– Ya puedo verlo. ?Que ha sucedido?

– No te importa. Mira atras.

Ethel se volvio en su asiento y miro a traves de la ventanilla de la cabina. Se volvio despues y miro al hombre. Miro sus manos en el volante. Eran fuertes y pesadas. Corno las manos de Costa.

– De acuerdo.

– ?De acuerdo que? -Ya he mirado.

– ?Has visto esas barras de ventana?

– ?Es eso lo que son?

– Eres estupida. Aun siendo mujer. ?Que es lo que te parecieron?

– Barras de ventana, ?no?

– Claro. Ese es mi negocio. Mira.

Alargo la mano hacia un gancho sobre el parabrisas y cogio una factura que dio a Ethel para que la leyera.

Ethel leyo en voz alta.

– «Julio Ramirez»…

– Dilo bien, Ju-li-o, por el amor de Dios. Dilo bien.

– Julio Ramirez. Herrajes. Trabajos por encargo. -Sigue. Lee el resto.

– Rejas para porches, barras para ventanas, parrillas, por encargo, barandas de balcones, escaleras… -Esa es mi especialidad. -?Noventa y nueve dolares! ?Es eso por…? -?Te parece un monton de dinero?

– No lo se.

– Tal como lo has dicho, pense que quiza…

– No, no…

– Es muy barato por el trabajo que hago. Mira eso de ahi.

– Veo que ahi hay mucho trabajo.

– Tengo muchos encargos, y eso es la prueba. Tengo encargos p.ira seis meses. Ahora estoy haciendo una escalera muy bonita, curvada, como si pudieras subir al cielo con ella. Pero la mayor parte de mi trabajo son barras de ventana. ?Sabes?, en ese pais, ahora, hay muchos criminales. Como en Puerto Rico. Ahora la gente esta haciendo lo que es necesario… poner barras a todo lo que este a ras del suelo.

– Ya entiendo lo que quieres decir.

– ?Lo que quiero decir? Tu no sabes lo que yo quiero decir. -Bueno, quiza no exactamente.

– Entonces, ?por que lo dices?

– Quiero decir sobre el mundo lleno de gente infeliz. Entiendo lo que tu quieres decir sobre eso.

– No infelices unicamente. Mentirosos, ladrones, gente terrible. Criminales. Como ese hombre -senalo el cargamento a su espalda- que han entrado cuatro veces en su casa. Se va a pescar, vuelve a casa, y la television ya no esta; se va a las carreras con su mujer, y el secador de pelo desaparece. De modo que ha venido a mi taller. Le he ensenado lo que he estado haciendo para ese otro tipo y me ha dicho que de acuerdo, que lo haga tambien. De modo que hoy voy ahi para colocar esas barras y el tio me dice: «?Llevatelas de aqui! ?Con eso mi casa pareceria una prision!», me ha dicho.

– Ya entiendo.

– Tu no entiendes nada. De modo que yo le digo: «Usted las encargo, y aqui estan.» Y el dice: «No quiero vivir en una prision. Prefiero que me roben cada dia.»

– Entiendo.

– ?Que? ?Que es lo que entiendes?

– Eso de vivir en una prision.

– ?Tio lechuzo, el las encargo! ?Yo le ensene como serian! -Entiendo lo que quieres decir.

– Una mierda tu entiendes, y perdoname. Pero ?nada! ?Nlente! ?Nada! Eres tan boba… «Usted vive en una jungla -le dije a ese hombre-. ?Que es lo que quiere usted? No puede dormir, tiene un aspecto terrible, con ojeras. Cuando yo ponga esas barras en sus ventanas usted y su esposa podran dormir bien, para cambiar, vale noventa…»

– Lo se. El dormir lo es todo.

– Que tonta eres… ?Las chicas americanas sois tan tontas!

– ?Son mas listas las chicas de Puerto Rico?

– No, son peores. Quieren a sus papis mas que a sus maridos.

– Asi que, ?por que me recogiste?

– Pero, por lo menos, a ellas las tenemos a raya. No veras a ninguna chica de la isla haciendo autostop. ?Lo entiendes?

– No supiste tener a tu esposa a raya, me parece, y perdoname.

– No juegues conmigo, jovencita, ?no te burles de mi!

– No estoy burlandome…

– Deberia llevarte a casa y darte una buena paliza para que no fueses por ahi haciendo autostop. No quiero que hagas eso nunca mas, nunca mas.

Ethel miro otra vez por la ventanilla de la cabina.

– Haces un buen trabajo -dijo Ethel.

– ?Y como puedes decir eso? ?Que sabes tu del buen trabajo?

– Las miro y veo que es un buen trabajo.

– Deberias ver la escalera que estoy haciendo. Entonces si que tendrias razon. Eso no es nada, eso que hay ahi. ?Pesado! ?Torpe! ?Como demonios se puede hacer un trabajo artistico con barras de ventana? El hombre tenia toda la razon en no quererlas delante de sus ventanas. Las hice demasiado gruesas.

– Eso esta bien.

– ?Que es lo que esta bien?

– Que admitas eso, y que te fueses.

– Yo no me he ido. Son lo bastante buenas para el. Parece un puerco, deberias verlo, un hombre gordo y pesado; esas barras son perfectas para el.

Ethel solto la carcajada. Ese tipo la divertia. La liberaba de sus preocupaciones.

– ?De que te ries ahora? -le pregunto el.

– Del modo que hablas. Eres un artista, tienes razon.

– ?Como lo sabes?

– ?Puedo ver como trabajas?

– ?Que?

– Me gustaria…

– No.

– Solo un ratito.

– ?Que es lo que estas tramando?

– Nada. Creo que ese trabajo es bello, del modo que esas barras estan torcidas.

– Pensaba que a lo mejor tenias alguna otra intencion.

– ?Otra intencion? ?Oh, eso? No, yo no hago eso.

– Porque yo no tengo tiempo para esas cosas.

– Lo se.

– Y no me gusta… -se interrumpio.

– ?Que? ?Que es lo que no te gusta?

– Las chicas frescas. ?Lo entiendes, lista?

– Yo no soy una chica fresca.

– Todas las chicas de aqui vienen a mi taller, y dan vueltas, dan vueltas… ?Que demonios quereis?, grito yo. «Nada -me responden-. Nada. Solo miramos, ?de acuerdo?» ?Solo miran? Y una mierda, hombre.

Observo entonces que Ethel estaba llorando.

– ?Y ahora que es lo que te pasa? -pregunto.

– No tienes ningun derecho de ser tan cruel conmigo. ?Por que me hablas de ese modo? Yo no te he hecho ningun dano. ?Como puedes ser tan rudo conmigo?

– Lo siento -dijo el- pero, sabes a lo que me refiero, ?verdad?

Вы читаете Actos De Amor
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату