cabeza en cuanto intentaba cogerla. El tiempo era magnifico y ?ora aun no habia visto a nadie borracho o drogado. La fiesta fue toda una sorpresa para ella, y ya era suficientemente entretenido ver que todos se lo estaban pasando tan bien que no lo estropeaban inflandose de alcohol. Cruzo los dedos, con la esperanza de que ese fuera tambien el caso de Gylfi y Sigga, pues no les habia visto desde que llegaron al recinto de la fiesta, que se celebraba en un vallecito llamado Herjofsdalur, en los terrenos destinados a aparcamiento de camiones. Alli, la joven pareja se encontro con sus amigos y se fueron con ellos a los conciertos, mientras ?ora se quedaba con los mas jovenes. Luego busco la tienda de Markus y Leifur y, despues de cansarse recorriendo los estrechos senderos que habia entre las tiendas, que eran todas iguales, la encontro por pura casualidad. La recibieron como a una reina en la tienda, que estaba llena a rebosar, y le ofrecieron frailecillo ahumado y vino tinto. A Soley y Orri les dieron bollitos y leche con cacao, como corresponde. ?ora estaba preocupada por que Leifur y Maria pudieran mostrarse recelosos con ella, pero no sucedio lo que esperaba y Markus le habia insistido mucho en que se pasara a verles. Afortunadamente, no estaba Klara, la madre de Leifur y Markus, porque ?ora penso que seguramente no habria mostrado la misma amabilidad. La tienda estaba increiblemente acondicionada. Habian instalado tres sofas, una nevera y una mesa grande; por si fuera poco, hasta habia fotos colgadas en las paredes.
Maria tenia los ojos un tanto achispados, y abrazo a ?ora desde el otro lado de la ancha mesa, de tal forma que casi cayeron las dos encima de esta. «Carino, que bien que hayas podido venir». Mas llamativo aun era ver a los dos hermanos brindando. Ninguno de los dos estaba realmente borracho, pero tenian las mejillas coloradas y hablaban mas fuerte de lo habitual. Leifur se comportaba como todo un senor, no hacia mas que repetir a ?ora y a otros invitados de la tienda, a los que ella no conocia de nada, que tomaran algo mas…, que habia de sobra. Estaba sentado en la parte de la tienda mas alejada de la puerta, pero atraveso como pudo la barrera de gente para ir a instalarse en el sofa al lado de ?ora.
– Lo hiciste muy bien -le susurro Leifur al oido, y luego la miro con una sonrisa un tanto estupida. Antes de que ?ora pudiera preguntar a que se referia, volvio a inclinarse sobre ella-. Markus esta encantado y eso es lo mejor. Aqui, en Heimaey, todo el mundo lo entiende, creo que nunca me han dado tantos recuerdos para mi padre como desde que se corrio la voz de lo sucedido -?ora asintio con la cabeza y musito que que bien-. ?Un brindis por la abogada! -vocifero Leifur, y todo el grupo levanto sus vasos al mismo tiempo.
Markus imito a su hermano mayor y sonrio a ?ora con una sonrisa tan estupida como la suya. Su prohibicion de salir del pais estaba a punto de concluir y nada apuntaba a que se fuera a prorrogar. Paso los brazos por encima de su companero de asiento y lo apreto contra si. Era un hombre joven, con un disfraz que parecia querer representar un enanito de jardin. Llevaba un gorro rojo con un colgante larguisimo que llegaba a medio metro del suelo, una barba artificial blanca y un gran cuello blanco. Era Hjalti, el hijo de Markus. A diferencia de las demas personas que habia alli dentro, no parecia estarselo pasando demasiado bien. Miraba fijamente a ?ora desde debajo de su ridiculo gorro, pero aparto los ojos en cuanto se cruzaron con los suyos. ?ora supuso que se avergonzaba de su enternecedor reencuentro con su padre, cuando Markus quedo libre de la prision provisional, del que ?ora fue testigo. Por respeto a el, procuro no mirar demasiado hacia donde estaba Hjalti. Era mas facil de decir que de hacer, pues Markus estaba diciendole algo constantemente, a gritos. Una de las cosas que tenia que contarle Markus era que ya habia comprado el apartamento en Heimaey para su hijo. Aquello exigia un nuevo brindis multitudinario por Hjalti, que no parecio demasiado contento. Al final, ?ora acabo sintiendose mal y decidio salir con los ninos. Aun habia bastante luz y pese a las apreturas de la tienda, Leifur consiguio guardar alli el carrito con paraguas que llevaba ?ora. El suelo de Herjolfsdalur estaba demasiado blando para utilizar el carrito.
