– ?Cual es su secreto? Siempre esta seguro de si mismo.

– Deja las dudas para nosotras.

– ?Estas enfadada con el esta noche?

– Oh, no, no.

– Ya se que algunas veces dice alguna tonteria, pero… me gustaria realmente descubrir su secreto. ?Como es que el esta tan seguro de que tiene razon? ?Tan seguro de todo? Mi padre es un liombre brillante y se comporta como si estuviera absolutamente seguro de todo, pero cuando se le conoce de verdad, no lo esta. Al principio se burlo de Costa, pero finalmente…

– Terminado -dijo Noola. Desconecto una luz y puso la mano en el otro interruptor esperando que Ethel saliera de la cocina.

Ethel volvio al butacon que Costa le habia designado. Noola se dirigio a la mesita entre los dos butacones, y se inclino hacia el estante inferior cogiendo una costilla de costura.

– Adivino que estoy en tu butacon -dijo Ethel.

– Quedate ahi. -Noola se encamino al sofa, sentandose bajo la fotografia oficial de la graduacion de su hijo. Coloco un huevo de madera dentro de la media blanca de hilo grueso que iba a zurcir. No dijo palabra.

Ethel tuvo tiempo de examinar la habitacion. A cada lado del sofa en donde estaba sentada Noola habia dos munequitas pintadas. En la pared, detras de Costa, que dormia, habia una gran fotografia retocada en colores de Teddy en el dia de su graduacion, con sus padres de pie a cada lado, orgullosamente erguidos. En la mesita, entre el padre dormido y ella misma, habia dos grandes albumes de fotografias: la carrera atletica de Teddy en la secundaria. Detras de ellos una Biblia oprimida entre los colmillos de unos exuberantes elefantes de hierro.

Las ventanas estaban cerradas; Ethel habia notado que las persianas permanecian cerradas durante el dia y la noche.

Intento de nuevo promover una conversacion.

– Estoy agotada -dijo.

– Has caminado mucho hoy. Y ayer.

– No ha sido el caminar.

– ?Ah, no? ?Y que, entonces?

– Todos esos elogios, una tension. No soy tan encantadora como toda la gente cree que soy.

– Nadie lo es.

– He estado fingiendo. Todo el dia.

– ?Por que lo haces?

– Me han criado de esa manera. Mi madre. Esa es otra de las razones por las que admiro tanto a Costa. Siempre se muestra tal como es.

– La proxima vez se tu misma.

– Entonces no voy a gustarles.

– Probablemente no.

Ethel espero, pero Noola no anadio nada mas.

«Seguro -penso Ethel- que esta muy enfadada conmigo.»

Ethel observo tambien, con todo lo demas, que el aire estaba enrarecido. ?No era de extranar! Ni una ventana abierta. Hubiera querido salir. El dia no habia terminado todavia. ?O si? ?Ahora? ?A las nueve? Pero, ?adonde iria? ?Y como explicaria su impulso a esa mujer, ahi sentada, tan hermetica y silenciosa?

?Y por que demonios sentia la necesidad de excusarse por todo ello?

– Deseaba tanto que me aceptaras bien, Noola -dijo.

– Nunca me apresuro -dijo Noola. Sin anadir nada.

Ethel se sintio atrapada entre el grueso tapizado de los costados de su butacon, invadida por las imagenes de la television. ?Como escapar? Olvidando.

«Bueno, maldita sea, di algo -penso Ethel-. Vaya caracter -penso-. Cuando se irrita, lo disimula.»

– Bueno, ?y Teddy? ?Que dijo Teddy? -Ethel lo intento una vez mas.

– Esta bien. -Noola miro a su marido dormido.

– ?Esta preocupado? -persistio Ethel.

– Bueno, eso seria natural, ?no crees? -dijo Noola-. Dice que te fuiste sin decirselo. ?Por que?

«Cristo, no puedo explicarle el porque», penso Ethel.

Costa roncaba ligeramente. Ethel se volvio para mirar aquel corpulento hombre dormido, observando el movimiento de su pecho al respirar.

– ?Por que no estas con el? ?Por que estas aqui? -pregunto Noola.

No habia alzado la mirada del huevo de madera sobre el que estaba zurciendo el grueso calcetin blanco de su marido.

– Para conoceros mejor -dijo Ethel.

Noola miro entonces a la joven y le dijo:

– Mis hombres, son como ninos, no saben nada. Pero yo fui a la escuela en Asteria, Queens, y yo se que ninguna mujer deja a un hombre, aunque sea un solo dia, sin una razon mejor que esa.

«Un lenguaje directo -penso Ethel-. Muy bien.»

– No quiero estar en la Marina -dijo.

– ?Que es lo que quieres?

– Quiero ser como tu.

Noola se echo a reir.

– ?No me crees?

– Te creere cuando te crea.

– ?Que significa eso?

– Tu estas hecha de un material diferente al mio. No se como o por que, pero se que eres diferente. No te comprendo.

– Nunca tuve una familia. Quiero vivir en una familia.

– Tened hijos. Construye tu propia familia.

– Ahora en la Marina es posible hacer eso. Pero, ?es lo mas conveniente? Cuando tengamos hijos no quiero trabajar.

– No me importa -dijo Noola- que estes o no estes en la Marina. Pero si haces algo que pueda herir a mi hijo, nunca te perdonare.

– Estoy intentando ser… -Se detuvo.

– ?Que? Eso es lo que yo no entiendo. Dime la verdad.

– Lo que el quiere realmente.

– Asi lo espero. Es un buen muchacho y no merece ser herido.

– ?Y quien va a herirle? -exclamo Ethel. Se forzo a hablar mas tranquilamente-. Teddy es tan bueno que no me ha pedido que sea lo que el realmente desea… alguien como tu.

– Tu crees que puedes ser eso para el… ?Lo que el desea?

– ?La verdad?

– Si la conoces y puedes expresarla.

– No lo se. Algunos dias estoy muy desanimada y quisiera romperlo todo. ?Te has sentido alguna vez asi?

– No.

Costa se levanto de pronto y se fue a la cama. Noola lo siguio. Ethel se habia sorprendido al ver que mister y mistress Avaliotis dormian en cuartos separados, como sus propios padres.

Al dia siguiente, Noola vino mas temprano de la tienda e introdujo a Ethel en la cocina griega. La enseno a preparar su propio yogur, a rellenar zucchini tiernos con cordero (?nunca buey!), como preparar el arroz para que quedara seco, cada grano separado, como preparar sopa de huevo y limon y cafe turco.

Ethel tomo notas en una libreta y al principio Noola parecia animarla. Pero eso no duro. Estaba cumpliendo unicamente con su deber, penso Noola, y le resulta un endemoniado esfuerzo.

Noola causo inquietud en Ethel.

Ethel causo inquietud en Noola.

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