Saldre. Me ayudara mi angel irascible (por fin he comprendido que no hay solamente angeles afables, locuaces); me sujetara del brazo y confiemos en no caer enseguida, el paseo ha de ser triunfal.
Alli estan los vecinos. Lo se todo acerca de ellos: lo que no he visto desde la ventana me lo han contado los arboles, el polvo, las sombras.
Esta el octogenario que «aun conduce», a la espera de morir como un joven estrellandose en la primera curva; esta la ex guapa que vive con el espejismo de que para ella no ha pasado el tiempo; esta el general que nunca ha visto una gota de sangre verdadera en un campo de batalla real; esta la pareja que cree tener el copyright del amor; esta el chiquillo obeso al que saca a pasear su perro; estan los ninos a traves de cuyos ojos demasiado limpios pasas como un fantasma por un cristal; esta la cojita que siempre mira hacia otro lado porque ya nadie se molesta en mirarla; esta la cuidadora que en vez de cuidar derrama su nostalgia sobre el movil que lleva plantado en una oreja; esta la mujer que da de comer a los gatos y que a las dos de la madrugada tiene una cita fija con sus protegidos; esta su marido que la sigue angustiado escondiendose en los portales para que ella no lo vea. Todos culpables, todos inocentes y, pues si, todos hermanos: ?como se les puede tener miedo? Saludo, sonrio, doy la vuelta al edificio con gran esfuerzo, me recojo.
Me encuentro mejor: apenas algun pensamiento molesto, algun gusano en el hervidero del cerebro.
?Cuanto recuerda una paloma? ?Cuanto se entristece una gata? ?Cuantos pasos hay que dar para llegar a Jerusalen?
Sueno (o quiza no)
Se que cuando se envejece los recuerdos retroceden, los pensamientos se van retrotrayendo paulatinamente hacia la madurez malgastada, hacia la juventud ofuscada, hacia la desgarradora adolescencia, hacia la impotente infancia.
Entonces muchos emprenden un viaje en busca de su tierra natal (que los desilusionara: todo se ha encogido como un jersey lavado muchas veces), otros miran fotografias, leen cartas, despejan armarios buscando la ropa que en su epoca estaba de moda (algo muy peligroso: en los armarios se encuentran a lo sumo esqueletos). Fingen experimentar una dulce anoranza, pero no es cierto: la sensacion es la de visitar el museo de cera de la audaz Madame Toussaud.
Los mas vanidosos se dedican a fastidiar a bibliotecarios y archiveros, en la inutil busqueda de antepasados nobles. Durante anos fui bibliotecaria, me encantaban los lectores y les hacia las pesquisas mas complejas, hasta que retrocedian asustados (?tampoco hay que pasarse, oiga!), pero detestaba a aquella especie de genealofilos, poseedores de muy pocos conocimientos y, en cambio, sobrados de tiempo libre. ?Acaso no saben que, segun vamos ascendiendo ramas, constatamos que todos somos hijos de puta?
Los pervertidos (los que quieren jubilarse antes de empezar a trabajar) se disfrazan de tios bonachones y se hacen pederastas.
Los menos valientes solo se entregan al Viagra y a las cubanas.
Los vigorosos hacen
Paso por alto a las damas devotas, materia que desconozco, aunque rezar, confesarse y hacer viajecitos con el cura y las amigas de la parroquia debe de dar tambien algun gustillo (?Que guapo esta el padre Pio con su mascara de silicona! ?Que buena es el agua de Lourdes para los reumatismos: mejor que el Voltaren!).
