cuando. ?Cuanto habian significado en otro tiempo!

Habia tambien algunos recortes de periodico, uno ilustrado con la fotografia de un caballo: «Ganador sorpresa». Y una instantanea de Ethel montada en su caballo: «El Pequeno Campeon.» Entre ellos un par de cintas azules, con letras y bordes dorados, premios que habia recibido a los once y doce anos, poco despues de haber empezado a saltar. En seguida se convirtio en una experta y despues lo dejo absolutamente. ?Que habia sucedido entre ella y su padre? Ethel no comprendia su vida.

Todos esos recuerdos, tan queridos en otros tiempos, los apilo en el suelo.

En lo mas profundo dei armario habia dos estantes llenos, cargados de antiguos tesoros que Ethel habia estado guardando. Comenzo a tirar cajas al suelo, sin detenerse a mirar el contenido, arrojandolas con fuerza, al reves, y los viejos vestidos atesorados por Ethel en su adolescencia y olvidados despues, quedaron esparcidos por el suelo. Les dio un puntapie para juntarlos con los otros deshechos, haciendolos volar en desorden, cayendo enmaranados.

De una caja cayo una faldita blanca plisada. Ethel la llevo hasta la ventana y miro al trasluz. No habia ni una senal de mancha; la limpieza en seco habia hecho un buen trabajo.

Aquella noche tan lejana no estaba preparada. El parque de atracciones ambulante habia iluminado brillantemente un prado en las cercanias de la ciudad. Ethel sintio como comenzaba el flujo mientras gritaba, temerosa y divertida, en su diversion favorita Crack the Whip. Cuando los pequenos carruajes se detuvieron, Ethel camino retrocediendo y se sento en el primer banco que encontro. Sentia ei flujo entre sus piernas. Al sentarse, la mancha se extendio. Una mirada rapida detras: tenia el tamano de un pequeno tomate.

– Me siento algo mareada -le dijo al muchacho que la acompanaba-. ?Podrias traerme una «Coca-Cola» o algo parecido?

Cuando el muchacho regreso con la bebida, ella habia desaparecido.

Corrio cerca de cinco kilometros hasta su casa.

Su acompanante de nariz respingona divulgo la historia de su proceder, genesis de su reputacion de desaparecer en las citas. Al recuerdo de lo sucedido, Ethel sintio todavia que se le aceleraba el ritmo de su corazon.

Recordaba que aquella noche dijo:

– Dios mio, ?por que no me hiciste un muchacho?

Un ano despues, cuando consiguio su diafragma, presumio ante una amiga:

– ?Ahora ya soy como un muchacho!

– ?Kitten! ?Que demonios estas haciendo?

Su padre estaba de pie en el umbral de la puerta.

4

El doctor Ed Laffey, un hombre solido y elegante, se ufanaba de su apariencia juvenil, y con razon. Orgulloso de su figura, apretaba y aflojaba su cinturon, en una especie de tic, comprobaba su peso cada manana y su presion sanguinea una vez por semana. Todo estaba como debia estar.

– ?No iras a tirar todo este tesoro, verdad? -pregunto. ?Le divertiria ese monton de vestidos?

Ethel espero con ansiedad su reaccion siguiente.

Pero, tras una primera sonrisa leve, ninguna indicacion daba a conocer lo que estaba pensando. Su rostro, como el rostro de la mayoria de medicos, era una mascara de compostura.

Excepto cuando se trataba de su hija. Encajo en su mano la cabeza de Ethel y le dio un beso.

– Quienquiera que sea tu nuevo amor -le dijo- es seguro que acierta contigo. Tienes un aspecto especialmente bueno. -La examino de nuevo, amorosamente, y dirigio entonces su atencion al monton de desechos, sonriendo como hubiera podido hacerlo ante los juguetes de un chiquillo tirados por el suelo.

– Voy a deshacerme de todo eso -dijo Ethel.

– Conozco ese sentimiento. Comienza una nueva vida. Tirando hacia arriba sus pantalones con la raya perfectamente planchada, se arrodillo al estilo vaquero, una nalga sobre un talon.

– A menudo he sentido esa necesidad de eso mismo, de desprenderme de todo lo que tengo. ?Comenzar de nuevo! -Revolvio y tiro de los vestidos con sus largos y fuertes dedos.- Cuantos recuerdos despiertan ante todo esto, ?verdad Kitt ?Existio de verdad ese tiempo? ?Estabamos nosotros alli? ? Ay de mi…!

Ethel no respondio.

– ?Como es el? -El doctor Laffey se incorporo.- ?Tu nuevo enamorado? Quiero que me lo cuentes todo sobre el.

– Teddy. Vas a conocerlo, papaito.

– ?Y cuales son vuestros planes? Quiero una infinidad de detalles. Ven a cabalgar conmigo como soliamos hacer. Hablaremos y contemplaremos la puesta de sol. Despues nos banaremos. Le dire a Manuel que nos prepare margaritas y los sirva en la piscina. En nuestros buenos tiempos nos habriamos vestido y cenado a la luz de las velas. Carlita nos asara un par de filetes de Nueva York y yo preparare mi salsa de carne. ?Imagina! Tengo fresas en el jardin. ?Que caballo vas a montar?

– Papa, no tengo ganas de montar. Ni de cambiarme para cenar.

– Bueno, muy bien, lleva lo que te plazca. Comeremos en la terraza del comedor, escucharemos los coyotes y beberemos cerveza mexicana. He comprado algunas «Dos Equis» camino de casa; en este momento se estan enfriando. ?Cenara usted conmigo en la terraza esta noche, miss Ethel? Te he anorado mucho mas de lo que pueda expresar.

– Muy bien, papa.

– ?Dios mio, fijate en esto!

Se inclino y escogio una camisa de dormir infantil de algodon emblanquecido. La sostuvo en alto por los hombros con los indices. No era muy transparente, el escote discreto, y en los tirantes pequenas margaritas blancas en hilera.

– ?Recuerdas que cuando eras pequena solias venir a verme cada manana, te metias en mi cama y charlabamos, las conversaciones mas agradables que jamas he sostenido?

– Me acuerdo.

– Una manana me preguntaste: «Papaito, ?es verdad que si una puede besarse el codo se convierte en un muchacho?» Porque dijiste «yo preferiria ser un muchacho».

– ?Que edad tenia yo?

– Acababa de regalarte aquel poney, Blazer, por tu cumpleanos, de modo que, deberias de tener… ?ocho? Y yo te dije: «Lo dudo, Kitten, pero puedes probarlo.» Gracias a Dios ya superaste aquello. Tienes un gran exito como chica, Kit.

– ?Lo crees realmente asi?

– ?Fijate en ti! ?Dios mio! -Deslizo suavemente sus manos ahuecadas por encima del fino tejido de la bata.

– No me has contado el final de la historia -dijo Ethel.

– Porque el final es un poco triste… como todos los finales. Cambiaste de la noche a la manana; subitamente te convertiste en una senorita y…

– No fue de la noche al dia. Fue subitamente una manana, anos despues. Me acuerdo de esa manana. Yo me apretaba contra ti porque supongo que ya sabia que todo aquello estaba terminado, y tu me abrazaste fuerte porque tambien lo sabias. Y entonces… -Se detuvo.

– ?Que?

– Me rechazaste bruscamente diciendo… ?recuerdas lo que me dijiste?

– ?Como podria recordar, despues de tantos anos?

Extendio el camison en la cama y lo aliso con la palma de su mano.

– ?No hagas eso! -exclamo Ethel, con evidente rudeza en la voz.

– ?Por que?

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