– Eso es lo que dijiste aquella manana, y como lo dijiste. Cuando yo me aprete contra ti y tu te apartaste, dijiste eso con la misma voz que empleas cuando das ordenes a tu mozo. «?No hagas eso!»
– No soy tan boba -respondio Ethel-. Pero todavia puedo oir como lo dijiste.
– Querida mia, no insistas en una explicacion mas grafica; podrias avergonzarme. -Seguia riendo. – Y hasta tu podrias sentir verguenza. Corramos una cortina suavemente, tal como hemos de hacer de vez en cuando sobre tantas cosas, y sigamos.
– Al dia siguiente me recordaste, con mucha gentileza, que yo era una nina adoptada, hecho que raramente habias mencionado anteriormente.
– ?Y que otra cosa podia decir sobre este hecho? Te lo dije cuando tenias cinco o quiza cuatro anos. Me acuerdo de ese dia. Te dije: «Mama y yo queriamos un hijo, asi que buscamos y buscamos y que encontramos… ?que crees tu?» Y tu respondiste: «?Un gatito?» -Se echo a reir. – Eras tan graciosa… ?Te acuerdas?
– Yo tenia razon. Un animal favorito domestico. ?Por que no adoptaste un gatito en vez de adoptarme a mi?
– Oh, vamos… En realidad, el hecho de que fueses adoptada nunca fue importante para mi.
– Pero para mi si se convirtio en importante. La razon por la que estoy hablando ahora de todo esto, es para decirte que no te preocupes por mi. Ahora estoy muy bien. Desde que conoci a Teddy he superado un monton de cosas. Todo lo que tengo que decirte, mientras desaparezco por el horizonte arrastrandome hacia el sol poniente, es: «?Gracias por prestarme tu nombre! ?Tomalo! Te lo devuelvo.»
– No vas a librarte
– Voy a casarme tan pronto como pueda.
– Bueno, me tienes en ascuas por saberlo todo sobre el. -Miro su reloj de pulsera. – Dentro de veinticinco minutos la puesta de sol.
De nuevo miro la pila de vestidos en el suelo.
– Si no te importa, y supongo que no -dijo-, le dire a Manuel que embale todo esto en cajas especiales protegidas del polvo. Las almacenaremos en el desvan y…
– Papa, no deseo ver nunca mas todo esto.
– No tendras que hacerlo. No, hasta el dia, dentro de muchos, muchos anos, cuando yo chochee y este debil y necesitando desesperadamente recuerdos gratos. Entonces abriremos las cajas en presencia de mis nietos. Sera tan divertido… Le dire a Manuel lo que tiene que hacer. Ahora, ?estas segura de que no quieres venir conmigo? Han extendido la pista hasta la cima de la segunda loma. Es salvaje y bello y no hay ni un amropoide a la vista. Vamos. Por favor. -Ella sacudio la cabeza. El seguia insistiendo. – En recuerdo de los viejos tiempos. ?Por mi!
– Papa, no he montado un caballo durante cinco anos. Odio a esos animales y… por favor, no me atosigues.
Ed Laffey no lo hizo. Salio, siempre sonriente, con su confianza intacta.
De pie todavia en medio del espacio del que la luz se iba desvaneciendo, Ethel oyo abajo el eco de las energias de su padre: un portazo, su voz llamando a Manuel, y algo mas tarde, gritando a Diego, el muchacho del establo. Ahora Ethel espero, inmovil todavia, hasta que oyo los cascos de su caballo cruzando el espacio de proteccion contra el ganado y cruzando la abertura en la valla por donde la propiedad bordeaba el camino hacia la loma.
Unicamente cuando estuvo muy segura de que su padre se habia alejado por el desierto, llamo a Manuel y Carlita para que vinieran a recoger las fotografias y los papeles para ser quemados.
– ?Tambien los marcos, miss
– Todo. ?Rapidamente! Los vestidos y todo, es vuestro. Haced lo que querais con todo ello.
– ?Le pregunto usted a su padre? -inquirio Manuel.
– Maldita sea, no se lo pregunte.
– Es que el dijo…
– No me importa lo que el dijera.
– Me dijo que ya me indicaria lo que debia hacer…
– Ahora soy yo quien te dice lo que debes hacer. ?Vas a hacerlo?
La pareja se miro.
– Yo creo que ella no tiene por que pedir permiso -murmuro Carlita, los ojos puestos en los vestidos.
