Birkita continuo parloteando y quejandose del poco tiempo que tenian para prepararlo todo de una manera que a Morrigan le recordo por completo a su abuela, mientras la llevaba hacia el tocador y comenzaba a peinarle, de manera experta, la larga melena caoba.

Cuando, por fin, Birkita paro para tomar aire, Morrigan dijo:

– Eh… tengo que ir al bano.

– ?Por supuesto! ?En que estaba pensando? Pasad a vuestros banos mientras yo arreglo las cosas aqui.

– Birkita -dijo Morrigan, y la tomo de la mano-. Yo puedo hacerme la cama y limpiar mi habitacion. Tu eres una Sacerdotisa, no una mujer de la limpieza. No tienes por que recoger mis cosas.

– Oh, en eso os equivocais, mi senora. Es mi deber ocuparme de la Elegida. Algun dia, vos hareis lo mismo por vuestra joven sustituta. Asi, mostramos nuestro respeto y nuestro agradecimiento a Adsagsona. Me quedare a vuestro lado hasta que os sintais totalmente comoda en vuestra posicion de Suma Sacerdotisa.

– Bueno, me alegro de que vayas a estar a mi lado, pero quiero que te relajes y que descanses. Yo se cuidar de mi misma.

– No os preocupeis. A mi me gusta hacerlo. Ahora, pasad a los banos.

«Exactamente igual que la abuela», penso Morrigan mientras salia de la habitacion. Birkita le dijo:

– Pero no os baneis todavia. Debeis ser aseada y ungida de manera correcta para el ritual.

– De acuerdo -dijo Morrigan.

Aparto la cortina que marcaba la separacion entre su dormitorio y el tunel que conducia a Usgaran. Al entrar en los banos, no encontro la sala rudimentaria que esperaba; por el contrario, era una sala enorme con utensilios modernos. Estaba iluminada con un par de pilares de un liquido inflamable. En la pared habia anaqueles de piedra que acogian toallas esponjosas y preciosos frascos de jabon y perfume. Habia un hueco bastante grande excavado en el suelo, y junto a el, un grifo y un asidero. Morrigan levanto el asidero, y al instante comenzo a salir agua clara y caliente del grifo hacia la banera de piedra.

– Que genial… -susurro.

Explorando mas, encontro, al fondo de la sala, el servicio, y se entusiasmo al ver que habia huecos tambien excavados en la piedra, por los que fluia agua constantemente. No resultaba en absoluto desagradable.

– Vaya -murmuro mientras se lavaba las manos-. ?Quien ha dicho que los cavernicolas no pueden vivir bien?

Cuando volvio a su habitacion, Birkita ya le habia hecho la cama, y habia dispuesto sobre ella un vestido de lino blanco, del color del cielo, con unas zapatillas a juego.

– Me muero de hambre, y no me siento ni la mitad de cansada que ayer -dijo, mientras Birkita la ayudaba a envolverse en aquella complicada prenda. Cuando dispuso el ultimo pliegue, lo sujeto con un broche de plata muy bonito.

– Me alegro de que hayais recuperado fuerzas, pero siento recordaros que no podeis desayunar todavia. Debeis guardar ayuno hasta el ritual.

– Oh, demonios, ?no puedo? Eso se me habia olvidado.

– Hasta despues del ritual, no. Despues, podeis daros un banquete para celebrar vuestro primer ritual para la diosa. Hasta ese momento, podeis tomar agua, te o vino.

– Aj. ?Agua? ?Para desayunar? ?Y vino con el estomago vacio? Creo que voy a tomar te -refunfuno Morrigan.

Birkita se echo a reir suavemente.

– Los jovenes siempre tienen hambre de todo: de comida, de amor, de vida. Debeis tener paciencia y prepararos para servir a la diosa.

Morrigan contuvo un suspiro. Seguramente, Birkita tenia razon. La abuela siempre tenia razon.

– Bueno, ?puedo llevarme una taza de te a Usgaran? Deberia pasar un rato alli antes de que comience el ritual.

– Muy bien. Asi habla una Suma Sacerdotisa de verdad.

– Me parece que necesito practica en eso de ser Suma Sacerdotisa.

– No teneis por que preocuparos, mi senora, lo conseguireis -dijo Birkita.

Despues, ambas salieron juntas de la habitacion.

