—No lo se. Supongo que lo registraran como desaparecido y lo seguira siendo hasta que tengamos alguna noticia suya.
—?Que crees que le habra sucedido, Mellyora? —dije; ella no contesto—. Habia mucha animosidad contra el en Saint Larston —continue—. ?Recuerdas lo furioso que estaba aquel dia en que alguien le arrojo una piedra? Los pobladores de Saint Larston habrian podido matarlo porque el no quiso abrir la mina. Estaban en juego sus medios de vida. Sabian que yo estaria dispuesta a abrirla.
—Tu… Kerensa.
—Ahora sere yo el ama del Abbas… salvo que…
—El Abbas pertenece a Justin, Kerensa, siempre fue asi.
—Pero se marcho y Johnny lo administraba todo en su ausencia. A menos que vuelva…
—No creo que vuelva jamas. Aunque no te lo dije antes, el procura tomar ahora una decision. Cree que se quedara en Italia e ingresara en una orden religiosa.
—?De veras? —dije, preguntandome si mi voz lograba ocultar mi jubilo. ?Justin, monje! ?Jamas se casaria! Ahora el camino estaba despejado para Carlyon. No podia haber nada que se interpusiera entre el y su herencia.
De pronto recorde a Mellyora sentada en casa, aguardando pacientemente como Penelope. Clave en ella una aguda mirada.
—?Y tu, Mellyora? Lo querias tanto, ?lo amas aun? Guardo silencio antes de responder:
—Que practica eres, Kerensa. Jamas me comprenderias. Yo te pareceria tan necia.
—Por favor, trata de entenderme. Es importante para mi…; me refiero a tu felicidad. He pensado por ti, Mellyora.
—Ya lo se —sonrio ella—. A veces te enfurecias cuando se mencionaba el nombre de Justin… Yo sabia que era porque te apenabas por mi. Justin fue un heroe de mi ninez. Yo tenia hacia el una adoracion infantil. Imaginalo… El era el heredero de la Casa Grande, y el Abbas significaba algo para mi, tal como para ti. Me parecia simplemente perfecto, y supongo que mi sueno acariciado era que algun dia el se fijara en mi. Era el principe del cuento de hadas, que debia haberse casado con la hija del lenador convirtiendola en reina. Todo broto de una fantasia pueril. ?Comprendes?
Asenti con la cabeza.
—Pense que nunca serias feliz cuando el se marcho.
—Yo tambien. Pero nuestro idilio era de sueno. Me refiero a su amor por mi y el mio por el. Si el hubiese estado libre, nos habriamos casado y tal vez habria sido un buen matrimonio; tal vez yo habria seguido adorandolo. Habria sido para el una buena esposa, sumisa, el habria sido un marido amable, tierno; pero nuestra relacion siempre habria tenido esa cualidad de sueno, esa incorporeidad, esa irrealidad. Tu me lo hiciste ver.
—?Yo? ?De que manera?
—Con tu amor por Carlyon, esa vehemente pasion tuya. Esos celos que he visto cuando crees que el se interesa demasiado por mi o por Joe. Tu amor es una cosa violenta, que todo lo consume, y he llegado a convencerme de que eso es el verdadero amor. Piensa en esto, Kerensa; si hubieses amado a Justin como yo creia amarlo, ?que habrias hecho tu? ?Le habrias dicho adios? ?Le habrias permitido irse? No. Te habrias ido con el o te habrias quedado aqui luchando con altivez por el derecho a vivir juntos. Eso es amor. Nunca amaste asi a Johnny, pero antes amabas asi a tu hermano; amabas a tu abuelita y ahora todo tu amor es para Carlyon. Un dia, Kerensa, amaras a un hombre y esa sera la realizacion de tu ser. Creo que yo tambien amare de esa manera. Somos jovenes las dos, pero yo tarde mas que tu en crecer. Ahora he crecido, Kerensa, y ninguna de las dos esta realizada. ?Me comprendes? Pero lo estaremos.
—?Como puedes saberlo con certeza?
—Porque hemos crecido juntas, Kerensa. Hay entre nosotras un vinculo, una linea del destino que no podemos quebrar.
—?Que aire de sabiduria tienes esta manana, Mellyora!
