circulo de piedras. Que escena diferente habria cuando se oyesen las voces de los mineros y yo los viese ir a trabajar con sus picos y sus palas de madera. Necesitariamos maquinas. Poco sabia yo de esa industria, salvo lo que habia aprendido de abuelita, pero si sabia que un tal Richard Trevithick habia inventado un motor a vapor de alta presion que despues de levantar el mineral, lo aplastaba y apisonaba en la superficie.

Que extrano seria… tanto ruido, tanta actividad, tan cerca del circulo de antiquisimas piedras. Y bien, ya habia sucedido antes y la industria moderna protegeria a la antigua casa.

Estano equivalia a dinero, y el dinero podia salvar al Abbas.

Me estaba impacientando cuando por fin Haggety anuncio que Saul Cundy estaba afuera.

—Que pase enseguida —exclame.

Entro con el sombrero en la mano, pero me parecio que le era dificil sostenerme la mirada.

—Sientese —le dije—. Creo que sabe usted por que le pedi que viniera…

—Si, senora.

—Pues bien, sabra usted que no hay noticias de mi marido, y que Sir Justin esta lejos y no se halla en situacion de administrar los negocios de aqui. Hace un tiempo usted encabezo una delegacion y yo hice cuanto pude por convencer a mi marido de que ustedes tenian razon. Ahora voy a autorizar que se, haga una investigacion. Si hay estano en la mina de Saint Larston, habra trabajo para todos aquellos que lo quieren.

Saul Cundy hacia girar su sombrero en las manos, con la mirada fija en la punta de sus botas.

—Senora —dijo—, seria inutil. La mina Saint Larston esta agotada. Alli no hay estano ni habra trabajo para nosotros aqui, en este distrito.

Quede consternada. Aquel gigante de lento hablar estaba destruyendo todos mis planes para salvar el Abbas.

—Que disparate —dije—. ?Como lo sabe usted?

—Porque nosotros ya investigamos, senora. Lo hicimos antes de que el senor Johnny fuese… antes de que el senor Johnny se marchase.

—?Ustedes lo hicieron?

—Si, senora. Teniamos que pensar en nuestro medio de vida… Por eso algunos de nosotros nos pusimos a trabajar en eso por las noches, y yo baje para comprobar que no habia estano en la mina Saint Larston.

—No puedo creerlo…

—Es la verdad, senora.

—?Usted bajo solo?

—Me parecio mejor, puesto que habia peligro de derrumbe… y ya que fue idea mia en primer lugar.

—Pero… yo… yo hare que los expertos examinen esto.

—Le costara mucho dinero, senora… y nosotros, los mineros, conocemos el estano cuando lo vemos. Hemos trabajado toda nuestra vida en la mina, senora. No se nos puede enganar.

—Asi que por eso no hubo mas agitacion en cuanto a abrir la mina.

—En efecto, senora. Yo y los mineros iremos a Saint Agnes alli hay trabajo para nosotros. El mejor estano de Cornualles viene del lado de Saint Agnes. Partiremos a fin de semana, llevandonos a las mujeres y los ninos. Alli habra trabajo para nosotros.

—Entiendo. Entonces no queda nada por decir.

Me miro y pense que sus ojos se asemejaban a los de un perro de aguas. Parecia estar pidiendome perdon. Sabria, por supuesto, que yo necesitaba el productivo estano, porque seria de conocimiento comun que no todo iba bien en el Abbas. Eran ahora Haggety, la senora Rolt y nuestros criados quienes se estarian preguntando como iban a vivir ellos.

—Lo lamento, senora —dijo.

—Les deseo buena suerte en Saint Agnes —repuse—. A usted y a todos los que vayan alla.

—Gracias, senora.

Solo despues de marcharse el adverti la doble significacion de aquello.

Sabia, por supuesto, que los hombres a quienes habia visto desde mi ventana eran los mineros. Esa misma noche habian bajado a la mina y habian descubierto que era improductiva. Entonces se me ocurrio pensar: eso fue antes de morir Johnny. Es decir, sabian que la mina no podia ofrecerles nada. ?Por que iban entonces a matar a Johnny? ?Que sentido tenia?

