– Es lo adecuado -dijo Costa-. Hasta que lleguemos a un acuerdo, ?lo entiendes? -anadio. Se volvio hacia Ethel-. ?Lo entiende usted, verdad jovencita? Su padre y yo tenemos muchas cosas que discutir. Y Teddy y yo, el mismo problema.

– No podre buscarles un lugar y llevarlos yo mismo alli -dijo el doctor Laffey.

– Yo les encontrare un lugar -dijo Ethel.

– Desgraciadamente, tengo un gabinete que atender y he de hacer mis rondas en el hospital. Manana debo operar y…

– No hay necesidad de explicar, doctor Laffey… ?correcto, Laffey?

– Si. Ahora debo apresurarme. Ethel tiene su auto y ella…

– No se preocupe, no se preocupe -dijo Costa.

– Pero esta noche -anadio el doctor Laffey- insisto en que todos cenemos aqui. ?Estara eso bien?

– Adecuado -dijo Costa.

– Bien. Asi que ahora me voy corriendo…

– Antes de que se marche, quiero conocer a su esposa. ?Puede usted molestarse en presentarnos?

– Ethel cuidara de ello.

– Ocupara solo un minuto -Costa parecia ansioso en que fuese el doctor Laffey quien le presentara a mistress Laffey.

Lo que el doctor hizo. Y se fue despues.

Costa se sento junto a mistress Laffey, le hizo elogios de su bella casa y en lo bien que habian criado a su hija.

– La verdad es -comento Emma Laffey- que mi colaboracion en ambas cosas ha sido muy pequena.

– Querida senora, no puedo creer eso.

– Creo que quieren estar solos -dijo Ethel, empujando a Teddy por la puerta del jardin-. Ven, quiero que veas nuestras plantaciones de flores.

Cuando salian oyeron que Emma hablaba a Costa de su «debilidad». Era la primera vez en muchos anos que alguien estaba dispuesto a escucharla.

Algo preocupaba a Ethel. El periodico de la manana publicaba un articulo sobre el aumento en la comunidad de casos de enfermedades venereas. Sentia cierto dolor dentro de ella. Ernie nunca cerraba su puerta.

Reflexiono sobre contar la verdad a Teddy, pero decidio en contra.

– Tengo que admirar a tu padre -dijo-, su modo de hacer las cosas. Por su tradicion, ?sabes? Asi que he pensado que quiza no deberiamos…

– ?No deberiamos que?

– Hacer el amor otra vez hasta…

– ?Estas bromeando? ?Hasta cuando?

– Hasta que nos casemos. O, por lo menos, hasta que todo este convenido.

– Mantenme alejado, vamos a ver. -Teddy se echo a reir.

– ?Que encuentras tan divertido?

– ?Que es lo que hacen con los caballos? Me lo contaste en cierta ocasion.

– Oh, Teddy, se formal.

– ?Que es lo que les hacen? Les atan…

– Un cepillo rigido en la parte posterior de la barriga, asi que cuando el garanon… -Ella tambien se echo a reir.- Se conoce como la coraza del semental. Estarias tan gracioso con una de esas corazas…

– Haria muchas cosas por mi padre, pero tu has dado justo en el limite.

– Teddy, estoy hablando en serio. Asi, cuando nos casemos, sera mucho mas importante.

Teddy la atrajo hacia el y comenzo a besarla.

– Las mujeres controlan esas cosas -dijo el-. Vamos, controlame.

– ?Teddy! Cuidado. Se acerca tu padre.

Mistress Laffey y Costa habian salido de la casa. Costa la sujetaba por el codo y ella le miraba directamente a los ojos.

– Creo que mama esta coqueteando con tu papa -dijo Ethel.

– Yo soy feliz como la mayoria de la gente -estaba diciendo Emma-. Amo mi jardin y… mi habitacion y… a mi hija. -Vacilo y sonrio valientemente como exigia su tradicion.- Y espero no ser una carga demasiado pesada para el, para el doctor Laffey.

– Estoy seguro de que no.

– Hemos pasado epocas maravillosas. El doctor Laffey solia llevarme a Europa cada dos anos. Pero ultimamente ha estado demasiado ocupado.

