.
– Dame esa nota o te arrepentiras -bramo Markus, acercandose hasta casi rozar a la anciana. Le fue dificil pasar entre el sofa y la mesa, tambien porque su hijo seguia colgado de el. El muchacho parecia al borde de un ataque. Mientras tanto, Orri seguia profundamente dormido. Soley miraba con los ojos muy abiertos todo lo que estaba pasando.
– No te dare nada -respondio la anciana, feliz de ver su reaccion-. He entregado el recibo a la policia.
El hijo de Markus dijo atropelladamente, medio chillando:
– Papa, papa, papa, tienes que ayudarme, papa, papa, papa.
Markus miro perplejo a la anciana. ?ora sintio compasion por el, no habia que buscar mucho para darse cuenta de como queria a su hijo, pero tambien queria a Alda. Estaba entre la espada y la pared y no podia hacer nada. La puerta de la tienda se levanto de nuevo y en el umbral aparecio Gu?ni acompanado de otro agente de policia.
– Hola a todos -dijo al grupo, y miro al hijo de Markus-. Hjalti Markusson -dijo con calma-, ?haces el favor de acompanarnos?
El muchacho siguio repitiendo sus palabras de antes, colgado de su padre. Markus le miro, parecio que iba a decirle algo, pero luego le solto de su brazo.
– No fue mi hijo quien mato a Alda, Gu?ni -dijo-. Fui yo.
?ora dejo escapar un gemido. ?Que demonios pasaba alli? ?Es que Markus iba a cargar con la culpa de su hijo, como habia hecho su padre por Da?i anos atras? Seguramente, estaria deseando que esa noche hubiese otra erupcion.
Capitulo 38
Sabado, 4 de agosto de 2007
– No murio como yo queria. Vomito las medicinas, de modo que no tuvieron el efecto esperado. Yo tenia un tiempo limitado, y tuve que recurrir a medidas desesperadas. Aquello tenia que parecer un suicidio, y yo esperaba que no descubrieran el botox en la lengua. Lo deje en la mesilla de noche para mayor seguridad. Si encontraban la sustancia en su cuerpo, podrian pensar que Alda habia decidido poner fin a su vida de ese modo. Sus huellas dactilares estaban en el vaso y la jeringuilla. Naturalmente, tuve la precaucion de ponerme guantes.
– Asi que fuiste alli expresamente a asesinarla -pregunto Gu?ni, abrumado.
– Si, asi es. Dada la situacion, no habia otra posibilidad. Lo habia intentado absolutamente todo. Y aquello habia sido por su culpa. Naturalmente, me quede hecho polvo al ver que el botox no funcionaba como debia, y tuve que intervenir. Solo queria paralizarle la lengua. Uno siempre oye hablar de gente que se ahoga en sus propios vomitos. Eso es lo que tenia que parecer. Ella seguia teniendo arcadas. Yo sabia que tenia el botox en casa porque me lo habia puesto unos meses antes. Esa noche fui con la excusa de que me pusiera mas. Me puso una inyeccion antes de que yo…, ya sabeis.
?ora cerro los ojos. ?Nunca iba a acabar aquello? Estiro el cuello para comprobar que Orri seguia durmiendo en el carrito y Soley estaba sentada jugando a la oca con el policia encargado de atenderla mientras se procedia al interrogatorio. Soley se cansaria enseguida y no querria seguir jugando. ?ora estaba decidida a desaparecer en cuanto eso sucediera, pasara lo que pasase. Estaba ya mas que harta y el hombre que tenia sentado a su lado no parecia necesitar asesoramiento legal alguno. Habia decidido confesar y decir toda la verdad, de modo que ella no era de gran utilidad. Ningun abogado podria hacer nada por el. ?ora tenia que controlarse para que sus sentimientos no salieran a la superficie. Se sentia totalmente enganada, como una imbecil, y nada deseaba mas que apartarse de aquel caso, pero su conciencia no se lo permitia. Gu?ni no parecia estar mucho mejor. Tambien el se habia dejado enganar, era evidente. El asesino parecia haber jugado con todos excepto, si acaso, con el comisario Stefan. Pero ahora habia llegado el momento de saldar deudas.
– Markus, ?no preferirias dejar de hablar? -dijo ?ora sin mirarle-. Probablemente tendre que marcharme enseguida -aun seguia desconcertada por como habia conseguido manipularla.
– Si, es mejor que acabemos cuanto antes -dijo Gu?ni-. ?El agente inmobiliario presto falso testimonio? ?Le
