– Tendre que hacerlo. Y ya que estamos hablando, deseo que saques ese maldito album fotografico, la historia grafica de mi vida, antes de que llegue la familia Avaliotis.

– ?Oh, ya esta bien! ?Ese album es de gran importancia para mi!

– Hazlo, papa; hazlo simplemente porque yo te pido que lo hagas. Porque si tu no lo haces, lo hare yo. Y esta vez voy a quemarlo yo misma.

Se levanto, recomendandose demasiado tarde cautela para evitar peleas con el hombre, para dejar transcurrir esos dos dias y conservar la calma. Pero ya era demasiado tarde. Lo habia estropeado y estaba a punto de estallar de nuevo.

– Perdoname -dijo-. Regreso en un momento.

Se alejo de la terraza, cruzando la avenida y se metio en el jardin alrededor de la piscina siguiendo hasta el jardin de cactus en donde se sento debajo del quitasol, dando la espalda a la casa.

Alli la encontro su padre cuando le trajo su menta blanca en una copa de conac.

Se inclino y la beso, saboreando despues el conac que traia en la mano.

– Los coyotes -dijo Ethel-. Ahora estan mas cerca.

– Y esta mas oscuro.

– Es extrano, que con las carreteras y todo eso, esten ahi todavia.

– Sobreviviran al hombre -dijo el doctor-, que es mas de lo que el hombre sera capaz de conseguir.

– Lo siento mucho -dijo Ethel-. Mi comportamiento durante la cena…

– Lo comprendo. Es un momento de nervios.

– Supongo que lo es y yo no me daba cuenta.

Entonces ella lo dijo, muy quedamente.

– ?Por que nunca me habias hablado realmente sobre mi adopcion?

– Le pedi a tu madre que te contara todo lo que sabiamos sobre ello.

– Ella puede decirtelo todo, y tu esposa no te cuenta nada. ?Quienes eran mis padres? ?Quien es mi verdadero padre?

– Los de la agencia de adopcion fueron muy estrictos en no contarnos nada de eso.

– ?Lo preguntaste tu acaso?

– Si, lo hice. Respondieron que tu padre biologico era algun tipo de artista, con talento y… ya que quieres saberlo… algo rebelde. Pero no quisieron darme su nombre. O el lugar en donde vive.

– Si hubieras tenido suficiente interes, lo hubieras descubierto.

– Digamos que preferi no saberlo.

– Pero yo quiero saberlo. Yo quiero conocerlos. Yo quiero que vengan a mi casamiento.

Ethel se daba cuenta de cuanto enojaba esa idea a su padre.

Pero continuo.

– Dime, ?tuviste que pagar dinero por mi?

– Solo lo que ellos llaman tarifa de servicios.

– ?Cuanto?

– ?Y eso que importa?

– ?Cuanto te coste?

– Creo que fueron veinticinco dolares.

– De modo que me compraste.

– Fue mas bien como un…

– ?Un alquiler?

– ?Por que te muestras tan maligna conmigo?

– Porque no te he visto desde hace mucho tiempo.

– ?Crees que esto es una razon?

– Quiero saber quien soy y tu no me ayudas a descubrirlo.

– Pero, ?por que, de pronto, esta ansiedad por saberlo?

– Voy a casarme y quiero poder decir a mi marido quien soy. No una Laffey. Ese es un nombre que tu me has prestado y que ahora te devuelvo. Muchas gracias. ?Pero, quien demonios soy yo?

– ?Esperas realmente que organice una investigacion?

– ?No crees que me debes eso?

– ?No crees que, mas bien, te interesa saberlo para usarlo contra mi?

Nuevamente Ethel tuvo que tragarse la ira y callar.

– Te dire por que te muestras tan maligna conmigo -le dijo el doctor-. Porque te sales con la tuya tranquilamente. Estas a salvo aunque me insultes porque sabes que no voy a devolverte la pelota.

Iba a anadir algo mas, pero Manuel se acerco a donde estaban, trayendo dos botellas en una bandeja, una de menta blanca y otra de conac. Dejando la bandeja en la mesita baja entre los contendientes, solicito permiso para irse a la cama.

– Lo siento, senor -dijo-. Por lo que ha sucedido hoy.

– Comeremos fresas para desayunar -dijo el doctor a modo de respuesta-. Ponias a refrescar.

Manuel salio.

Cuando todo estuvo silencioso de nuevo, el doctor hablo a Ethel. Con suavidad.

– En cuanto a lo que hiciste con Ernie, espero que lo que me has dicho sea verdad, que todo haya terminado. Siempre has tenido una tendencia autodestructiva. Quizas ahora ya puedes controlarla… ?No me mires de ese modo! Yo no soy la causa de todo lo malo que te ha sucedido. Todo lo contrario. ?Yo te he dado todo lo bueno que has tenido en tu vida!

Lleno su vaso de conac. Ella le alargo el vaso, pero el doctor dijo:

– Creo que ya has bebido bastante.

Ethel se lleno ella misma el vaso.

– Quiero pedirte un favor, papa, un favor muy sencillo.

– Todo lo que este en mi mano, lo hare. Como siempre.

– No te va a resultar facil.

– Deja que sea yo quien lo juzgue.

– Creo que con Teddy, por primera vez, tengo una oportunidad. No intentes hacernos romper.

– ?Que es lo que has dicho?

– He dicho que no intentes hacernos romper como has hecho con todos los otros.

– ?Cuales, todos los otros? Y cuando he intentado yo…

– Te dire cuando. Cito: «Creo que es un debilucho.» Cito: «Recuerda que es un judio.» Cito: «Fijate que torpe es en la pista de tenis. ?Ja, ja!» «Es un marica. ?Ja, ja!» «Creo que quiere mas a su auto que a ti.» «Creo que puedes conseguir algo mucho mejor que eso, Kitten, ?mucho mejor!» Ahora ya has comenzado con Teddy. «Sospecho de los santos», has dicho, «me divierto con los bribones». Todavia no has pronunciado su nombre. «Tu nuevo enamorado.» Se llama Teddy. Teddy. ?Teddy! Ya se que no puedes evitarlo, lo se. Por eso te he dicho que iba a ser duro para ti. Pero esta vez no voy a dejar que me enredes. Te pido que trates de controlarte. Y te aviso ademas, de que estoy vigilandote. Nada de tretas, astucias o subterfugios sutiles. Estoy alerta, ?estoy en guardia!

– Vete a la cama -le dijo el doctor, levantandose-. Has bebido demasiado. El sueno aclarara tus ideas.

– Mis ideas estan muy claras ahora.

– Sin comentarios. Le dije a un viejo amigo que esta dando una fiesta que a lo mejor iria un rato despues de la cena.

– No te creo. Pero no me importa. Buenas noches. Yo no deseaba que nuestra ultima conversacion fuese de esta manera. Supongo que ha sido por culpa mia. Lo siento.

Cuando el doctor se inclino para besarla, ella retiro su cara, y despues se volvio y lo miro.

– Teddy es un buen hombre -dijo.

– Me alegro. Eso es lo que todos necesitamos. -Toco entonces el lugar de su cuello en donde se veian las marcas de su encuentro con Ernie.- El peligro, querida mia – dijo- no proviene de nada que yo pueda hacer. El peligro que temes proviene de ti misma.

Entro en la casa, controlando cierta inseguridad. Al cabo de pocos minutos Ethel oyo su auto, asi como abrir y cerrar la verja. El se habia marchado.

Вы читаете Actos De Amor
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату