»Yo era muchachito entonces. Pero mi hermano era fuerte, y aprende rapidamente a pescar esponjas. Despues, me ensena. Entonces algo terrible sucede. Muere mi hermano. Aquel dia no se vigilo la helice y la helice corto el conducto de aire. Mi hermano en el fondo con pesos de plomo en los pies. Acabado. Asi que mi padre dice, ven, ocupa su lugar. Yo empiezo a ir abajo. Diez brazas. Mas. Pronto traigo mucha abundancia, un dia doscientas setenta y cuatro piezas.

– Esto es mucho -dijo el padre Corrigan-, ?no es verdad?

– Si, es mucho, mucho. Cuando se suben doscientas, hay que ver, como uno se siente despues. Me inclino contra la corriente, abajo hay una fuerte corriente, ?entiende?, se lo ensenare, vea, asi, asi mismo, nunca me detengo, las recojo, las recojo, las recojo…

– Debe de ser un trabajo duro -comento el sacerdote.

– Esto es lo que estoy diciendole. Pero esta bien. Yo entiendo en seguida America. Se trabaja duro aqui, se gana la vida. En Grecia, se trabaja duro, se trabaja mucho, y tambien se muere pobre. Aqui yo tengo mi propia casa, tengo mucho tiempo, encuentro una esposa agradable, una chica griega, del distrito de Astoria, en Queens. Ella me da un hijo. Y se acabo. ?Quien sabe por que? Preguntemos a Dios. ?Ha visto usted a mi chico?

– ?Un buen chico!

– ?Y tanto! Mi padre me crio de cierta manera, yo crio a este chico lo mismo. Teddy. Nombre real Theophilactos, significa «sigue a Dios», ?entiende usted?

– Parece un muchacho temeroso de Dios…

– El no teme a nadie. ?Oficial, de la Marina de Estados Unidos! ?Tercera clase!

– El doctor Laffey me ha dicho que usted suele ir a la iglesia griega ortodoxa; me ha dicho que es muy devoto.

– Yo soy un hombre religioso, no voy a la iglesia. Ahora tenemos sacerdote nuevo, ?es como una mujer! ?Tambien tienen mujeres en los comites! ?Tambien hay bingo! ?Bingo, por el amor de Dios! Yo le digo a este sacerdote, el proximo domingo toma dinero de la iglesia, ve a las carreras de galgos, juega, ?es lo mismo! Muchos sacerdotes, ?sabe usted?, jugadores. Demasiado ricos, demasiado gordos, perdone, nada personal, veo que usted come mucho.

El padre Corrigan dejo el queso en la mesa.

– Quiero hablarle de los Laffey -dijo.

– He hablado con ellos tres dias -dijo Costa-. Hombre inteligente, mucho dinero, esposa distinguida, demasiado enferma, hija que ama a mi hijo, ya lo veo, hasta aqui todo bien.

– Quisiera hablarle a usted de la fe de los Laffey -dijo el sacerdote.

– ?Por que no? Pero antes usted ha de comprender algunas cosas de mi fe. ?De acuerdo?

– Naturalmente.

– ?Primera cosa! La simiente la lleva el padre, ?no tengo razon?

– ?Que? ?Oh! Si. Si.

– Si. Tambien el padre pone simiente en el cuerpo de la mujer, aqui, ?no es verdad? -Costa ilustro con un gesto.- Alli encuentra hogar y crece nueve meses. Todo eso ya lo sabe usted.

– Bueno, realmente, esta no es la actual actitud cientifica…

– El problema con su religion, querido senor, es que los sacerdotes no se casan. Nuestros sacerdotes se casan, etcetera, etcetera, tienen hijos, sabe que tiene simiente, la ve muchas veces.

– Estoy hablando de ciencia.

– No necesito que la ciencia se meta en este tema. Usted debe confiar en la gente del mundo que tienen su experiencia de la vida, ?verdad?

– Es bien sabido; cada emisora de television tiene programas cientificos…

– ?Quien puso la semilla en el cuerpo de Maria, ahi mismo?

– ?Maria quien? ?Ahi mismo, donde?

