Birkita la miro bondadosamente.
– Debeis aprender a confiar en vos misma, mi senora. La diosa os ha elegido, y lo unico que queda es que entreis formalmente a su servicio.
– Quiero hacerlo, de veras.
– Parte de la divinidad de Adsagsona esta en vos. Venid. Yo bendecire el primer cubo, y despues veremos si quereis bendecir el segundo.
Morrigan sintio nerviosismo, pero asintio. Birkita y ella caminaron hasta los dos jovenes y Birkita los saludo.
– Bien hallados, Beacan y Mannix -dijo, y sonrio-. Nos habeis proporcionado una buena cosecha de savia.
– No tenemos por que esperar, Sacerdotisa -dijo el joven de menor estatura.
Morrigan sintio una punzada de ira instantanea al percibir su tono grosero. Sin dudarlo, lo miro a los ojos.
– Birkita estaba conmigo. Por eso ha llegado tarde.
– Vos sois la Portadora de la Luz -dijo el otro joven. Su tono era de curiosidad.
– Si, yo soy la Portadora de la Luz. Tambien soy la nueva Suma Sacerdotisa de Adsagsona.
Mientras hablaba, Morrigan envio una plegaria silenciosa a los espiritus de los cristales de la piedra de selenita, para que brillaran con intensidad. Los espiritus respondieron con un resplandor que exploto en fogonazos de luz. Morrigan acaricio la piedra para darle las gracias antes de volverse hacia los aprendices, a quienes ignoro, aunque sentia sus miradas. «Mmm, ayer no debian de estar en la cena», penso. Despues sonrio a Birkita.
– Adelante, bendice ahora la savia. Usgaran no es lugar para la impaciencia, asi que sera mejor que estos jovenes sigan su camino.
Morrigan oyo las exclamaciones de asombro de varias de las mujeres que estaban mas cerca, pero no le importo. Ni siquiera se inquieto cuando Birkita le lanzo una mirada de preocupacion, mientras se situaba frente al primero de los cubos. Morrigan sentia que habia algo malo en todo aquello. Lo sintio en lo mas profundo de su ser, de la misma manera que sabia que los cristales se iluminarian cuando los tocara. Tambien sabia que debia hacer algo al respecto, pero Birkita elevo las manos, y el silencio de la habitacion distrajo su atencion de aquella advertencia que le hacia el instinto.
– Adsagsona, apelo a ti, en las alturas -hizo una pausa y movio las manos desde lo alto hacia abajo, con las palmas abiertas, formando una uve con los dedos, a cada lado de uno de los cubos-, y abajo.
Entonces, Birkita comenzo a girar las manos, a dibujar formas bellas por encima de cada uno de los cubos. Morrigan observo con fascinacion como salia una oscuridad humosa de la savia gelatinosa, mientras Birkita continuaba hablando:
– De la oscuridad nace la luz. De la piedra fluye el liquido. Sabemos que nuestra diosa atiende nuestras plegarias porque nos alimenta en el vientre de su propio cuerpo. Somos Sidethas. De la diosa somos. Y del poder de Adsagsona obtenemos el conocimiento. Danos luz, diosa.
Se produjo un suave sonido de chisporroteo, y el humo negro que se habia formado en el cubo se disipo subitamente. La savia quedo clara, brillante, como una gelatina transparente.
– Vuestro turno, Suma Sacerdotisa.
Morrigan se sobresalto. Alzo la vista desde la savia recien bendecida y se dio cuenta de que todo el mundo la estaba mirando con expectacion. Abrio la boca para decirle a Birkita que no, que no podia, cuando oyo las palabras «acepta tu destino», y con otro respingo, se dio cuenta de que queria bendecir la savia.
Morrigan queria ser Suma Sacerdotisa.
Para no tener la oportunidad de acobardarse, se acerco al segundo cubo e, igual que Birkita, elevo las manos por encima de la cabeza y comenzo a hablar con voz clara.
