El embarazo de Dolores lo habia envanecido.

– Me veras en el momento en que yo quiera -le dijo Teddy.

Y asi sucedio.

Una semana despues, cuando Teddy iba a regresar a su apartamento para pasar el resto de la noche, y estar alli para el caso de que Ethel llamara por la manana, Dolores le informo que aquel dia iban a hacerle el aborto.

– Dime una cosa solamente -le dijo ella- y me dolera menos.

Teddy se sorprendio al ver lagrimas en sus ojos.

– Dime que crees que el hijo es tuyo -dijo ella.

– Pagare lo que cueste. ?Es eso lo que te importa?

– No es eso lo que yo quiero decir. Dime lo que te he dicho. Llevo a tu hijo y porque tu no lo quieres me estoy librando de el, y todo lo que te pido es que me digas que tu sabes que es tuyo.

– De acuerdo, es mio. Y lamento las molestias.

Al mediodia, encontro a Dolores almorzando en «La Cantina». Dispuesto a irse en seguida, le entrego sus diez billetes de a veinte metidos en un sobre.

– Sientate un momento -dijo Dolores -. Intenta mostrarte humano.

Teddy se dirigio al mostrador de autoservicio, escogio un bocadillo de atun y una bebida de cola y volvio a la mesa. Alli le dijo que no queria verla otra vez.

– Es mejor de esa manera -dijo Teddy.

– Eres una mierda -respondio Dolores.

– No quiero ver a nadie que rne odie, y tu me odias.

– Ni tan siquiera llego a eso -respondio ella.

Teddy termino su bocadillo y se fue. Se sentia libre de obligaciones, y se felicitaba a si mismo por el modo en que habia resuelto el problema.

Una semana despues llego una carta de Ethel.

– Malas noticias -escribia-. Esta manana he tenido flujo de sangre. Parece que no podemos coordinar, ?no crees? Tu padre esta terriblemente desilusionado. Me observa como un enorme felino, dando vueltas a mi alrededor, oliendo la sangre. En fin, lo descubrio. Y ahora insiste en que rne hagan un analisis. De modo que voy a ir al medico de aqui para que vea si estoy bien. Quiza tu deberias hacer lo mismo.

Le contaba entonces sobre su trabajo, que Petros se mostraba continuamente atento con ella, pero sin atosigarla, mas bien como si se ofreciera y esperara una senal de ella.

Que nunca recibira, no de mi -escribio Ethel-. Si alguna vez te dejo no sera por ese hombre. ?Cuando volveras a, casa.? -Y terminaba.- Necesito alguno de esos magnificos dias que tuvimos ahi. Recuerda siempre, como yo lo hago, que disponemos de esos momentos cada vez que deseemos obtenerlos.

Teddy se sintio satisfecho de haber dejado a Dolores embarazada; era un consuelo saber que si existia algun problema, seria por parte de Ethel.

Recibio tambien una carta de Costa.

Tenemos un dicho: «?Donde caen las manzanas? Bajo el manzano.» Es la misma enfermedad que su madre tiene, seguro. Cuando vi esa mujer la primera vez, te dije, muchas veces, ?recuerdas?, dije mujer americana para placer, chica griega para procrear. Tu padre sabe por experiencia. Ahora ella habla a Noola sobre adoptar chico, etcetera. Yo digo a Noola le diga que nada a hacer, ?ninguna, adopcion en esta familia!

Una semana despues llego una carta de Ethel. Incluia el informe del medico. La habian encontrado perfectamente bien.

«Solo nos queda seguir disparando -escribio Teddy a su mujer-. Y eso sera divertido.»

Recibio entonces buenas noticias. Habia sido aceptado para el trimestre de otono en la Universidad de Jacksonville. Escribio a Ethel, le dijo el numero de vuelo y le pidio que fuera a recibirlo en su auto.

Teddy fue a ver al comandante del Centro para despedirse de el y recibir su bendicion.

– Quiero que sepas que te he recomendado haciendo de ti los mejores elogios -dijo el comandante-. Solo me preocupa que algun asunto de tu vida personal se interponga en tu carrera.

– ?Que quiere decir, senor?

– El capitan Cambere me hablo de Ethel. ?Sigues aun con ella?

– Naturalmente. Yo quiero mucho a mi mujer.

– Perdona que te pregunte: ?Te ama ella a ti?

– Estoy seguro de que si me ama, senor. No se a lo que el capitan Cambere pueda referirse. Ciertamente voy a hablar con el y preguntarselo.

– Ya no esta aqui -dijo el comandante-. Acabo su servicio militar y ha vuelto a la vida civil.

– ?Donde puedo encontrarlo? -pregunto Teddy, furioso.

– Podria decirtelo, Avaliotis, pero un encuentro con el no serviria para nada. Lo que sucedio entre el y tu esposa…

– ?Que sucedio?

– No he sugerido que sucediera nada irregular…

– Yo pense…, perdoneme, senor… pense que usted lo sugeria.

– Las mujeres, esa ha sido mi experiencia personal, tienen mucha mas habilidad para enganar que nosotros. Te aprecio, y por eso te pregunto con franqueza.

– Le ruego que continue, senor.

– Mas de una mujer neurastenica ha conseguido arruinar la carrera de un buen oficial naval. Por ejemplo, una mujer puede odiarte y uno nunca se entera. Si se es su proveedor, ella no puede arriesgarse a darlo a conocer.

– Perdoneme, senor. ?Que es lo que le dijo exactamente el capitan Cambere?

– ?Lo ves?, ahora mismo, ya estas alterado por culpa de ella.

– No estoy alterado.

– Bien. Estoy seguro de que al estar a su lado podras ver si esta o no alienada… o si lo estuvo antes. Adelante.

Ethel fue a buscarlo a Jacksonville. Jumos fueron al campus de la Universidad y Teddy estuvo entre los primeros en matricularse.

Cuando Teddy dijo a Ethel:

– ?Por que no comenzamos a buscar un apartamento? -descubrio que ella no tenia ninguna intencion de ir a vivir con el.

– No quiero renunciar a mi empleo.

– Creia que el jefe no te gustaba.

– No me gusta.

– Entonces, ?por que no te vienes aqui a vivir conmigo? Oh, mierda. No quiero ir a visitar a mi mujer, quiero vivir con ella.

Se excito tanto que, al cabo de una hora, Ethel habia cambiado de parecer.

Salieron a la caza de apartamentos, no encontraron nada que les gustase, y decidieron comer una buena cena e irse a la cama.

Las sabanas del motel, parte de una cadena, olian a desinfectante. Cuando hicieron el amor, no resulto como habia sido durante los ultimos dias en San Diego.

– Siempre es un fiasco la primera vez despues de la sequia -mintio Teddy.

– ?Estuviste con alguna despues que yo me fui? Dimelo.

Teddy decidio confesarle la verdad.

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