atendiendo a nuestros asuntos legales, ella y yo pasabamos noches en este motel en las afueras de la ciudad. Pero, y ahi hubo el problema, el solia llamarla a las once desde Phoenix. Era su ritual de buenas noches. De modo que a las diez y treinta y cinco ella debia dejarme para ir a casa a esperar la llamada del marido, y alli me quedaba yo solo con Johnny Carson. Ni tan solo podiamos salir juntos de alli, pues no podiamos arriesgarnos a que nos vieran juntos, aunque fuese por un instante. Ella se ha cansado de eso… y yo no la culpo. ?Lo harias tu?
– No, no podria.
– Me dijo que era demasiado mayor, demasiado bonita y demasiado rica para ese tipo de enredos. Y que ya habia durado demasiado… ?cuatro anos! Asi que me dio su ultimatum. Ella estaba dispuesta a obtener su divorcio. ?Lo estaba yo tambien? ?Que esperabas que dijera?
– Espero que le dirias que tu tambien tendrias tu divorcio inmediatamente.
– ?Esa es mi querida hija!
– ?Que le dijiste entonces?
– Le dije adios. ?Puedes imaginarme, por muy sinverguenza que sea, diciendole a tu madre, a tu mujer crucificada, que voy a abandonarla? ?Ahora? Seria mejor que la degollara. Moriria; no dentro de un ano, que parece ser tu plazo, sino dentro de una semana. Y yo seria el asesino a los ojos de todos. Incluyendo los tuyos.
– Los mios no.
– Hace tan solo dos minutos lo has dicho.
– Lo que siento es que no hubieras roto hace mucho tiempo, cuando ella hubiera podido… -Ethel se detuvo.
– ?Hubiera podido que? ?Responde! No puedes. Ese momento no existio. Y no sientas lastima por mi. Porque, ya que esta noche estamos diciendo ia verdad, yo no lo siento. No siento lastima de mi. He estado con Martha Hoag cuatro anos y… ?estamos diciendo la verdad, no es asi…? y me gustaria, lo creas o no, me gustaria una mujer mas joven.
– Martha es mas joven que…
– Unicamente seis anos. Y tambien, en muchos aspectos, mucho mas vieja. Esta ajustandose en todo. Por otra parte, yo no soy todavia un hombre viejo. Hablo cientificamente, graficos y examenes. Presion sanguinea uno quince sobre setenta, todos los organos internos en perfecto estado, la piel de un muchacho. ?Tienes alguna idea, mi querida y presuntuosa hija, de cuanta energia acumulada tiene tu padre? Soy el mejor jugador de tenis del club por encima de los treinta. No puedo vencer a los jovencitos, pero a todos los otros… Juego tres partidas de
– No estoy riendo.
Ed se habia acercado al bar y se servia otro vaso.
– Se lo que estas pensando -dijo Ed, vuelto de espaldas-. Pero estas equivocada. Vosotros los jovenes sois tan mandones, tan mecanicos. Podria hacerlo cada noche si tuviera la chica adecuada que me deseara. Esto es todo lo que se necesitaria, alguien que yo quisiera que me deseara.
– Papa, espero que la encuentres.
– Y creeme, si no doy con esa cosa autentica, buscare y pagare bien a la chica que lo finja. Le pagare siguiendo una escala de valores: cuanto mas alto sea el nivel de su comedia, tanto mas sera el dinero que yo le de. Despues de todo, esa tecnica, el convencer a alguna persona que se esta viendo todos los dias de que es tan deseable como lo fue al principio, eso es el matrimonio en esencia, ?no crees? ?Para una mujer? Martha ha estado haciendo ese papel con Millard desde… por lo menos durante nuestros cuatro anos. Cada vez que el regresaba a casa, de vuelta de Phoenix, ella preparaba su escena. «?Como te fue la pasada noche?», solia preguntarle yo. «Muy convincente, creo», me respondia ella. Entonces me contaba, porque yo sentia curiosidad, como se las arreglaba para reafirmar a su marido de que ella era todavia apasionada y el todavia era deseable. Pero sucedio algo singular. Esas mismas tecnicas, los trucos del negocio del matrimonio, comenzaron a surgir en nuestra relacion. Yo estaba preparado para ellas; de hecho, las estaba esperando. Asi que cuando vino esa tarde con su ultimatum, no pude evitar el pensar: Martha, carino mio, este papelito hubieras debido hacerlo hace tres anos, cuando la cosa era autentica. En aquella epoca yo me hubiera precipitado a ver un abogado para el divorcio. Y dejar que sucediera lo que debiera suceder a tu madre. Pero, pasar de un ritual establecido a otro, ?no! Voy a decirte que si encuentro a alguien que logre reavivar mi vida, voy a dedicarsela enteramente, renunciare a mi profesion, cerrare mi gabinete, arrancare mi placa, y borrare mi nombre del listin telefonico. Tengo algunas rentas, bonos libres de impuestos; no soy escandalosamente rico, pero tengo todo el dinero que pueda menester en mi vida. No trabajaria ni un dia mas de mi vida. Viajaria y leeria, volveria a la escuela, exploraria las regiones de la Tierra y las razas humanas, iria al Africa y a la China, aprenderia a tocar el piano y me consideraria a mi mismo con asombro, otra vez… pero aqui estoy, victima de una perdonavidas.