– Hombre importante, ?que se puede hacer?

– ?Sabe usted que es lo que yo echo de menos en el mundo? Un viaje de compras como en los viejos tiempos haciamos. ?Oh, las compras que he llegado a hacer! -Comenzo a hablar muy rapidamente y con una animacion desacostumbrada. -Los franceses tienen articulos de piel muy suave. En Escocia son las lanas. Si usted ve algo que le gusta en una tienda, comprelo. Cuando volviera a buscarlo seguramente no lo encontraria. Recuerde, hay una temporada para esas cosas. Y en cuanto al regateo, en Inglaterra es tiempo perdido. Pero al este de Paris, se ofrece la mitad y hay que mantenerse firme. El doctor Laffey solia admirar mi habilidad para regatear -se echo a reir como una nina traviesa- pero se trata nada mas de ofrecer la mitad y mantenerse firme. Acuerdese.

– Es mi esposa quien se encarga de todas las compras en mi familia -dijo Costa.

– ?Que bien! Tengo muchas ganas de conocerla. Le ensenare algunos vestidos muy bonitos que tengo arriba. Muchos de ellos ni me los he puesto. Ni me los pondre probablemente. Aunque no he cambiado de talla.

– Mama -intervino Ethel-, mister Avaliotis no esta interesado en tu talla.

– ?Chiton! ?Ethel! -exclamo Costa-. Deja que hable la mujer, por el amor de Dios. Siga, por favor, mistress Laffey, ?su talla?

– Oh, no tiene importancia. Todavia tengo la seis. Seis de junior, no de senorita. Ethel, tiene talla de senorita. ?Ve usted que ella es mucho mas desarrollada?

– ?Mama! Seria mejor que fuesemos a buscar un lugar en donde poder alojarse, mister Avaliotis -dijo Ethel-. Antes de que los turistas no dejen sitio.

– No se preocupe, Ethel, siempre tienen una habitacion para mi. Vaya a donde vaya, querida mistress Laffey, la gente se preocupa por rni. No son ellos, es Dios. Dios se preocupa por mi. Yo le traere Su bendicion. Yo le pedire que le devuelva a usted la fortaleza, ya vera usted con que rapidez.

Se irguio apoyandose en los dedos de los pies y henchio su pecho de aire.

– Bueno, ?por que estamos esperando, muchacho? -le pregunto a Teddy.

– Te estamos esperando a ti -dijo Teddy-. ?A quien si no?

Costa se echo a reir.

– A veces se pone insolente con su padre, le contesta. Pero asi es su pais, mistress Laffey. Gracias a Dios, su hija entiende lo que es el respeto, ?no es verdad, Ethel?

– Algunas veces -dijo Ethel-. Vamonos o necesitaremos de verdad la ayuda de Dios.

Les llevo en el auto a algunos moteles que no complacieron a Costa.

– ?En donde hay un rio, agua, algo? -pregunto.

– Papa, por amor de Dios, esto es el desierto. Aqui el agua esta a trescientos metros por debajo del suelo.

– Hay un motel en Palm Canyon -dijo Ethel-. Aunque esta algo lejos. Alli hay una especie de arroyo.

– Especie de ?otra vez! -dijo Costa. Y al verlo, comento-: ?A esto le llama usted un rio?

– En la primavera baja lleno -dijo Ethel.

Habia un motel prefabricado. Costa hizo una mueca.

– Creo que es mejor que tomemos habitacion aqui, mister Avaliotis -dijo Ethel-, si es que queda alguna.

Firmaron el registro y Ethel se disculpo entonces para que los dos hombres pudieran afeitarse y lavarse.

– Tengo un problema -Costa dijo a Ethel-. No hay auto.

– Vendre a recogerlos a las seis y les traere otra vez despues de la cena -dijo Ethel.

– No, ahora. Pocos minutos. Debo encontrar una tienda.

– Yo tengo lo necesario para afeitarse, papa. ?Que es lo que necesitas?

– Quiero comprar algo para la querida mama -dijo Costa a Ethel.

Вы читаете Actos De Amor
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату