deseado un rapido regreso al mundo, que llame vida a la que tengo, hecha de medicinas, de pies arrastrados con dificultad, de labios que ya no saben articular una frase, de panuelos apretados contra la boca a lo Mimi para que nadie vea que se me esta cayendo la saliva.
Tras uno de los suenos «buenos», de los que no queria salir, le dije a mi angel enfermero que habria preferido quedarme a aquel lado. El, sabio, me aconsejo el
Pero ?por que esta gente viene a verme constantemente? ?Que quiere?
Mama y papa, padre y madre, amores tontos, amores que hacen dano, amores no correspondidos, amores dolorosos.
Cuanto mas se crece, menos se entiende: solo destellos en la oscuridad, jirones de realidad, retazos de verdad arrancados con los dientes.
Puede que no sean sino los anos que cargamos a cuestas y que el deseo de todo el mundo sea sentirse mas ligero, dejar el equipaje en casa.
El idioma, el gran espia, te lo deja claro: babear, chochear, no son en realidad verbos tan despectivos si dejan en la boca un sabor infantil a piruli.
El feo termino «cuidadora», [3] que en un primer momento hizo poner el grito en el cielo tanto a los puristas como a los que no lo son, en el fondo recuerda a los jardines publicos con bancos a la sombra que permiten colocar a esos ninos gordos de tez aspera y dejar de cuidarlos, incluso cuando el sol, girando, ha llegado hasta alli, para abrasarlos, para hacerles probar un pizca de infierno, asi se acostumbran.
En contrapartida, ya no existe la noble palabra «viejo», que evocaba a dignos caballeros a los que sus mujeres soltaban tremendas reganinas en casa, en la misma banera, y a los que luego aquellas vestian con elegancia y sacaban a pasear como perros grandes, obedientes e inofensivos.
Papa, mama, papa, cama, pipi, deberes, examenes, salir dando un portazo, entrar haciendo chirriar la puerta, come, no comas, estudia, no me gusta ese tipo, te voy a dar tal sopapo que te vas a quedar sin dientes, nuestra nina se ha ido, ojala que ella tambien sea madre de una nina, te acuerdas de lo guapa que era, nunca ensucio una cama, la acostumbre a que se pasara horas en el orinal, si, como las nannys inglesas que han criado a generaciones enteras de elegantisimos homosexuales. «?Nanny, quien es esa senora tan guapa que viene a despedirse de mi antes de salir?» «Si es tu mama, carino; ahora que se ha marchado, ve a sentarte en el orinal hasta que te duermas.»
La vida ha pasado y los suenos siguen teniendo el mismo plato, como las peliculas baratas: la cocina de casa, un aula de colegio, un pasillo, un lago brillante (es preciso al menos un exterior), que de repente se convierte en un charco oscuro, de mas esta decir que viscoso, con plantas acuaticas que se te enredan en los pies y te impiden salir a la superficie (?eh, quereis darme un efecto especial, pero autentico? ?Con que si no voy a asustar a la gente, que esta esperando monstruos prehistoricos clonados?).
Bajare a aquel charco, reencontrare a los fantasmas de mis suenos. Ya se lo que quieren y siento cierta piedad: su deseo es vivir durante un instante a traves de mi, la unica superviviente de todos cuantos los han conocido.
De acuerdo: avanzando a tientas entre suenos y recuerdos tratare de escribir algo. No habra rosa, solo un vaso, para que me recuerde que tome la medicina.
Terminos claros: no sera una acuarela, sino mas bien una autopsia. Puede que os haga dano. Tambien me lo hara a mi.
Y vosotras, queridas sombras, por favor, no introduzcais escenarios nuevos, como el de anoche, el gabinete de un gran medico que desde hace anos hurga en el cerebro, entendiendo cada vez menos.
Transcribo la nota que escribi en la cama, nada mas despertarme, acodada en la mesilla de noche.
«Estoy en la clinica del doctor R, que me esta examinando. Le pregunto para que me sirve la 'tratometria'. 'Es la Biblia del cirujano'. Despues, con suma cautela, plantea una hipotesis estrafalaria, a saber, que tengo un 'reves' en el craneo sobre el que se puede intervenir quirurgicamente: un sintoma seria la arruga que tengo, vertical, sobre la frente. En la realidad, no tengo ninguna arruga asi.»
«Vuelve, mi pequena, vuelve con tu papa» [4]
Mi madre, sin saber siquiera quien era Balzac, tuvo una infancia balzaquiana.
La suya, la que fue su madre, murio, por supuesto, al darla a luz. ?De que? De tuberculosis, por supuesto.
Tras pasar un breve tiempo con un ama de cria, fue confiada a unas tias que tenian en Milan una sastreria militar. La querian, pero como habia guerra, la Gran Guerra, por su bien la mandaron con unas monjas. Mama, para mi gran estupor, recordaba aquellos anos como si hubiera estado en el mismisimo Paraiso: las monjas carinosas, el chocolate de las tias el domingo, la limpieza de los pasillos, la blandura de las camas, el aroma de los lirios en la capilla.
Cuando termino segundo de primaria (sus estudios se estancaron definitivamente alli), la guerra habia finalizado y su padre, aspecto de leon y corazon de conejo, tras permanecer oculto durante tres anos, fue a buscarla, no por afecto, sino como algo que le pertenecia y que nadie podia quitarle. De nada valieron sus llantos, los de las tias, los de las monjas-madres frustradas: se la llevo como un hatillo, sin olvidarse de sus bonitos trajecitos y de sus regalitos, que siempre podian resultar utiles.
Porque en casa, por supuesto, habia una madrastra, ya embarazada, y una nina de siete anos (la edad del uso de razon, segun el catecismo) podia echar una mano. La mano la echo, vaya que si lo hizo, tratando de volcar la polenta del puchero: la piel se le pelo como un guante. Ya le crecera, dijeron en familia.
La madrastra no era mala como en los cuentos, solo mas tonta e ignorante que la nina: analfabeta, todavia a edad avanzada «firmaba» las postales que mandaba a sus hijos con su nombre y apellido, mejor dicho, con su apellido y su nombre.
Ay, el nombre. Mi madre tenia uno bonito, Nives. Pero la privaron de el y le pusieron inflexiblemente otro, Giuseppina, Pina, que, amen de parecerle detestable, le creo no pocos problemas en el padron cuando entro en el mundo de los vivos. Pues mundo de los vivos no podia llamarse aquella choza en la que sin embargo copulaban, se reproducian, habia gritos, palizas.
Creo que la choza era la antigua casa del guardian, contigua a la finca que perteneciera a la familia paterna, antano devorada por las deudas, la desidia, el abandono.
Hablaban de un abuelo, solo visto en retrato, el pelo largo y blanco, las unas redondeadas de quien no ha trabajado jamas en su vida; quedaba la abuela, la unica pariente por la que sentia apego Nives, con su educacion y sus pendientes, que era todo cuanto habia quedado del naufragio. En el pueblo, la gente mayor decia que habia nacido condesa (?por que sera que en estos relatos un poco fantasiosos siempre se habla de condesas, nunca de baronesas o marquesas?). Consta que la dama nunca bajaba a tomar su achicoria matinal sin empolvarse y que, para su funeral, el alcalde mando a la banda y cuatro caballos negros. Y de lo que hay una constancia mas explicita es de la desesperacion de mi madre, que, sesenta anos despues, al contar este episodio a su propia nieta, aun lloraba y hacia llorar a esta hasta que, tras esbozar una sonrisa, ambas rompian a reir por la absurdidad de la situacion.
Ya he dicho que esto es una novela por entregas, ?no?