– De la oscuridad nace la luz. De la piedra fluye el liquido -dijo, recordando con facilidad las palabras. Sin embargo, se detuvo, tomo aire y senalo con las manos hacia abajo. Cuando hablo de nuevo, recito las palabras que le salian del corazon, en vez de lo que recordaba de la plegaria-: Escuchame, Adsagsona. Soy Morrigan, tu Portadora de la Luz, y tu Suma Sacerdotisa. Te pido que vengas a mi, luz imposible de la oscuridad impenetrable. Solo una diosa podria darme el poder de crearlo.
Morrigan hizo una pausa mientras comenzaba a trazar dibujos con las manos sobre la savia del cubo. Del alabastro liquido comenzo a surgir una niebla oscura, que se intensifico bajo sus manos. Sin embargo, en aquella oscuridad, Morrigan sintio la chispa de una luz cristalina que ya se habia hecho familiar para ella, como una amiga de la infancia, y cuando completo la bendicion con las palabras «enciendete para mi, por favor, diosa», el poder que surgio bajo sus manos no fue un chisporroteo suave. Fue una descarga de energia y luz que sorprendio incluso a la propia Morrigan.
– ?Bendita sea Adsagsona! -grito Birkita.
– ?Bendita sea Adsagsona! -repitieron todos.
Morrigan miro a los dos jovenes arrogantes y vio que ellos eran los unicos que no le daban gracias a la diosa. En vez de eso, la estaban observando a ella con los ojos entornados, inquisitivos.
Con un cosquilleo de poder en las manos, Morrigan arqueo una ceja y los miro con petulancia.
Capitulo 6
El resto de la manana paso rapidamente, pero Morrigan siguio el consejo que su abuelo le daba una y otra vez: «Si tienes la boca cerrada y escuchas, te sorprendera lo que puedes aprender acerca de la gente que te rodea».
Asi pues, una vez que los aprendices arrogantes se hubieron marchado, Morrigan se acomodo en uno de los asientos cubiertos de pieles.
Primero, que muchas personas no respetaban a las sacerdotisas de Adsagsona desde que Perth y Shayla se habian convertido en los Senores del Reino de los Sidethas. Y era evidente que Shayla tenia mucho poder. A las sacerdotisas no les agradaba, pero estaba claro que pese a ello, temian a los Senores. Tambien estaba claro que los Sidethas que no estaban al servicio de Adsagsona respaldaban a los actuales dirigentes, aunque no le cayeran bien a nadie. La gente era muy rica, y Shayla y Perth lo habian hecho posible.
Cuanto mas escuchaba Morrigan, mas se daba cuenta de que habia caido en medio de una lucha de poder. Las Sacerdotisas no tenian nada en contra de que la gente viviera bien, pero creian que Adsagsona estaba siendo olvidada a causa de tanta ansia de riqueza, asi que querian que la gente volviera a adorar a la diosa y recuperara el antiguo modo de vida sencillo. Fuera lo que fuera.
Aquella situacion era doblemente incomoda, porque parecia que Shayla tenia tendencia a desterrar de las cuevas a todo aquel que le causara enfado. La palabra «destierro» se pronunciaba a menudo, en susurros, acompanada de escalofrios.
Asi pues ?en que posicion estaba Morrigan? Bien, claramente, las Sacerdotisas estaban entusiasmadas con su presencia, y Shayla, todo lo contrario. Bien. Justo lo que ella necesitaba. Verse en mitad de un tira y afloja.
Un poco despues del mediodia, Birkita y dos Sacerdotisas que le habian sido presentadas aquella manana, Deidre y Raelin, fueron a buscarla con una sonrisa de expectacion y le dijeron que era la hora de banarse y ungirse para el ritual. Morrigan se levanto de su asiento y las siguio hacia su habitacion para someterse a los preparativos del ritual.
Despues de un delicioso bano, las mujeres la secaron vigorosamente con una toalla y comenzaron a aplicarle un aceite con olor a almendra dulce en la piel. Morrigan se dio cuenta de que estaba comenzando a sentirse casi mareada de emocion.
?Se estaba preparando para escuchar la voz de su diosa!
Morrigan, envuelta en la gruesa toalla y acompanada por las tres mujeres, fue a su habitacion. Sobre la cama, habia una prenda extrana hecha de una tela blanca como la luna, que brillaba bajo la luz de las estalactitas de selenita. Morrigan la acaricio.
