Quedo fascinada con la rolliza barriga de su suegra. La imaginaba desnuda. ?Llevaria Noola alguna especie de corse o faja? Esa acumulacion de grasa y carne parecia tan bien empaquetada, con una forma tan igual y simetrica… Como las pantorrillas firmes de la danzarina, el antebrazo supermusculoso del profesional del tenis, el caminar de puntillas, como los palomos, del vaquero, o la espalda doblada de la viuda, aquella exageracion abdominal era reflejo de algo: de la sumisa ama de casa.

?Era aquello lo que todos ellos querian que ella fuese?

?Era aquello lo que ella queria ser?

Al dia siguiente, Ethel anuncio que aquella noche ella prepararia la cena.

Insistio en hacerlo todo sola: la compra, a pie, la preparacion y sazonado de la carne para rellenar los zucchini tiernos, el guisado de los pedazos de cordero en aceite de oliva, cebollas y tomates antes de anadir las judias verdes.

Dejo el arroz para lo ultimo.

Agotada y satisfecha -aunque no dispuesta a repetir la experiencia al dia siguiente- pidio a Noola que vigilara el arroz, abrio las ventanas de su habitacion y se tendio.

El olor de comida quemada la desperto.

Su temor quedo justificado en la cocina. ?El arroz!

Busco a Noola en el porche.

– ?Pero no te ha llegado el olor a quemado?

– No. ?Que ha sucedido?

– Se ha quemado el arroz. Esta pegado en el fondo de la cazuela.

– Quizas es que no pusiste mantequilla suficiente.

– Puse la que tu me dijiste. Creia que tu ibas a vigilarlo por mi.

– Mira, Ethel, una cocinera nunca debe dejar al cuidado de los otros lo que ha dejado en el fuego.

– Tu querias que se pegara, ?no es verdad?

Noola se levanto.

– No te preocupes -dijo-. Voy a preparar mas arroz.

– Eso es lo que tu querias.

Noola entro en la casa.

Costa no se impresiono con la comida.

– Ensenale mas -dijo a su mujer.

– Intentalo otra vez manana -dijo a Ethel. Ethel tampoco tuvo gran opinion de esa comida. -Noola, cafe -dijo Costa.

– Yo lo preparare -dijo Ethel. Pero Noola ya habia ido.

– Deja que lo haga ella -dijo Costa-. Manana prueba otra vez -repitio.

«?Una orden o una sugerencia?», penso Ethel.

– Manana me voy a Tampa -dijo.

No se le habia ocurrido hasta que lo hubo dicho.

– ?Para que? -quiso saber Costa.

– Para comprarme un vestido bonito para regresar.

– ?Que pasa con ese vestido?

– Quiero tener un aspecto maravilloso.

– ?Que diferencia en como tengas aspecto? El estara contento de verte.

– ?Lo crees asi?

– Seguro. ?Que te pasa a ti?

Ethel ahora dudaba de todo. Sabia lo que estaba aproximandose: uno de sus dias malos; ya habia estado ahi antes. Problemas.

– Ve a Clearwater -ordeno Costa-. Tampa mala ciudad. Muchas tiendas bonitas en Clearwater. Alli donde ella compro vestido para tu boda. ?No te gusta ese vestido? ?Eh? ?Clearwater!

– Muy bien -dijo Ethel.

«Me ire a cualquier maldito lugar que a mi me guste», se dijo a si misma.

Al dia siguiente Costa se fue apresuradamente a «Las 3 Bes», murmurando algo sobre el cebo vivo que tenia que ser repuesto.

– Noola no entiende eso -dijo malhumorado.

Se habia terminado la luna de miel. Noola debio de haber informado a Costa que Ethel habia abandonado a su hijo sin ninguna explicacion o excusa.

Inesperadamente, Aleko el Levendis aparecio.

– Costa quiere que te acompane hasta el autobus de Clearwater – dijo.

?Escolta o guardia?, estuvo pensando Ethel.

10

El autobus estaba lleno. Ethel encontro un asiento junto a la ultima ventanilla. Un hombre joven que leia un libro, estaba en el asiento del pasillo.

Ethel noto alivio al estar sola, sentirse libre, estar consigo misma; se sintio liberada del confinamiento.

El movimiento del autobus estimulo su cuerpo. Abrio la ventana para recibir la brisa y dejo reposar su cabeza en la parte superior del respaldo. Estiro las piernas y dejo que el autobus la meciera.

Se dio cuenta de que el muchacho junto a ella «accidentalmente» apretaba su rodilla contra la de ella. Pero no movio la suya. Pretendiendo mirar la carretera del otro lado, examino a su vecino con el rabillo del ojo.

Tenia la nariz larga y los ojos bastante juntos. Por debajo del labio superior veia los extremos de sus dientes superiores frontales. Estaba dejandose el bigote. Ethel espero que el la mirara.

Pero el no lo hizo. Preferia ser culpable.

Ethel sabia por que ella apretaba su rodilla contra la de el. Se sentia perversa. Queria saber hasta donde llegaria el. Ese muchacho era patetico, ?mendigar las migajas de aquel modo! ?Que mujer responderia a aquello?

?La rodilla del muchacho estaba temblando!

Si ese chico tenia tan poca confianza en si mismo, lo que ella estaba haciendo destruiria lo poco que el tenia. Era mejor que se detuviera inmediatamente.

Ethel se levanto. El autobus habia llegado al cruce en donde la carretera de Tampa se desvia a Clearwater.

Hasta aquel momento, Ethel habia tenido intencion de ir a Clearwater.

– Perdoneme -dijo.

– Seguro -dijo el joven. Se aclaro la garganta. Dijo otra vez-: Seguro -y sonrio sin mirarla.

Ethel cruzo la carretera hacia donde el trafico se dirigia a Tampa. Penso compasivamente en el muchacho del autobus. ?Cuan solitario debia de sentirse ahora! Penso si habria tenido una ereccion. Ethel sabia que el movimiento de un autobus podia causar eso a un hombre joven.

La habia afectado.

El dia era caluroso, y se preveia mas calor.

Decidio hacer autostop hasta Tampa.

?Por que se sentia de esa manera? Aquel muchacho no tenia ningun atractivo, no podia ser por el. Lo que habia sucedido estaba enteramente dentro de su propio cuerpo, dentro de Ethel.

– Dios. -Respiro hondo. – ?Oh, Dios!

?Que necesitaba? ?Que buscaba? Algo que ella misma no lograba comprender.

Sabia que si Noola la viera ahora con el pulgar alzado, pidiendo a cualquiera y a todos que la recogieran, Noola no sentiria ninguna compasion. El hecho simple era que Ethel no gustaba a Noola pero si a Costa. Bueno, siempre habia gustado mas a los hombres que a las mujeres. Noola solo era capaz de pensar en su hijito Teddy. Una manera segura de arruinar a un hijo.

Bueno, ella tambien seria asi, si alguna vez tuviera un hijo.

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