Ed Laffey llego tarde a su gabinete, miro rapidamente el correo, llamo a su secretaria y le dio instrucciones para cancelar las dos operaciones que tenia programadas para ese dia.
– ?Que razon debo alegar? -pregunto ella.
– Que si tuviera que operar hoy, el cuchillo me resbalaria. Ahora llame al club de tenis, quiero hablar con el profesor.
Ese fue todo su trabajo en la oficina. Volvio a casa, se cambio y se puso un pantalon corto y alpargatas, miro si Ethel estaba en su cuarto, y la busco despues por la casa y los alrededores. Finalmente llamo a Manuel.
– Diego me ha dicho que ha salido a caballo -informo Manuel-. Se llevo
– Digale que deje inmediatamente lo que este haciendo y que suba aqui. Volvere dentro de diez minutos.
Monto en su «Mercedes». Siempre llevaba unos prismaticos y una pistola en la guantera. Cuando llego al mirador de la segunda colina se subio encima del auto y barrio el area con los primaticos. No habia rastro de Ethel.
Cuando regreso, Diego estaba esperandolo.
– ?Te dije que nadie debia montar nunca ese animal excepto yo, Diego!
– ?Ha tratado usted alguna vez de detener a esa muchacha?
Diego era un hombre bajo y delgado, parecido a un antiguo jockey, y quiza lo habia sido; nadie sabia nada de su pasado. A sus cincuenta y seis anos tenia la cara surcada de profundas arrugas.
– ?Donde esta ella ahora?
– Se fue por ese camino hacia alguna parte. Llevando unos viejos pantalones mios. Se ha puesto mis malditos pantalones sucios. Yo le he dicho: «Su padre se va a enfadar mucho conmigo si usted se lleva ese caballo.» No quiero repetirle lo que me respondio. Algo que significa que me preocupe de mis propios problemas. Incluyendolo a usted, senor.
– ?Se porto bien la yegua?
– Yo le dije: «No le gusta que la monte nadie, esa
– Detenerla. Lo mismo que hubieras hecho si hubiese sido tu hija.
– ?Quiere decir detenerla por la fuerza?
El doctor Laffey penso si debia salir a caballo para buscar a Ethel. Ella podia necesitar ayuda. Pero sabia tambien que en el estado de animo actual de Ethel, su acto podia ser interpretado como interferencia, y no preocupacion, y ella se molestaria todavia mas.
En el club, pidio al profesor que se quedaran a un extremo de la pista. Durante media hora estuvo lanzando voleos altos y se sintio mejor.
Ethel no habia regresado todavia cuando el llego a casa.
Ed llamo a su amigo, el ginecologo.
– Tome una muestra, Edward. Absolutamente negativo.
– Debe de haberse sentido aliviada.
– No sabria decirlo. Puede ser que me haya metido en tu jurisdiccion, Edward. Le he dicho: «El castigo real por infidelidad es esa ansiedad que has tenido que sufrir. Y ahora dime con franqueza, ?crees que valia la pena?»
– ?Y…?
– Textual: «?Valia la pena, ya lo creo!»
– Oh, Julian, lo dijo por resentimiento. Va a casarse. ?Te lo ha dicho? Con otro.
– Me lo dijo, Edward, he conocido a esa chica desde que era una nina y jugaba en el suelo. Recuerdo como solia sentarse en tu regazo y como te miraba. Dios y su angel. Y como miraba a todos los demas, como si quisieran robarte de ella. ?Que sucedio con todo eso? ?Que le sucedio a ella? ?Es Ethel la misma persona? Antes de que sea demasiado tarde, Edward, deberiais tener una conversacion honesta, de corazon a corazon. Todavia hay normas de conducta, ?no es asi? ?Maldita sea…!
Y colgo el telefono.
Ed tuvo que admirar a Ethel por no mostrarse humilde.
Cuando ella volvio de su paseo, Ed estaba en la piscina, y se sintio muy feliz cuando se reunio con el.
– Teddy se quedo muy impresionado al verte en el aeropuerto -dijo Ethel-. Fue muy generoso por tu parte, me dijo, y yo no se apreciarte, me dijo tambien. Me lleve una buena reganina.
– Vaya, ese es un aspecto de Teddy que yo no supe apreciar.
– He pensado que podriamos pasar esta ultima noche juntos y me gustaria alegrarme un poco. Quiero decir, beber graciosa e inteligentemente, como camaradas. ?Te gustaria?
– ?Es a Teddy a quien debo esta amable oferta?
– Fue idea suya y ahora es idea mia. No hago automaticamente todo lo que el me dice, ?sabes? ?Beberemos juntos esta noche, papa, es nuestro viejo hogar? ?Nuestra fiesta de despedida?
Aquella noche, despues que su madre hubo apagado la television, y murmurando excusas se habia ido a la cama, Ethel y su padre se tragaron algo mas de un litro. Hablaron como dos amigos que no se necesitan mutuamente, ni aprobacion ni afecto, y se sintieron por ello completa y sorprendentemente amistosos.
– ?No crees que, aunque no lo quieras, te gusta? -Ethel estaba hablando de Costa.- ?De alguna manera?
– ?Que es lo que ha de gustarme de el? -pregunto Ed.
– Su olor, por ejemplo. Es seductor, vagamente extranjero, muy romantico.
– Yo he olido a sudor.
– Si, un poco. Pero tambien algo mas… ?Canela? ?Ajo? Teddy me ha contado que los griegos viejos a veces se comen ajos enteros.
– Sudor -repitio Ed.
– Es verdad, el sudor esta saturado agradablemente de esos olores.
– Estas emborrachandote.
– No del modo que quisiera. Sigamos.
– Voy a llenarme el vaso otra vez. ?Quieres que llene el tuyo?
– Si. Esta noche vamos a derribar una o dos paredes, papa. Quizas es tu ultima oportunidad.
– Bueno, voy a decirte la verdad. Es estupido. No me gusta la gente estupida. ?Y si dijera «ingenuo»? Es una palabra mas amable. ?Te va bien «ingenuo»? Confia tanto en todas esas bobadas que predica…
– Es el unico hombre que he conocido que cree en algo.
– Que tonteria -dijo Ed, entregandole su bebida.
– Bueno, brindemos por… ?Cuales son tus esperanzas, papa?
– Como tu has dicho, ninguna. Y en cuanto a ese viejo, lo que yo veo es estupidez y energia. Y esa combinacion francamente la encuentro muy dificil de tolerar. Y ese bastardo es un maton. Te va a pedir que renuncies a lo que tu menos quieres renunciar.
– ?Como seria…?
– Tu independencia.
– ?De que independencia estas hablando?
– Unicamente hay una. Una familia como esa es algo espantoso. Te vas a encontrar en una prision sin ventanas.
– ?Es eso lo que tu me predices?
Ed bebio de un trago la bebida fresca que se habia preparado.
– A proposito -dijo-, esta tarde te fuiste en un caballo muy malo.
– Acabamos gustandonos mutuamente. Esa yegua es como yo misma me siento.
– Ahora, ?quieres saber lo que voy a predecirte?
– Si.
– Necesito otro trago para adquirir condicion profetica.