En tal caso, no eran esos hombres quienes lo habian matado. ?Quien, pues? ?Era posible que Johnny no estuviese muerto?

* * *

Discuti el futuro con Mellyora. Ella estaba recobrando su alegria; era como si hubiese escapado de un hechizo que habia echado sobre ella Justin. Esta era la Mellyora que me habia defendido en la feria. Su adoracion por Justin la habia tornado sumisa; ahora estaba recobrando su propia personalidad.

—Te ves como un dios benevolo que nos gobierna a todos —me dijo—. Nosotros, los demas, somos como reyes a quienes tu has puesto a cargo de nuestros reinos. Si no gobernamos como tu crees que deberiamos hacerlo, quieres hacerte cargo y gobernar por nosotros.

—?Que idea fantasiosa!

—No cuando lo piensas. Quisiste manejar la vida de Joe… la de Johnny… la de Carlyon…

Con una punzada de remordimiento pense: 'La tuya tambien, Mellyora. Aunque no lo sepas, tambien he gobernado tu vida.'

Algun dia debia decirselo, pues no estaria totalmente tranquila hasta que lo hiciese.

Decidi que debiamos mudarnos a la Casa Dower. Haggety y las Salt encontraron trabajo en otra parte. Tom Pengaster se caso por fin con Doll, y Daisy fue con nosotros a la Casa Dower. Los procuradores se hicieron cargo de la administracion de la propiedad; los Polore y los Trelance se quedaron en sus cabanas y siguieron trabajando, mientras la senora Rolt permanecia en el Abbas como ama de llaves; Florrie Trelance venia de las cabanas para ayudarla.

El Abbas debia quedar amueblado, lo cual podia significar que, con cuidado, tal vez Carlyon, cuando fuese mayor de edad, pudiese vivir tambien alli. Parecia un arreglo temporal lo mas satisfactorio posible. Cada dia yo iba al Abbas para asegurarme de que todo se mantuviese en orden.

Carlyon estaba satisfecho con la Casa Dower; juntas Mellyora y yo le ensenabamos. Era un alumno docil, aunque, brillante; con frecuencia lo veia mirar melancolicamente por una de las ventanas cuando brillaba el sol. Todos los sabados acompanaba a Joe en sus recorridas; esos eran sus dias de fiesta.

Solo habiamos tenido dos posibles inquilinos. A uno el Abbas le habia parecido demasiado grande; el otro lo considero fantasmal. Empece a pensar que iba a quedar vacio, a la espera de nuestro regreso.

Siempre me habia asombrado el modo en que muchos acontecimientos importantes me reventaban encima de pronto. Pensaba que debia haber alguna advertencia, alguna pequena premonicion. Pero casi nunca las hay.

Esa manana me levante un poco tarde, pues me habia quedado dormida. Cuando me vesti y baje a desayunar, halle esperandome una carta de los agentes que se ocupaban de la casa. Esa tarde me enviarian un cliente; esperaban que las tres seria una hora conveniente.

Se lo dije a Mellyora durante el desayuno.

—Quien sabe que pasara esta vez —comento ella—. A veces pienso que jamas hallaremos un inquilino.

A las tres me encamine hacia el Abbas, pensando cuan desdichada seria cuando no pudiera entrar y salir como quisiera. Pero tal vez nos hiciesemos amigas de los nuevos inquilinos. Tal vez recibiesemos invitaciones a cenar. Que extrano… ir a cenar al Abbas como invitada. Seria como en aquella ocasion, cuando habia ido al baile.

La senora Rolt no era dichosa; echaba tristemente de menos los antiguos dias y, sin duda, todas las habladurias en torno a la mesa.

—No se a donde iremos a parar —solia decir cada vez que yo la veia—. Valgame, el Abbas es ahora un lugar triste y silencioso. Nunca vi nada parecido.

Yo sabia que ansiaba un inquilino, alguien a quien espiar, de quien murmurar.

Poco despues de las tres alguien llamo a la puerta. Me quede en la biblioteca mientras la senora Rolt iba a franquear la entrada al visitante. Me sentia melancolica; no queria que nadie viviera en el Abbas, y sin embargo

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