?ora se puso en pie y volvio a colocarse a Orri en la cadera. El nino abrio los brazos, se pego a ella y coloco la mejilla al lado de la suya. Era tan tierno que a veces ?ora preferiria que no cambiase, ya que no querria tener que recurrir a el toda su vida cuando necesitara consuelo. Aparto de su mente esos pensamientos e intento recuperar la alegria despreocupada que parecia caracterizar a todos y a todo lo que se movia por el valle. ?ora no sabia por que se sentia tan extrana y esperaba que no fuera por la llamada telefonica de Bella esa misma manana. La secretaria habia sonado con ?ora y se sintio en la obligacion de contarle el sueno a su jefa. En este, ?ora estaba envuelta en cenizas que le salian por la oreja y la boca, y segun la pagina de interpretacion de los suenos en que Bella tenia depositada toda su confianza, la ceniza siempre significaba desgracia. Podia tratarse de un anuncio de pleitos, de dificultades y problemas. ?ora se sintio invadida por la sospecha de que si el sueno hubiera predicho algo bueno, Bella no la habria llamado. Se despidio de la secretaria diciendole que no creia en esos rollos y que mas le valdria dejarse de esas tonterias. Pero el caso es que, despues, ?ora no parecia ya tan incredula. Por eso sintio que el fin del caso de Markus la inquietaba un tanto. El asesino de Alda no habia aparecido aun, y ?ora no acababa de sentirse a gusto con un caso sin resolver. Habia seguido lo que decian los medios de comunicacion, pero todo parecia indicar que la investigacion se habia cerrado en falso.
?ora sintio extraneza ante la idea de que mientras duro el caso de Markus, probablemente se encontro alguna vez con el asesino. A su mente acudieron muchos posibles culpables, aunque no todos igualmente probables. En los primeros lugares estaban Adolf, Halldora Dogg y Dis, la cirujana plastica. Sin embargo, ?ora nunca habia visto al colega de esta en la clinica, Agust, de modo que no le era facil sopesar su posible participacion.
Pero a las fiestas la gente va a divertirse y no a darle vueltas a lo que ya no se puede cambiar. ?ora se esforzo en esbozar una sonrisa.
– ?Que tal si nos damos una vuelta? -pregunto a su hija-. Tienes que ensenar tu nariz.
– Quiero ir de visita a otras tiendas, igual que antes -dijo Soley. La diadema, demasiado grande, se le caia por la frente-. Son muy chulas.
– No podemos ir metiendonos donde nos apetezca, pero daremos un paseo para verlas -dijo ?ora-. Hay tantisimas…, y no hemos visto nada mas que una parte muy pequena -se dirigieron hacia la ultima tienda, que daba a la ladera-. A lo mejor encontramos a Gylfi y Sigga -dijo ?ora mirando sin muchas esperanzas el gentio alli congregado.
Llegaron a la ultima tienda. De ella no brotaba sonido alguno, ni voces humanas ni canciones, como en otras tiendas.
– ?Puedo mirar, mama? -suplico Soley-. Solo un poquitito.
?ora asintio, porque eso no podia hacer dano a nadie. La gente parecia pasear sin rumbo y asomarse a las tiendas sin que a nadie le pareciese raro. Claro que solian ser lugarenos o emigrados en busca de amigos y conocidos. Soley levanto la blanca puerta de lino, olvidandose de que iba a mirar
– Oh, entra -dijo; parecia alegrarse. Se levanto y las hizo entrar-. Hay de sobra de todo -esta frase sono aun mas triste que la primera.
?ora acepto la invitacion.
– Me alegro mucho de veros -dijo Johanna, retirando el plastico de la bandeja-. ?Que les gusta a los ninos? - pregunto, y empezo a reunir todo lo que habia de comer en la tienda.
Soley cogio una barrita de galleta con chocolate y un vaso de zumo de naranja, mientras ?ora se contentaba con una torta, aunque no tenia nada de hambre. Puso a Orri a mordisquear otra torta, aunque el nino habia comido ya suficiente. No era facil dejar que aquella mujer se llevara la bandeja a su casa sin tocar.
– ?Ha habido algo nuevo en el caso de Alda? -pregunto ?ora despues de tragar, no por calmar su propia curiosidad sino para hablar de algo. No conocia en absoluto a aquella mujer, y eso era lo unico que tenian en comun.
– Bueno, no se que decir -respondio Johanna-. Han aparecido muchas cosas pero nada parece indicar quien pudo ser su asesino.
?ora asintio y mordio otro pedacito.
– Yo sabia que uno de los medicos con los que trabajaba Alda proporciono cierta informacion que esperaba que tuviera importancia en el caso -?ora no habia intentado forzar a Bragi a contarle de que iba esa informacion, aunque no habria sido dificil.
Johanna acerco la bandeja a Soley esperando que cogiera una torta para acompanar la golosina.
– Si, claro, claro -respondio, dejando la bandeja al ver que la nina no queria torta-. Esa mujer se llevo la medicina, el botox, que se utilizo para… -Johanna callo y miro a Soley-…, ya sabes. Lo cogio de la mesilla de
