Cuchulainn permanecio en silencio durante la oracion de su hermana, en parte por respeto a Epona, y en parte por la sorpresa que se habia llevado. Hasta aquel momento, nunca habia oido a su hermana pedirle una bendicion a Epona. En realidad, parecia que Elphame preferia evitar cualquier mencion de la diosa que la habia marcado tan obviamente. Hasta aquella manana. Entonces, aunque apenas podia distinguir las palabras, Cuchulainn sintio la vibracion de la magia en el aire, como la habia sentido muchas veces durante los rituales que oficiaba su madre.

Si hubiera mirado a su hermano, Elphame se habria dado cuenta de que estaba asombrado, pero ni siquiera se volvio hacia el. Estaba hipnotizada por la belleza de aquella manana y por lo que estaba sintiendo, que empezo a identificar como una sensacion de pertenencia. De repente, el sol salio por encima de los pinos y sus rayos banaron las murallas del castillo en una luz dorada, como si se hubieran incendiado.

– ?Lo ves, Cu? Parece que las murallas estan brillando.

– Lo que queda de ellas, querras decir -respondio el. Todavia estaba sorprendido por el poder que habia notado en su hermana, y su voz sono mas ronca de lo que hubiera querido. Carraspeo y miro hacia el castillo nuevamente. A el, aquel edificio le parecia una bestia vieja que estaba agazapada precariamente al borde del acantilado-. Elphame, no te hagas demasiadas ilusiones. Desde aqui se ve que el edificio esta en ruinas. Tenemos mucho trabajo que hacer.

Ella le dio un punetazo afectuoso en el brazo.

– Deja de ser como mama. Vamos, demonos prisa.

Salio corriendo, y Cuchulainn espoleo a su caballo para poder alcanzarla.

Avanzaron con decision a traves de los matorrales hasta que encontraron el camino que llevaba a la entrada principal del castillo. Fue mas facil ir por alli, pero Cuchulainn siguio refunfunando al ver la maleza y los arboles caidos que servian de obstaculos en lo que una vez fue una carretera amplia y despejada.

– ?Oh, deja de protestar y mira que arboles mas esplendidos! -le dijo su hermana-. No me imaginaba que fuera tan bonito -anadio, mirando los cerezos en flor-. Es como caminar a traves de un bosque de nubes rosas.

– Normalmente, no hay espinas y ortigas entre las nubes.

– No son ortigas, Cu, son zarzamoras. Con una buena poda, quedaran muy bien. Piensa en las maravillosas tartas de mora que vamos a comernos este verano.

– Despues de que construyas una cocina, querras decir -murmuro el.

Elphame sonrio.

– La construire -le aseguro-. Y sabes que a mi siempre me ha gustado el bosque. Los pinos son maravillosos, pero me parece que todos estos arboles en flor son incluso mejores.

El nego con la cabeza.

– No estaras pensando en dejar todo esto intacto, ?verdad? Parece que no te acuerdas de todo lo que has estudiado en Historia. Uno de los mayores errores que cometieron en el Castillo de MacCallan fue permitir que sus defensas se debilitaran -dijo, senalando con un movimiento del brazo todos aquellos arboles-. El MacCallan dejo que todo esto creciera junto a las murallas. El ejercito de los Fomorians no tuvo ningun problema para ocultarse hasta que consiguieron entrar en el interior del recinto y comenzaron a matar a todos sus habitantes.

Elphame abrio la boca para responder que ya no estaban en guerra. No habia habido un solo Fomorian en Partholon durante mas de ciento veinticinco anos. Nadie iba a intentar entrar en su castillo. Sin embargo, Partholon tampoco habia estado en guerra antes de la invasion de los Fomorians, y aquellos seres habian atacado por sorpresa el Castillo de MacCallan. Si, los Fomorians habian sido derrotados finalmente, y lo que quedo de su raza demoniaca abandono Partholon a traves de las Montanas Tier, hacia las Tierras Yermas. Si viajara hacia el noroeste, hacia las montanas, encontraria el Castillo de la Guardia que protegia eternamente, como un centinela, el paso hacia Partholon.

Sin embargo, ciento veinticinco anos era mucho tiempo, y salvo por las refriegas entre algunos de los clanes y los ataques ocasionales de los Milesians, unos barbaros que vivian en el mar, Partholon habia conocido una larga era de paz y prosperidad, y no habia ningun motivo logico por el que aquello no pudiera continuar asi.

