Concedete la oportunidad de comprobarlo.
Despues de Aaron, Ethel continuo como antes. Se tendia con sus companeros de clase debajo de los arboles alineados al borde de los caminos que unian los edificios, escuchando el chismorreo con esa sonrisa que alguien habia calificado de «ausente», pero cuando el carillon del campus daba la hora y los estudiantes entraban a sus clases, Ethel se entretenia y cuando la clase se habia reunido, ella no se encontraba entre ellos. Nadie podia saber cuando y como Ethel habia desaparecido. O adonde habia ido.
Lo mas frecuente era el cine. Marion Brando era su heroe aquel ano; acababa de estrenarse
La escena que mas le gustaba era la de la boda, cuando Brando baila con su hija. Siempre se quedaba un poco mas para ver otra vez esta escena. El anciano era tan gallardo, tan autoritario, tan protector. Ethel deseaba haber tenido un padre que bailara como Brando cuando ella se casara. Cuando Brando moria, Ethel lloraba.
Tenia tambien otros heroes cinematograficos: Clint Eastwood, Charles Bronston y Gary Cooper, hombres maduros que hablaban suavemente, que afrontaban la adversidad sin ninguna queja pero que, cuando la ocasion llegaba, devolvian el golpe con toda la violencia que habian estado almacenando en sus almas. Ethel iba a ver esas peliculas por la misma razon que los hombres van a las peleas: por relajamiento.
Con el tiempo, el doctor Laffey recibio una nota de los directivos de la Universidad informandole de que su hija no habia asistido a las clases. Llamo tambien por telefono el consejero universitario de Ethel, avisando al doctor Laffey que era poco probable que su hija avanzara a menos que inmediatamente comenzara un programa intensivo de recuperacion.
El tutor que se recomendaba era casi cuarenton, rollizo y de piel palida; raramente veia el sol. Llevaba joyas indias y sandalias y caminaba con paso incierto. Su sonrisa era fascinante por la falta de un diente. Toda su vida de adulto habia transcurrido en la Universidad, un vagabundo academico que cubria sus necesidades dando clases a los hijos de ricos a treinta dolares por hora. Esto le permitia dedicar cuatro o cinco horas al dia para trabajar en la novela que era el proposito de su vida.
Ethel estaba intrigada; nunca habia conocido a un escritor, nunca habia visto nada semejante a las pilas del manuscrito -versiones, correcciones y escritos revisados- esparcidos por la mesa, los antepechos de la ventana y por el suelo. La impresionaba ademas el desprecio que el escritor mostraba hacia ella.
– Hablas como si no hubieras leido ni un libro en toda tu vida -le decia.
– Yo no leo libros -admitia Ethel-. ?Deberia estar avergonzada? Oh, mi padre pertenece a algun tipo de club y cada mes recibimos algunos libros. Lei uno sobre una gaviota. Casi la mitad.
– Asi que todo lo que tu haces es ir al cine y ver la television -dijo el tutor-. Eres una criatura McLuhan.
– Yo no miro television -respondio ella-. La gente de esos programas son como la gente que rodea a mi familia; no vale la pena verlos. Pero en las peliculas, alli hay hombres. Como Gary Cooper. ?Ha visto usted
El tutor era secretamente un liberal de izquierdas (?que otra cosa podia ser en Arizona?) y trato de interesar a Ethel en causas sociales, el conflicto del chicano, el tema de la paz, las nefandas actividades de King Richard. La respuesta de Ethel era que:
– No entiendo la politica. ?Como se puede estrechar la mano de ese ruso…?
– Brezhnev -decia el tutor.
– …y de ese dulce viejecito chino… -Mao -completaba el tutor.
– …y seguir diciendo improperios de ese pais… Y llenar sus puertos de minas… ?No son comunistas tambien?
El tutor insistia. Comenzaba a encontrar interesante su candor ingenuo y su inteligencia asombrosamente rapida en el estrecho campo de sus autenticos intereses. Pero no tuvo exito para estimular el interes de Ethel por los estudios que habia perdido.
– Podrias entender cualquier tema de estos si quisieras -le dijo en una explosion de impaciencia-. Tu problema es que maldito si te importa nada.
– ?Por que deberia importarme? -preguntaba ella.
El tutor descubrio que Ethel tenia una memoria excepcional asi que se dedico a leerle los libros asignados
Alli ella supo ganarse su respeto finalmente.
El doctor Laffey tambien recibio la factura por estas sesiones.
El tutor tenia un problema: impotencia esporadica. Despues, observo Ethel, se mostraba malevolo, se burlaba de ella llamandola estupida e ignorante, la castigaba con su afilada lengua. Pero al dia siguiente, cuando se habia desempenado bien, se mostraba sumamente amistoso. Ahi se contenia una leccion.
El fue quien la hizo conocer ciertas drogas (incluyendo un afrodisiaco), pero el descubrir que el dependia de un estimulo artificial enajeno a Ethel.
En ese momento conocio a Ernie y durante algun tiempo estuvo viendo a los dos hombres, al tutor al principio de la tarde y a Ernie cuando este regresaba a casa de su trabajo en la granja del Estado. Se dejaba el diafragma colocado; a eso ella llamaba «matar dos pajaros de un tiro».
No tenia ninguna duda respecto a quien preferia de los dos; llego el momento de desaparecer. Su relacion con el tutor fue disuelta facilmente: falto a todos los examenes. La Universidad comunico a su padre que habian renunciado a su hija por lo menos para aquel ano. El tutor envio su ultima factura con una nota informando al doctor Laffey que el problema que habia con su hija no era de inteligencia sino de voluntad.
Ethel se unio a la legion de los que se quedan atras.
El doctor Laffey despreciaba abiertamente a Ernie. Soportaba la presencia de ese hombre en su vida unicamente porque confiaba que esta relacion, como las anteriores, no duraria.
Una noche, muy tarde, despues que Ethel habia regresado de una velada con Ernie deprimida -«el periodo» iba con retraso-, el doctor la encontro, llorosa y frenetica, en la cocina, a oscuras.
– Presentia que estabas triste -le dijo. La llevo entonces arriba y la arropo en la cama. No le pregunto que era lo que no iba bien, lo cual fue un alivio para ella, y lo que Ethel expreso fue:
– Algunas veces me siento tan avergonzada de el, papaito.
– Por la manana te hare una sugerencia -le dijo su padre. Y le sostuvo la mano hasta que ella se durmio.
Al dia siguiente el doctor le dio un billete de avion para San Diego diciendole:
– Descubriras que la distancia tiene su utilidad. -Explico que un antiguo colega era superintendente de una escuela de enfermeras alli y que le habia asegurado por telefono que habria un lugar para su hija.
Un mes despues, Ethel escribio a su padre contandole que se habia enamorado de un muchacho del Centro de Entrenamiento Naval y que esta vez era de verdad. Planeaban casarse inmediatamente. Y seguia:
Seco ya el cabello, se quito el casco, se escurrio dentro de la cama y alli, a media luz, abrio el telegrama de Teddy.
Al cabo de unos minutos releyo el telegrama.
– ?Donde podre decirle que he estado? -se pregunto-. No me lo preguntara -se respondio-. Ni tan siquiera lo