– ?Madre?
– ?Una perdonavidas! Me esta amenazando todos los dias.
– ?Con que?
– ?Con el suicidio! Envia a Manuel a comprar pastillas para dormir. Por gruesas. Afortunadamente yo tengo una gran influencia sobre Manuel y el me lo cuenta inmediatamente. Le entrego pastillas inocuas, de todos los colores, y Manuel se las da a ella. La noche antes de que tu vinieras se tomo cuarenta de una vez, vacio el frasco. Cuando volvi a casa la encontre en el bano, con la piel blanca e hinchada. Habia estado en la banera, durante horas, esperando que mis pastillas le hicieran efecto. Lo que me dijo es que no tenia fuerzas para salir de la banera. ?Has intentado alguna vez levantar el peso muerto de una mujer, resbaladiza, para sacarlo de una banera con agua tibia?
– ?Cuanto tiempo habia estado alli?
– No hay manera de saberlo. Su piel estaba blanda. Veo que eso te sorprende. Me alegro. Pero lo peor de todo ello, para mi, es que estoy atrapado psicologicamente. Dime por que he de pasarme la vida en las arenas movedizas de la culpabilidad, viviendo con una persona que me esta acusando continuamente con cada una de sus actitudes, palabras y miradas. No se por que te estoy contando todo esto; no te importa un comino.
– Papa, si me importa.
– No te creo. Si te importase ya habrias notado algo de todo lo que te he contado hace muchos anos. Su arma mas cruel es su bondad y su paciencia. No importa lo tarde que yo vuelva a casa, ella siempre me espera. O se ha dormido, en el sofa de abajo, sin haberse desnudado todavia. Y en su rostro hay todavia la expresion de una sonrisa santificada. Asi yo podre saber, al mismo tiempo, que vuelvo a casa muy tarde, pero que ella me ha perdonado. Asi que entonces yo debo despertar a la martir, que es una perdonavidas, llevarla arriba y ponerla en la cama. Alli, por unos instantes, ella se reanima, y me dice algo por el estilo de: «?Y como has pasado el dia, carino?» Conversacion normal entre marido y mujer, ?sabes?, a la que yo, naturalmente, no puedo responder. No puedo contarle que he estado con Martha, ?no crees? Bueno, todo eso ha terminado. Pero, ?que puedo decir? Intento encontrar alguna respuesta, hablarle de alguna operacion y cosas parecidas. Pero ella ya se ha dormido, con esa sonrisa de todo-perdonado, a la mitad de mi segunda frase. Asi que, finalmente, acabo de desnudarla y meterla en la cama y ella dice: «Arropame bien, carino.» Me llama carino, como solia hacerlo de recien casados. «?Arropame bien, carino!» Ya se que a ti te parecere muy cruel, pero ya no me importa en absoluto.
– Lo siento por ella y lo siento por ti.
– ?Solo eres capaz de eso! ?Que Dios te bendiga! Pero, a lo mejor, hasta podrias darte cuenta de que cuando se hace la martir lo que esta haciendo en realidad es castigarme a mi. Cuando adopta ese papel de victima, tan paciente, tan generosa, soportando la increible villania de un hombre que… ?Como? ?Que has dicho?
Ed Laffey estaba en el bar.
– No he dicho nada -dijo Ethel.
– Bueno, pues di algo ?por el arnor de Dios! -vocifero Ed-. ?Respondeme! ?No te das cuenta?
– Si, me doy cuenta.
– Lo dudo. Lo dudo realmente.
El doctor se sirvio un doble.
– Me acuerdo continuamente de mi padre -dijo Ed Laffey-. Hacia el final de su vida la sangre no le circulaba. Primero se le enfriaban los pies, se le entumecian y se le ponian verdes. Los medicos le amputaron una pierna