—Es porque las dos estamos libres… libres de la antigua vida. Es como empezar de nuevo. Johnny esta muerto, Kerensa… de eso estoy segura. Creo que es cierto lo que dices. No lo mato una sola persona, sino varias, porque se interponia entre ellos y su medio de vida. Lo asesinaron para poder vivir ellos, sus esposas e hijos. Eres libre, Kerensa. Los hambrientos de Saint Larston te han liberado. Y yo estoy libre… libre de un sueno. Justin ingresara en una orden religiosa; ya no sonare sentada mientras coso, ya no aguardare una carta, ya no me sobresaltare al oir que alguien llega. Y estoy en paz. Me he convertido en mujer. Es como ganar la libertad. Tambien tu, Kerensa, ya que no me has enganado. Te casaste con Johnny, lo toleraste en aras de esta casa, la posicion que el te brindaba, en aras de ser una Saint Larston. Tienes lo que querias y todas las cuotas estan pagas. Es un nuevo comienzo para ti, tanto como para mi.
La mire pensando: 'Tiene razon. No mas reproches. Ya no tengo por que estremecerme cuando miro a Nelly; la cicatriz que tiene en el lomo ya no es una cicatriz en mi alma. No arruine la vida de Mellyora cuando salve al Abbas para Carlyon. No tiene por que haber mas remordimientos.'
Obedeciendo a un impulso, me acerque a Mellyora y la rodee con mis brazos. Ella me sonrio; me agache y le bese la frente.
* * *
Durante las semanas subsiguientes hice dos descubrimientos.
El procurador de la familia vino al Abbas a verme. Traia noticias deprimentes. Hacia algunos anos que la fortuna de los Saint Larston estaba en mengua y era necesario economizar en varios aspectos.
Judith Derrise habia reforzado la situacion con su dote, pero se la debia pagar durante varios anos. Como estaba muerta y el matrimonio no tenia hijos, el resto de la dote no seria pagado. La aficion de Johnny al juego habia apresurado el desastre, que seria necesario retrasar con cuidadosos ahorros, y que nunca habria tenido lugar de no haber muerto Judith.
Para pagar sus deudas de juego, Johnny habia cargado con pesadas hipotecas ciertas propiedades; en pocos meses habria que reunir capital. No parecia haber otra alternativa que vender el Abbas.
Era una situacion similar a la que habia amenazado a la familia varias generaciones atras. En ese entonces, la mina de estano habia resultado ser fuente de riqueza y la familia conservo la antigua mansion.
Era vital actuar dentro de los pocos meses subsiguientes. ?En que sentido hacerlo?, quise saber.
El procurador me miro bondadosamente. Me compadecia. Mi esposo habia desaparecido. No se podia rendir cuenta de grandes sumas de dinero pertenecientes al patrimonio familiar, pero habian pasado por las manos de Johnny, quien probablemente las hubiese perdido jugando. De cualquier manera, Johnny habia desaparecido y me tocaba rescatar todo lo posible para mi hijo— Justin estaba a punto de renunciar al mundo y a todas sus posesiones, salvo una pequena renta privada que iria al monasterio donde iba a pasar el resto de su vida.
—Creo, senora Saint Larston —dijo el procurador—, que deberia usted abandonar el Abbas e irse a la Casa Dower, que esta desocupada en este momento. Si viviera alli, reduciria usted considerablemente sus gastos.
—?Y el Abbas?
—Tal vez encuentre usted un inquilino, pero dudo de que eso resuelva sus dificultades. Quiza sea necesario vender el Abbas…
—?Vender el Abbas! Ha estado en poder de la familia Saint Larston durante generaciones.
Encogiendose de hombros respondio:
—Muchas fincas como esta estan cambiando de manos actualmente.
—Y mi hijo…
—Bueno, es pequeno, no ha pasado muchos anos en este lugar. Es posible que no sea necesario —agrego, ablandandose al ver mi congoja.
—Esta la mina —dije—. Ya salvo una vez al Abbas; lo volvera a salvar.
* * *
Pedi a Saul Cundy que fuese a verme. No lograba entender por que habia cesado la agitacion por abrir la mina. Estaba decidida a iniciar el trabajo de inmediato, y lo primero y mas importante a descubrir era si habia o no estano en la mina.
De pie junto a la ventana de la biblioteca aguarde a Saul, contemplando por sobre los jardines el prado y el
