– La oigo. ?Rapido! Se esta levantando.

– ?Rapido que?

– Pon cafe.

– Esta listo. Tu lo has estado bebiendo.

– Por favor, Noola, no quiero rinas. Procura que todo sea bonito delante Noola, por favor. ?Oh, mis huevos! ?No los comere duros!

Mientras Noola le servia sus huevos, que estaban en su punto, Ethel entro y les dio un beso a ambos.

– Hoy haremos gran vuelta -dijo Costa-, asi que come mucho… huevos, querida nina, todo lo que quieras, tostadas, cafe, queso, miel, da fuerza.

– Hoy, en cualquier momento -dijo Ethel-, quiero lavarme algunas cosas.

– Daselo a Noola -dijo Costa-. Ella lavara.

– Costa, Noola tiene suficiente trabajo sin lavar mi ropa interior.

– Vamos, desayuna, corre antes que haga mucho calor. Hoy te ensenare Tarpon Springs. ?Quieres bano?

– No puse agua a calentar -dijo Noola-. Ya te lo he dicho.

Una mirada de Costa le recordo que no debia pelearse con el delante de Ethel.

– Me bane la noche pasada -dijo Ethel-. Estoy bien.

– Pues vamonos, arre caballito, nos vamos querida nina.

Ethel tardo algun tiempo en vestirse, pero ni la mitad del tiempo que tardo Costa en afeitarse, limpiarse los zapatos negros, ponerse la camisa, anudarse la corbata y vestir su traje negro.

Salieron como una pareja, el brazo de Ethel alrededor del codo de Costa, caminaron desde Mangrove Still («Un cracker [20] de los viejos tiempos fabricaba licor aqui», explico Costa) hasta Tarpon Springs («Hubo tiempo cuando la bahia estaba llena del pez tarpon poniendo huevos. Ahora todos marcharon»).

Tan pronto como salieron de la casa, Noola hizo las tres camas, aseo las habitaciones y lavo los platos del desayuno. Ni Costa ni Ethel habian puesto los platos donde comieron los huevos a remojar en agua fria… Costa por orgullo; Ethel, penso Noola, porque estaba acostumbrada a los sirvientes. Noola tuvo que limpiar esos platos rascando con un cuchillo.

En la habitacion de Ethel encontro la ropa interior que Ethel queria lavarse. Noola estuvo examinandola. ?Que ropa tan ligera! Y transparente. No cubria nada. ?Como se sostenian? ?O como podian sostener algo en alto esos dos colgantes de red?

Aqui no habia sirvientes; que la chica hiciera su trabajo. Se fue a su habitacion.

Abrio el cajon de la comoda en donde guardaba sus medias. En la parte de atras encontro las medias grises enrolladas en donde guardaba el dinero ahorrado para la hipoteca. Estas medias eran tambien las que llevaba cada mes para su visita al Banco.

Tres billetes de diez, solidamente atados. Su padre siempre habia tenido algun dinero para evitar momentos de apuro como este. Admitiendo la verdad, Costa tenia dinero cuando se caso con ella; el no tenia culpa de que se hubiera presentado la marea roja. Esa fue una faena de Dios conjurado con el Demonio.

Era mejor que se fuese. A pesar de lo que habia dicho a Costa sobre el calor, Noola decidio ponerse el vestido negro. Resultaba mas digno. Quitandose la bata, se puso el vestido por los hombros, tirando para acomodarlo al cuerpo y cerro la cremallera a un lado. Examino las medias grises buscando puntos escapados, y despues, cruzando un tobillo sobre la rodilla deslizo suavemente su mano hacia arriba, por encima de la vena hinchada detras de la pantorrilla. Su madre habia tenido venas varicosas. Llevo medias ortopedicas y siempre estuvo quejandose del dolor. Noola no esperaba nada mejor.

Se levanto de pronto y sucedio aquello. El doctor le habia dicho que no tenia por que preocuparse. Cuando estuviera un rato sentada, le dijo el, si se levantaba de subito podia tener un breve episodio de vertigo. Noola recordaba esa palabra «episodio», y tambien:

– Usted ya no es una nina, mistress Avaliotis.

Se sento en el colchon, dejo caer la cabeza y espero que pasara. No tenia ganas de ir a ese Banco, no queria tener que mendigar a esos dos hombres, ni al viejo amigo de Costa, Mavromatis, ni a ese alocado y distinguido Cotter. De esto se trataba realmente, de darles lastima. Ni tan solo sentia deseos de ir al centro de la ciudad. No le apetecia tener que preparar una buena cena: – Prepara algo especial -habia ordenado Costa. No para festejar a una chica que habia abandonado a su hijo sin ninguna explicacion.