Cuando llegaron a la entrada de Usgaran, Morrigan se quedo inmovil observando la escena que se desarrollaba ante si. Si se habia imaginado que podria sentarse tranquilamente y comunicarse a solas con Adsagsona, se habia confundido. Aquel no era un lugar silencioso, en penumbra, idoneo para la meditacion y la oracion. Parecia el centro de un pueblo bullicioso. Las mujeres estaban sentadas confortablemente, charlando. Algunas estaban cosiendo, otras pintaban y otras estaban tallando recipientes de piedra de color crema. Habia algunos hombres, que tambien estaban ocupados creando obras de arte y joyas.

Morrigan acababa de abrir la boca para preguntarle a Birkita por que, aparentemente, habia muchas mas mujeres que hombres en Usgaran, cuando entraron dos hombres jovenes en la sala. Iban vestidos como todo el mundo, con tunicas ribeteadas de cuero y adornadas con piedras semipreciosas y pieles, pero a Morrigan le parecieron distintos. Se dio cuenta de que era por su actitud. Irradiaban tal arrogancia que rozaba el desden.

Morrigan los observo con atencion. Cada uno de ellos llevaba un cubo grande lleno de un liquido marron oscuro. Se acercaron a la piedra de selenita y dejaron los cubos ante ella.

– Bien. Llegas justo a tiempo para bendecir la mezcla de savia de alabastro -dijo Birkita, y comenzo a caminar hacia el interior de la sala. Sin embargo, Morrigan la tomo de la mano y tiro de ella hacia la entrada.

– ?Quienes son esos jovenes?

– Son aprendices de Maestros de las Cuevas. Solo ellos se adentran lo suficiente en las entranas de las cuevas como para recoger la savia de alabastro. Ven, y podras bendecir la mezcla. Deberiamos darnos prisa. No podemos hacer esperar a los aprendices.

– ?Por que? Si son solo aprendices, ?por que no pueden esperar? Ademas, yo no se como se bendice la savia de alabastro. Ni siquiera se lo que es la savia de alabastro.

Birkita abrio mucho los ojos a causa de la sorpresa, pero se lo explico rapidamente.

– En esos cubos hay savia de alabastro. Se recoge de las cuevas mas profundas, donde el alabastro es mas puro y antiguo. Se hacen hendiduras en la roca, y alli se recoge la savia.

– Pero, si esa cosa arde, ?no es inflamable todo el circuito de cuevas?

– No. La savia es inofensiva en su forma bruta. Solo adquiere la capacidad de inflamarse cuando es bendecida por una sacerdotisa de Adsagsona y despues, mezclada con el jugo de maiz destilado y purificado. Entonces, arde e irradia esa luz clara que ves por todas partes en las cuevas.

– ?El jugo del maiz?

– Si, en su forma mas potente es incoloro, como el agua. Pero es muy poderoso. Los Sanadores lo usan para limpiar las heridas.

– ?Es como alcohol! -exclamo Morrigan-. Claro, el alcohol es inflamable. Asi que es esa sustancia la que produce la luz sin humo.

– Morrigan, si en Oklahoma no teneis savia de alabastro, ?como iluminais las cuevas?

– Se usa algo llamado electricidad. Es como… eh… aprovechar la energia de un rayo.

Birkita la miro dubitativamente.

– Me gustaria ver a un rayo domesticado. ?Podeis hacerlo?

– No, no. Yo solo ilumino los cristales. La electricidad es un tipo de magia distinta.

La Sacerdotisa asintio.

– Me imagino que ese tipo de magia debe de ser muy dificil de dominar -dijo, y senalo con la cabeza a los hombres que esperaban impacientemente-. Como los aprendices de Maestro de las Cuevas, que tambien son dificiles de controlar.

– Pero tu eres la Suma Sacerdotisa de la diosa. O lo eras, antes que yo. ?No deberian esperarnos ellos a nosotras? Sin nosotras, la savia no tendria la capacidad de arder.

– Bajo el reinado de Shayla y Perth, el poder y el respeto provienen de la riqueza, y no de Adsagsona -dijo Birkita.

– Se parece mucho a algunas partes del mundo del que yo provengo -musito Morrigan-. Asi que supongo que tendre que bendecir la savia, por muy arrogantes que sean esos tipos.

– Como decis, mi senora, deberiamos hacerlo antes de que se impacienten demasiado.

– Muy bien, pero ?puedo ver primero como lo haces tu?

Вы читаете Diosa Por Derecho
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату