– Me gustaria que lo hiciera.

– Enfadate. Desahogate. Te sentiras mejor. Yo necesito un trago. ?Y tu?

Tomaron unos cuantos tragos en el alojamiento del oficial, y despues el viejo lobo de mar se quito la camisa y mostro a Teddy sus tatuajes.

A la manana siguiente llego una carta.

Querido mio:

Siento haberte preocupado. Por favor no te enfades. He venido aqui para hablar con tu padre. Confio en el mas que en nadie que conozca. Ahora estoy mas tranquila porque estoy cerca de el. Hasta he imaginado un par de cosas.

La Marina no ha resultado ser lo que yo esperaba. Lo que yo hacia, en mayor parte, era memorizar listas de nombres y cifras, asi como aprender a leer cuadrantes. No tenia mucho que ver con el mar. Como ese destructor clavado en tierra de la base.

Pero a ti te va bien. Asi que me pregunte: «?No se sentiria el mejor viviendo en los barracones, tal como hacia antes de que yo viniera a complicar su vida?»

Tu estudias mejor si no me tienes cerca. Yo he estado estorbandote. Tu no me lo has dicho porque eres un santo.

?Cuando regresare? No lo se. Diles que la Reina no ira al baile.

Te amo y siempre te amare.

Ethel

El oficial de educacion habia preparado a Teddy para una carta en ese estilo, lo habia preparado para que se pusiera furioso, y sentir que la ira era un alivio. Estaba durmiendo perfectamente cuando el telefono lo desperto a las dos y media de la manana siguiente.

Era Noola. Cobro revertido.

– ?Que sucedio? -le pregunto en voz baja.

– No te preocupes por mi, mama -dijo Teddy-. Estoy bien.

– Pero, ?que sucedio? Ella esta aqui, pero no cuenta nada. ?Por que te abandono de pronto?

– Dice que esta preparando algo.

– ?Y que quiere decir eso?

– Preparando algo en su mente, mama, imaginando. Y no me preguntes el que. Pero yo estoy bien, asi que no te preocupes.

En Florida eran las cinco y media. Noola se habia levantado muy temprano aquella manana para que su llamada telefonica a Teddy fuese privada.

Todas las mananas, el primer deber de Noola consistia en preparar un suministro fresco de yogur. Hirvio la leche, recordando a Ethel cuando irrumpio en su casa, la penultima noche. Costa se habia mostrado comprensivo.

– Las mujeres deberian estar con la familia -dijo.

Mientras ponia la leche caliente en los tarritos, Noola estuvo pensando en como se habia mostrado cortes a pesar de lo que sentia. Cuando mezclo las cucharadas de yogur restante del dia anterior se acordo de la expresion desesperada en el rostro de Ethel cuando salia del taxi que la habia traido desde el aeropuerto de Tampa. «?Cuanto debia de costar un taxi desde alli hasta Mangrove Still?», estuvo pensando Noola. Cubrio los tarros llenos con viejos panos de cocina. No le gustaba lo que Ethel habia hecho, y a pesar de lo que Teddy dijera, no seguia gustandole.

Costa habia anunciado que aquella manana ensenaria la ciudad a Ethel, y sus instrucciones para Noola fueron:

– Mi traje negro, ?tenlo dispuesto!

Hacia demasiado calor para ese traje, pero Noola hacia tiempo que habia renunciado a intentar convencer a Costa de nada. Desde que Ethel habia llegado, se habia mostrado todavia mas dominante.

Cuando oyo a su marido grunendo y suspirando en su habitacion -el primer sonido que Costa dejaba oir cada manana era una queja al Destino- se apresuro a preparar el cafe. Costa exigia que estuviera a punto cuando el entraba en la cocina.

Si, la presencia de Ethel en la casa era un enigma; su hijo no le habia aclarado nada. Pero Noola le conocia bien la voz y sabia cuando estaba inquieto.

– Cafe -dijo Costa entrando en la cocina.

Ella se acerco arrastrando los pies en sus zapatillas, y cogiendo una taza por el camino.

– Hoy le ensenare Tarpon -dijo Costa.

– ?Y que hay que ver? -comento Noola-. ?Una calle a lo largo del muelle, algunas tiendas viejas y ese parque lleno de vagabundos!

– Le explicare, cuando caminemos por el muelle, lo que era antes. Se lo explicare de tal modo que ella vea como era en los viejos tiempos. ?Planchaste mi traje?

– Costa -le dijo la mujer-, ?un traje negro con este calor?

– ?Quien va a llevarlo, tu o yo?

Ella instalo la tabla de planchar.

– ?Tienes camisa limpia para mi?

– En el cajon de tu comoda.

Unos momentos despues, Costa regreso con la camisa y le enseno, como si ella lo hubiera arrancado expresamente, el lugar en donde faltaba un boton. Su gesto, al senalar ese lugar vacio, hacia innecesaria una reprimenda.

– Hoy comere un par de huevos, dos, no uno -dijo Costa.

Noola puso los huevos a hervir. Corto con los dientes una hebra de hilo blanco y puso el extremo en su boca afinandolo lo suficiente para que pasara por el ojo de la aguja de coser. Necesito lentes para hacerlo; los ojos habian estado escociendole.

– Hoy hay que pagar el dinero de la hipoteca -dijo.

– Pagalo, pues.

– No lo tengo.

– ?Cuanto piden?

– Igual que cada mes. Sesenta y dos dolares.

Costa hizo un gran gesto con la mano en el aire.

– ?Que son sesenta y dos dolares?

– Es lo que el Banco espera recibir de nosotros esta manana.

– ?Cuanto tienes?

– Necesito treinta y des dolares para llegar a esa cantidad.

– Diles que el mes que viene seguro. Habla a mister Mavromatis presidente alli; es un viejo amigo de mis dias jovenes.

– Habla tu con el. Es tu viejo amigo de tus dias jovenes.

– Hoy tengo trabajo. Tengo que ensenar a Ethel nuestra vida aqui.

– Mister Mavromatis dira que hables con mister Cotter y mister Cotter…

– ?Oh, Cotter! ?Nada para preocuparse! Algo loco, seguro, pero hombre distinguido. Explicalo todo.

– ?Y que hay que explicar? No tenemos el dinero, esto es lo que sucede. ?Cuanto dinero tienes?

– Tengo bastante, quiza, para que la chica pase buen dia hoy. Es nuestra hija, Noola, ?no? Primera vez aqui, ?no? Prepara agua caliente, ?a lo mejor quiere banarse!

– Ayer noche se bano. ?Por que no me das treinta dolares, Costa?

– Noola, hay cosas mas importantes en mi vida que el Banco. Mil veces lo he dicho. Tenemos cinco anos para pagar condenada hipoteca. Explica eso al bastardo, Mavromatis, ?que el demonio joda a su madre! Dile que no me moleste mas. Tengo otros problemas. Es viejo amigo, entiendes. Me admira mucho.

Recosido el boton, corto con los dientes el extremo del hilo.

– Espero que hoy se porte como viejo amigo -dijo Noola.

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