hurano. Nosotros, la familia Saint Larston, habriamos podido proporcionar trabajo y nos negabamos a ello.

Una vez arrojaron una piedra a Johnny cuando cruzaba a caballo la aldea. No sabia quien se la habia arrojado, y no le acerto; pero fue una senal.

Nunca me habia sentido tan incomoda.

No intente hacerle reproches porque tenia la idea de que eso aumentaba su empecinamiento. Casi nunca estaba en casa; llegaba en silencio a medianoche y se introducia furtivamente en la trasalcoba. Era evidente que me estaba eludiendo.

Yo me habia acostado temprano. Me decia sin cesar que las cosas no podian continuar de esa manera. Algo iba a ocurrir; Johnny cederia.

Permanecia acostada, sin dormir. Suponia que Johnny no volveria a casa hasta la medianoche… o mas tarde aun. Entonces debia tener otra conversacion con el, por mas que lo enfureciera. Debia recordarle su deber hacia nuestro hijo. ?Que necio orgullo familiar era ese, que le hacia resistirse a lo inevitable?

Ensayaba las palabras que iba a utilizar, y mientras estaba alli acostada, cierto impulso me hizo abandonar la cama e ir a la ventana.

Era un habito mio ponerme con frecuencia junto a esa ventana, porque desde ella podia ver el circulo de piedras, que me fascinaban entonces tanto como antes. Siempre me decia que ninguno de mis problemas era tan grande como lo habia sido el de ellas. Tal vez por eso siempre podia extraer consuelo de esas piedras.

De pronto me quede inmovil, pues una de las piedras se habia movido. ?Una de las Virgenes habia cobrado vida! No. Alguien mas estaba alli… ?alguien con una linterna! Habia mas de una linterna… y las luces se desplazaban espectralmente en torno a las piedras. Por un momento, una figura se destaco con claridad; era un hombre que llevaba puesto una especie de casco. Lo observe con atencion; entonces vi a otras figuras. Se hallaban de pie dentro del circulo de piedras y todos llevaban puestos cascos.

Tenia que saber quienes eran y que hacian, de modo que me puse a toda prisa algunas ropas y sali de la casa. Por los jardines cruce al prado, pero cuando llegue no encontre a nadie. A la luz de las estrellas vi las piedras, fantasmales, parecidas a mujeres sorprendidas y petrificadas en la danza. Y no lejos de alli, la mina que tantas discusiones causaba.

De pronto se me ocurrio algo. ?Tal vez hubiesen sido Saul Cundy y sus amigos, que se reunian para discutir que harian luego? ?Que sitio 'mas apropiado para tal reunion!

Pero ya se habian ido. Me detuve dentro del circulo de las piedras, y mientras me preguntaba que harian luego Saul y sus amigos, no podia contenerme de pensar en las Seis Virgenes, y principalmente en la septima, que no habia salido a bailar aquella noche fatal.

?Encerrada, emparedada y abandonada para morir!

Pensamientos estupidos, fantasiosos, pero ?que se podia esperar cuando una se detenia en el centro de un circulo de piedras a la luz de la luna?

* * *

Esa noche no oi llegar a Johnny (debo de haber estado durmiendo cuando lo hizo), de modo que no tuve ocasion de hablar con el.

A la manana siguiente se levanto tarde y salio. Fue a Plymouth, y alli a su club. Debe de haberse pasado la tarde jugando.

Mas tarde comprobamos que salio del club alrededor de la medianoche. Pero no llego a casa.

Al otro dia vi que nadie habia dormido en la cama de la trasalcoba, y aguarde todo el dia su llegada pues habia resuelto que ya no podia demorar mas en hablar con el.

Tampoco vino a la noche siguiente. Y cuando pasaron otra noche y otro dia sin que el hubiese vuelto aun, empezamos a sospechar que algo le habia ocurrido.

Hicimos averiguaciones, y fue entonces cuando descubrimos que habia salido de su club a la medianoche, dos noches atras. Al principio pensamos que habiendolo visto ganar dinero, lo habrian seguido y robado; pero habia perdido mucho y tenia consigo poco dinero al salir.

Comenzo la busqueda; se iniciaron las pesquisas. Pero nadie hallo el rastro de Johnny; y cuando transcurrio una semana sin que todavia hubiese noticias de el, comence a darme cuenta de que habia desaparecido, en efecto.

CAPITULO 07

Era una mujer sin marido; sin embargo, no podia llamarme viuda. ?Que le habia pasado a Johnny? Era un misterio tan desconcertante como el que habia presentado Judith al caerse de la escalera.

Procure mantener la calma. Dije a Carlyon que su padre se habia marchado por un tiempo y eso lo satisfizo; sospeche que nunca habia tenido mucho afecto por Johnny. Trate de prepararme para dos posibilidades: su regreso o una vida a pasar sin el.

No hubo conversaciones inmediatas sobre abrir la mina. Sospeche que eso vendria mas tarde. Se me concedio una breve tregua, teniendo en cuenta la impresion de la desaparicion de mi esposo.

Como en otras epocas, lleve mis problemas a abuelita. Ya casi nunca abandonaba su lecho y me apesadumbraba verla un poco mas debilitada cada vez que nos reuniamos. Me hizo sentar junto a su cama mientras escudrinaba mi rostro.

—Asi que ahora has perdido a tu Johnny —dijo.

—No lo se, abuelita. Tal vez vuelva.

—?Eso es lo que tu quieres, preciosa? —inquirio. Yo guarde silencio, pues jamas pude mentirle—. Te preguntas que ira a pasar ahora, ?eh? Es muy probable que esto haga volver al otro. ?Y la hija del parroco?

—Mellyora piensa antes en mi que en si misma.

Abuelita suspiro, diciendo:

—Esto lo decidira. Si esto no lo hace volver a casa, nada lo hara.

—Debemos esperar y ver, abuelita.

Inclinandose, me apreto la mano.

—?Quieres recobrar a tu marido, preciosa?

Queria una respuesta franca y estaba muy ansiosa.

—No se —le conteste.

—Kerensa, ?recuerdas…? —continuo ella.

Su voz se habia reducido a un susurro; me apretaba la mano con mas firmeza. Intui que estaba por decirme algo de suma importancia.

—?Si, abuelita? —la apremie con suavidad.

—Estuve dandole vueltas en la mente…

De nuevo hizo una pausa; la mire con fijeza. Cerro los ojos y los labios se le movieron en silencio, como si hablara consigo misma.

—?Recuerdas —dijo por fin— como te peine y nos pusimos la peineta y la mantilla que Pedro me regalo?

—Si, abuelita. Las guardare siempre. Con frecuencia me peino asi y me pongo la peineta y la mantilla.

Se dejo caer otra vez sobre sus almohadas; una expresion perpleja asomo a su cara.

—A Pedro le habria gustado ver a su nieta —murmuro.

Pero yo comprendi que no era eso lo que habia estado a punto de decir.

* * *

Mellyora y yo estabamos solas en mi sala de recibo. Aquello se parecia mucho a otras epocas, esos dias en que habiamos estado juntas en el rectorado. Ambas sentiamos esto, que nos acercaba todavia mas.

—Este es un momento de espera, Mellyora —dije—. La vida cambiara pronto.

Ella movio la cabeza asintiendo, con la aguja suspensa en el aire; estaba cosiendo una camisa para Carlyon y trabajando asi se la veia delicadamente femenina y desvalida.

—No hay noticias de Johnny… dia tras dia —reflexione—. ?Cuando crees tu que abandonaran la busqueda?

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