aspecto del joven.

Tan pronto como ellos se fueron, el capitan cerro la puerta y se sirvio una bebida. Despues del segundo trago marco el numero de la oficina del comandante.

– ?Tiene ese muchacho alguna idea -pregunto al teniente-comandante Bower- de lo que le pasa a esa chica?

– ?Por que crees que te la mande? Bueno, ?cual es tu veredicto?

– Me gusta la chica. Ademas, es una de esas chicas americanas absorbentes, que hacen el amor como gatitas. Lo siento por ese hombre. Dime, ?quereis que siga en la Marina o no?

– Si el no es el tipo de persona que buscamos, ?quien lo es?

– Si quereis conservarlo entero, separadlos. Solo que, cuando ella se vaya, no debe llevarse las entranas del marido con ella. Es mejor hablar con el, armarlo con alguna especie de proteccion psicologica. Porque el hacha puede caer en cualquier minuto.

La tecnica de Cambere para entrevistar a los hombres, era menos profunda, menos intima. Cuando acabo con Teddy, el capitan llamo a su superior y le informo de que tenia razon.

– Avaliotis posee inteligencia e imaginacion, con las limitaciones precisas -dijo -. Hasta posee algo de firmeza que ahora esta endureciendo. Es material perfecto para la Marina de los Estados Unidos.

– Es vergonzante hablar en estos terminos de una persona.

– No tenia ninguna intencion de hacerlo como un cumplido.

– ?Que le contaste a ese maldito shrink? [22] -Teddy exigio aquella noche a Ethel. No habia podido disfrutar de su cena. – ?Le has contado que teniamos algun problema entre nosotros?

– ?No es asi?

– Yo no lo tengo.

– Tu tambien. En alguna parte ahi dentro -Ethel toco el pecho de Teddy- de la que tu no me hablas, Teddy.

– No me gusta que andes contando a los extranos lo que sucede entre nosotros -interrumpio Teddy.

– Es un psicologo.

– No me importa lo que sea. No es asunto suyo.

– A lo mejor puede ayudarme.

– ?Necesitas ayuda?

– Urgentemente. ?Al rescate, rapido! Y tu tambien.

– ?Le has dado la impresion de que pensabas abandonarme?

– ?Es que el ha dicho que yo pensara hacer eso?

– Lo dedujo de lo que le dijiste.

– He pensado en ello, ?tu no? ?No has considerado la posibilidad de dejarme?

– Seriamente, nunca.

– Lo has hecho muchas veces. Y tambien seriamente.

– ?Como demonios vas tu a saber lo que yo pienso?

– Porque es normal. Todo el mundo tiene los mismos pensamientos. Pero tu no quieres enterarte de lo que estas pensando. Has cortado la comunicacion con tu interior. Oye, Teddy. No me rechaces… escuchame. Sea lo que fuere que pienses, ahora todo es admisible. Y tambien lo que hagas. Si encuentras alguien que pueda ayudarte de verdad, no dudes. El barco se esta hundiendo. Ha llegado el momento de salvese-quien-pueda.

Estaban tumbados en la cama, uno al lado del otro, sobre la espalda, perfectamente quietos.

– ?Como pudo ayudarte? -pregunto Teddy.

– Me dijo que no continuara tratando de resolver mis problemas a traves de las otras personas.

– ?Y eso te ayudo? ?Esa idea?

– Muchisimo, Teddy.

– ?Cualquier persona?

– Todas las demas personas. Ahora estoy sola. Y me gusta.

– ?Y para que estoy yo?

– Para ti mismo.

No fue un consejo de guerra, aunque se llamo asi pro forma; fue un examen de testigos. Se establecieron los hechos y Ethel confirmo que eran exactos. El juez rechazo la deliberacion. Entonces se desalojo la habitacion, llena de pesados muebles de arce y el juez, un capitan de suministros, se encaro con Ethel.

– No me queda alternativa -dijo.

Teddy no estaba presente; aquel dia trabajo duramente.

Cuando llego a casa Ethel le habia preparado una bebida y tenia la cena lista en el fogon. Ethel le dijo el resultado del juicio: treinta dias confinada en el cuartel, perdida de la paga de un mes, y degradacion.

– Pero no me podian degradar mucho -dijo-. He vuelto al fondo. Recluta seaman E-Uno. Permiso especial para ir a casa.

Rieron juntos. Ambos se sentian aliviados.

– Se mostraron muy generosos -dijo Teddy- incluso en dejarte venir a casa.

– Si, lo fueron. Estoy en desgracia, pero soy feliz. Y ellos tambien. Quiero decir felices, no desgraciados. Se han librado de mi.

– ?Y ahora que?

– Estoy confinada en alojamiento, que espero sea aqui. Hasta que el comandante tome su decision final. El comandante Bower ha hecho una recomendacion basada en el informe de Adrian.

– ?Quien es Adrian?

– El shrink, el capitan Cambere. Los presiono para que me expulsaran porque tu eres valor activo. ?Para protegerte, la Marina debia desprenderse de mi! ?Es listo, ese Adrian! Duchate… anda, aligera. Sacare la cena.

– ?Y ahora que vamos a hacer? -pregunto Teddy, de pie en la puerta del cuarto de bano mientras se secaba con la toalla.

– Yo voy a volver a casa -dijo Ethel. Tenia las manos dentro de los floreados guantes de cocina que habian comprado cuando guarnecieron la casa hacia tanto tiempo ya.

– ?Y donde esta tu casa? -pregunto Teddy, como habia preguntado antes.

– En Florida.

Teddy no reacciono; es decir, reacciono, pero lo disimulo. Volvio al cuarto de bano, colgo la toalla y lentamente, pensativo, se puso un albornoz azul.

Estaba intentando decidir si realmente necesitaba a Ethel, y si era asi, hasta donde llegaria para retenerla.

– ?Que estabas pensando ahi dentro? -le pregunto ella cuando el regreso.

– Nada.

– Intenta contarme lo que piensas, Teddy, aunque sea por gusto.

– Realmente no lo se.

– Claro que si que lo sabes. Dilo. Te reto.

– Bueno, pues… -Se detuvo.

– Continua, chiquillo.

– Bueno, ?significa esto que viviremos separados?

Presentandolo como una pregunta le libraba de decirlo como una conclusion a la que habia llegado. A ella correspondia la afirmacion.

– Correcto -respondio ella, al estilo de la Marina.

– ?Y por que hemos de seguir casados?

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