Elphame observo a su hermano. Iba a recordarle todo aquello, pero se dio cuenta de que el estaba tenso. Tenia la frente arrugada y la mandibula apretada.

– ?Te preocupan los Milesians? -le pregunto lentamente.

El se encogio de hombros.

– No sabria decirte. Pero tu castillo da al mar. Serias una lider sabia y prudente si te aseguraras de que MacCallan es defendible.

Mientras hablaba, no la miraba, sino que observaba el bosque que habia a su alrededor, como si esperara que en cualquier momento fuera a saltar hacia ellos una horda barbara para cortarles el cuello.

Elphame se estremecio. Era evidente que alguna cosa habia inquietado a su hermano. Cuchulainn era, por lo general, muy calmado. Tal vez no hubiera experimentado un verdadero presentimiento, con todas sus visiones y su advertencia clara, pero habia algo que le estaba molestando. Aunque el evitara constantemente el reino espiritual y odiara utilizar sus poderes, los respetaba, como hacia Elphame.

Ella asintio.

– Tienes razon, gracias por recordarmelo. Habra que cortar todo esto para clarearlo -respondio Elphame en tono grave y pensativo-. Por supuesto, voy a necesitar tus consejos para reconstruir y organizar las defensas del castillo -dijo, mirando con melancolia los arboles-. ?Pero no podriamos quedarnos con algunos?

– Un bosquecillo o dos, alejados del castillo, no haran ningun dano -dijo el. Se relajo un poco y sonrio. Le habia sorprendido que ella claudicara tan facilmente-. Y tus zarzamoras pueden quedarse en su sitio. Tienen muchas espinas como para servirle de proteccion a un enemigo.

– Bien, ?entonces haremos tartas de mora, despues de todo!

Elphame sonrio a su hermano. Estaba mas tranquila al comprobar que el habia vuelto a ser el de siempre. Seguramente, Cu solo se estaba comportando de un modo excesivamente protector y cuidadoso con ella, como de costumbre.

La carretera dibujaba una curva suave hacia la izquierda. Cuando volvia a enderezarse, los hermanos se encontraron a menos de veinte metros de la entrada del castillo. Las enormes puertas de hierro, que todavia se recordaban en las leyendas y que nunca se habian cerrado a nadie, habian desaparecido. Se habian oxidado y descompuesto. Elphame veia algunos restos entre la maleza. El hueco que habian dejado en el muro era como el vacio de la falta de un diente en una enorme boca.

Las murallas estaban sorprendentemente intactas, o por lo menos, lo que se podia ver desde aquella vista frontal. Algunas de las balaustradas se estaban deshaciendo, y ya no quedaba ninguna de las rampas de los arqueros. Las partes del tejado que eran de madera habian desaparecido, pero el esqueleto del castillo permanecia en pie, fuerte y orgulloso.

– Esta mejor de lo que yo habia pensado -dijo Cuchulainn.

– Es perfecto -respondio Elphame con entusiasmo.

– El, esta mejor de lo que yo habia pensado, pero sigue siendo una ruina -respondio Cuchulainn.

Aquel optimismo ciego de su hermana lo exasperaba. No solo era una actitud absurda, a la vista del edificio en ruinas que tenian delante, sino que ademas era una actitud muy rara en su hermana. Antes de que pudiera decir algo mas, Elphame le puso la mano en el brazo.

– ?No lo sientes? -le pregunto en un susurro.

Cuchulainn se sobresalto. Aunque su hermana estaba marcada fisicamente por la diosa, nunca habia mostrado ningun vinculo especial con Epona, ni con el reino de los espiritus. En realidad, aparte de su cuerpo unico, Elphame no tenia poderes que la vincularan con aquel reino. Su hermano la observo atentamente.

– ?A que te refieres, El?

Sus ojos no se apartaron del castillo, pero mantuvo la mano en brazo de Cuchulainn, y el sintio el temblor de su hermana. El caballo se quedo inmovil. La brisa suave habia cesado. Incluso los pajaros se habian quedado en silencio.

– Me esta llamando -murmuro Elphame-. No con palabras, pero puedo sentirlo -dijo, y miro a su hermano-. Es como si me hubiera estado esperando todo este tiempo, como si hubiera estado esperando que yo volviera a casa.

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