De pronto Ethel se vio abrumada por las expresiones de agradecimiento.
– Hay suficientes vestidos para todo un pueblo -dijo Carlita, recogiendo grandes brazadas y saliendo a escape de la habitacion-. ?Ven, Manuel, ven!
Cuando se lo hubieron llevado todo y el suelo estaba tan liso como las paredes, Ethel se echo en la cama. Estaba temblando.
Su telefono princesa, esa pequena bruja de color rosado, tan confortable en su cuna, encontro divertida la inquietud de Ethel y se atrevio a ofrecer consejo, revelando al hacerlo, un caracter vulgar y totalmente inesperado.
– Oye, tia, ?por que tanto calor y tanta inquietud? Deja que ellos se preocupen y digan cosas imperdonables. Tu, fresca como si nada. Tu les haces esa sonrisita torcida. Mirame a mi. ?Te das cuenta? Que me griten cuanto quieran, ?has visto alguna vez que yo cambie mi expresion? Todo lo que tienes que soportar todavia son dos dias mas. Despues te iras de aqui. Desapareceras para el resto de tu vida. ?Por que discutir y vociferar? ?Dos dias! Procura hacer algo bien por lo menos una vez en tu vida. Como esta noche, cena con tu papaito y se dulce, y femenina, se coqueta. Besale en vez de una, dos veces, dile que guapo es y cuanto te gusta su salsa de carne, hasta puedes decirle cuanto sientes haber quemado las malditas fotografias sin haberle pedido permiso. ?Que diferencia hay? Ya se han quemado, ?no es verdad? Entonces dile que deseas te aconseje sobre los hombres, otros hombres. Esto siempre les hace caer. Y cuando te de el consejo, asiente y sonrie y dile «?oh!», asi mismo. «?Oh!» y «?Oh, si» y «?Oh, ya veo!» y «?Oh, naturalmente!» y «?Oh, por que no pensaria yo en eso!», y hasta puedes llegar a decirle: «?Oh, papi, papaito, ?que haria yo sin ti?» Se lo tragara todo. Sigue el palo por ti. Todavia puedes sacar lo que quieras de ese hombre. Nena, es una vida de cono. En vez de pelear, sonreimos, fingimos estarde acuerdo, y hacemos lo que nos da la gana. O les hacemos creer que somos estupidas y nos ahogamos en nuestra abrumadora adoracion como heroes. Algunas chicas se salen con la suya y esto es todo lo que saben hacer. Por esto la naturaleza nos hizo mas bajitas, para poder admirarlos en su altura. Y por esto hizo a los hombres ingenuos: para que nunca sospecharan que despues que nos han dejado en casa, nosotras tenemos otra cita. Pero debemos guardar siempre esa apariencia rosada y tranquila. Hemos de despertar la curiosidad de esos necios sementales, sobre lo que nosotras estamos pensando realmente. ?Ah, ese es el misterio de la vida, ah, sobre eso escriben canciones! ?Me estas escuchando? Ahora no vayas a quedarte dormida mientras te hablo. Pasa como puedas esta tarde. Entonces, antes de que te des cuenta, Teddy ya estara aqui, y con el ese viejo loco griego. Eso va a ser el acontecimiento principal. Costa Avaliotis contra el doctor Edward Laffey. Sientate y contempla el espectaculo, chiquilla; tu tienes el mejor asiento. Tu eres el primer premio, nena. Todo lo que tu debes hacer es quedarte tranquila y estar atractiva. Y cuando sientas que estas otra vez a punto de subirte por las paredes con tus histerias de nina, acuerdate de mi aqui repantigada e indiferente, con mi color rosado, y di para ti misma: solo son un par de dias en la vida de una hembra.
El hogar de los Laffey desde la carretera general presentaba el aspecto de una pared construida con un material basicamente de cemento, cuyo color natural se habia avivado con un tono de ocre. Una hilera de pequenas puerta-ventanas se abria en la pared a la altura de un piso, pero no habia puerta de entrada visible. Se veia la avenida que rodeaba la casa y desaparecia por detras de ella.
Habia la entrada y un espacio en forma de U, pensado para refugio y esparcimiento familiar, naturalmente inspirada en el patio interior de una hacienda mexicana. Simetricamente, a cada lado de la imponente puerta de entrada habia dos ventanas, del suelo al techo, de doble puerta, que daban a terrazas identicas bordeadas de flores. Una