Ahora bien, no nos olvidemos de la unica clase de mujeres realmente feliz: las viudas alegres. Nada que ver con la opereta ni con sus habitos, por norma morigerados («nosotras tenemos un estatus, no somos mujeres separadas»). Por fin manejan un poco de dinero, se conservan bien, se tinen de rubio (precisamente, las peluqueras denominan «rubio menopausia» a aquel especial matiz que llena los teatros en las matines), asisten a conferencias, a exposiciones, a universidades surgidas expresamente para ellas ya que «no han podido estudiar». Constituyen el publico ideal para profesores de instituto sin laureles academicos mas prestigiosos, jovenzuelos presumidos con articulos incomprensibles escritos en ordenador, presentaciones de libros que probablemente nunca leeran pero que estan dispuestas a comprar con tal de que el autor les firme un autografo o mejor aun una dedicatoria. En efecto, el directorio de las viudas es la institucion cultural mas codiciada, para la que se celebran actos en los que quedan vacios muchos sillones dorados.
Sin embargo, su autentica pasion son los viajes, detras de cuyos cultos fines (visitar los jardines de Francia, zigzaguear por abadias medievales, escuchar conciertos en el lago de Constanza) brilla la promesa de copiosas comidas con langostas sabrosas, moluscos limpios, ostras garantizadas.
Aun no he mencionado a las personas instruidas, que, si ademas tienen un poco de seso, son las mas tristes.
Se disponen a escribir la novela que nunca han tenido tiempo de componer: los primeros dias el entusiasmo es desbordante, se pone una rosa recien cortada en un vaso, se empieza a primera hora de la manana. Luego se va alargando el reposo nocturno remoloneando un poco en la cama, el agua de la rosa ya puede cambiarse cada dos dias, se tienen ideas pero plasmarlas resulta harto dificil y ademas no se puede perder la concentracion (es imposible que todos seamos como el santo martir de la pluma, Flaubert, que escribia a su ansiosa amante: «Nos veremos cuando llegue a la pagina 94»). Lo cierto, como reconocen los mas honestos, es que lo que faltaba no era tiempo, sino talento.
Utiles, en cambio, son los que llevan un diario o redactan sus recuerdos, maxime si lo hacen sin pretensiones. Aunque todos sigan el recorrido de la misma historia, ninguno de ellos coincide en sus apreciaciones, como los testigos de un accidente automovilistico.
?Y yo? ?La mas mala, la mas esnob?
?Que si he comprendido que el paseo alrededor del edificio y la tierna piedad exhibida hacia mis vecinos- hermanos era una estratagema para enganarme a mi misma, a la manera en que el kajal vuelve mas profunda la mirada o el carmin da un apariencia de salud?
Si, hermanos, pero como Cain y Abel, de entre los cuales, dicho sea de paso, nunca hemos sabido bien cual fue mas desdichado. Pues, ?por que tenia Cain que ser culpable de que a Dios le gustaran mas los corderos que la fruta y la verdura?
Una cosa es cierta.
Los viejos me dan repulsion; los enfermos, miedo.
Los antiguos creian que los suenos los mandaban los dioses, quienes, en su infinita malignidad, hacian pasar los verdaderos por una puerta de hojas en forma de cuerno; para los enganosos, en cambio, las hojas eran de marfil. De esa manera, no resultaba facil distinguirlos.
Hoy se piensa que la materia del sueno esta en la profundidad de nuestro interior, como un bolo rumiado e irreconocible: solo (?) se necesita un poco de mana para recuperar el hilo.
Los antiguos ignoraban que los hombres de hoy fingirian no saber que la materia alquimica, capaz de transformarse en cualquier cosa, existe. Es el plastico: asi, el marfil ha adquirido la oscura tristeza del cuerno, el raciocinio se ha manchado con la sangre del corazon.
Sueno, sueno, sueno. Este verano he reunido material onirico para diez anos. En los jirones de sueno nocturno, en los largos sopores diurnos, he visto a todos los que se han ido para siempre. A veces, con una amabilidad inusitada, me han dejado en ese estado de felicidad absoluta que nunca experimento en la realidad; otras veces, el rostro sombrio y severo, me han reprochado sin palabras pero con miradas tan gelidas que he