Noola estaba respirando con jadeo otra vez, pero por causa de su enfado, y no porque sintiera vertigo.

Estaba en una trampa, y de esta no podia escapar, la trampa que suponia estar casada y ser madre, la trampa llamada bondad hacia todos, comprension en todo momento, paciencia infinita. No se sentia amorosa o amable, comprensiva o paciente. Ni un apice.

Faltaban quince minutos para las once y ya se sentia cansada. Se alzo lentamente, apoyandose en la cama mientras se acercaba al armario, y se inclino, medio arrodillandose para coger sus zapatos. Tuvo dificultades para ponerselos, torciendo, tirando y encogiendo, porque eran demasiado estrechos. Noola solo habia calzado zapatillas durante casi una semana, desde el domingo, cuando, sin Costa, habia ido a la misa en San Nicolas. Calzados ya, sentia la estrechez de sus zapatos de vestir, probablemente la razon por la que sus tobillos estaban hinchados.

Era mejor que se fuese y dejara de lamentarse. Utilizo el espejo para colocarse su pequeno sombrero purpura con el adorno frontal de plumas. Parecia que un susto hubiera puesto las plumas de punta. Se guino un ojo y canturreo una marcha. En la secundaria, Noola habia estado en el coro de Babes in Toyland y uno de sus numeros March of the Toys habia sido un triunfo. Noola lo interpreto ahora, mirandose al espejo. ?Resultaba tan ridicula!

– Deja ya de ser una nina, por el amor de Dios -se dijo en voz alta-. ?Llora, nina!

Camino del recibidor paso ante la puerta abierta de la habitacion de Ethel. Alli estaban las transparencias pastel, esperando ser lavadas.

– ?Oh, que demonios, esta vez unicamente!

De pie, frente a un fregadero lleno de pompas de jabon, arremangadas las mangas de su vestido mas digno, y el sombrero purpura con sus plumas asustadas empujado hacia atras de la frente, Noola lavo la ropa interior de su huespeda.

?Quien no podria perdonarle el que tirara fuertemente de la banda elastica alrededor de la cintura de las bragas? ?Ninguna cintura debia ser tan pequena, ningun abdomen tan liso! ?Quien podria culparla de sentir cierta satisfaccion secreta cuando las puntadas que sostenian el elastico cedieron, primero un poco y despues tanto que un buen pedazo quedo suelto del borde de la pieza interior?

Noola era humana.

Un vecino la vio caminando por la carretera -no habia acera-, la recogio y la dejo en el kentron, en el parque de arbustos y bancos polvorientos en el centro de la ciudad.

Caminando la corta distancia que habia hasta el Banco, paso por una gran tienda de ultramarinos que ofrecia especialidades de importacion, mercancias en latas y en barriles, envasados en aceite y en salmuera, la mayor parte procedente de la madre patria. En la tienda habia una muchedumbre en medio de la cual percibio, cuando la gente que les rodeaba iba pasando, las dos cabezas: la de su marido con su negro cabello grueso, y la de su nuera, con su fino cabello dorado-rojizo. Por el ruido podia suponer lo que estaba ocurriendo, podia imaginar la escena: el propietario del lugar pidiendo a Ethel que probara la variedad de sus aceitunas, o el queso feta que sacaba del barrilito de madera con un tenedor, dejando escurrir la salmuera, ofreciendolo en un pedazo de papel parafinado. ?O seria una lata de yalanji dolma, las hojas de parra rellenas importadas de Grecia, que habian sido abiertas y ofrecidas a la visitante? El propietario, al parecer, queria tener el honor de preparar unos pequenos paquetes con los manjares favoritos de Ethel si ella le prometia concederle el honor de aceptar esos modestos regalos.

– Debes aceptarlos -Noola oyo que su marido gritaba-. Si no, el, sera insultado. ?Verdad, Manoli? Manoli, dale, no te importa lo que diga, ella demasiado cumplimentera, estilo americano. ?Dale!

Noola apresuro el paso. Mientras bajaba por la calle oyo la cascada de elogios y los «ohs» y «ahs» de Ethel, las explosiones de risa y los gritos de sorpresa, en homenaje a Ethel.

?Eran sinceros? ?Estaba Ethel realmente tan complacida? Al parecer, su nuera era experta en aceptar regalos

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