– ?Que le pasa a usted, que le pasa, amable sacerdote? Maria, madre de Dios, ?quien puso la semilla ahi mismo, en su cuerpo?

– Bueno, fue Dios, naturalmente.

– ?Correcto, por una vez! Dios. -Pero…

– Nada de peros. Jesus hijo de Dios. No hijo de Maria. Hijo de Dios, ninguna cuestion de ir a medias. Estamos creados a la imagen de Dios, ?hijo mio! ?A la imagen de Dios! Deberia usted leer la Biblia, amigo mio…

– Conozco muy bien la Biblia…

– Ha venido a convencerme de algo, ?verdad?

– Unicamente esto: ?no cree usted que deberia tener alguna consideracion para el doctor Laffey y su familia y su…?

– Yo no veo ninguna familia aqui. Les hacemos favor de llevar su hija a nuestra familia. No los necesitamos, ?ellos nos necesitan a nosotros!

– Yo no creo que un lado necesite al otro.

– Entonces, ?por que me han pedido que venga? Vengo de Florida, muchas chicas griegas para mi hijo alli. Pero el quiere esta. Muy bien. Vengo aqui para proteger a mi familia. Esa es mi mision. Usted se preocupa de sus asuntos, padre, de un modo mejor. ?Conmigo pierde el tiempo!

El padre Corrigan habia llegado a la misma conclusion. Suspiro profundamente. Dudaba en tener suficiente fortaleza para continuar este absurdo debate. Pero hizo una ultima tentativa.

– Confiaba en que usted quisiera escucharme durante algunos minutos…

– ?Por que no? Pero hemos de decir la verdad, ?de acuerdo?

– Esto es lo que me propongo hacer. Estamos viviendo, ya se habra dado cuenta, en una democracia, lo que significa que vivimos en condiciones de igualdad, cada uno tiene sus derechos. Asi que lo que proponernos es que haya dos ceremonias de casamiento, una en su…

– Mi querido amigo, digame la verdad. ?Va miss Ethel a su iglesia?

– Fue a la escuela dominical.

– Hablo de ahora. ?Va ahora?

– No lo se realmente.

– Usted sabe. Ella me dijo a mi. ?Nada! Ella me dijo que se casa con mi hijo si su padre dice de acuerdo y tambien si su padre dice que no de acuerdo. ?Que clase de creencia es esa? Tiene suerte que mi hijo la quiera. Ella no cree en nada. Ella no escucha a su padre. ?Por que? Puedo oler lo que esta ocurriendo ahi. Se lo que ella es. Ella no es chica limpia. ?Tengo razon?

– Oh, vamos…

– Usted escuchaba su confesion, etcetera. Digame la verdad.

– Oh, vamos, vamos. Nosotros no podemos revelar…

– No necesito su opinion sobre eso. Tengo mucha experiencia, conozco muchas mujeres, mucho tiempo. Chicas frivolas, etcetera, etcetera. Gameso. -Un gesto.- ?Entiende lo que quiero decir? -Otro gesto.- Pero esta chica, cuando se case con mi hijo, yo la ayudare. Yo la ensenare de modo adecuado. Ese sera mi regalo para ella.

Ante estas palabras, el sacerdote perdio el control.

– Mister Avaliotis, usted es el hombre mas fanatico y arrogante y, sin ninguna duda, el mas intolerante que yo haya podido conocer en toda mi vida.

– De acuerdo, acepto insultos de sacerdotes. Pero Dios sabe que mi corazon es bueno. El me escucha cuando rezo…

– Voy a recomendar al doctor Laffey que use de toda la influencia que pueda para que Ethel no siga adelante con este proyecto…

– Coma un poco mas de queso.

– No, gracias -dijo el padre Corrigan, y salio de la cocina.

En el jardin, junto a la piscina, Ethel estaba colocando una rosa diminuta en el ojal de la solapa de su padre.

– Hoy he llamado a mi ginecologo -decia Ethel-. Su linea telefonica no funciona.

– Ha ganado tanto dinero -respondio Ed Laffey- que ya no ha podido esforzarse en trabajar mas tiempo.

– ?Puedes recomendarme otro?

– Esta mi viejo companero de bridge Julian Moseley; ha estado alguna vez aqui en casa.

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