Al cabo de unos segundos, distingui la silueta de la gente sentada. Decidi fijar la vista en un punto entre las mesas del fondo, con la esperanza de ver a Season y a Flower moviendose entre ellas en sus afanes proselitistas. Me hallaba en mi mundo de pura concentracion cuando note una mano en el brazo y escuche una susurrante voz femenina. Me pillo desprevenido y las rodillas se me dispararon hacia arriba y golpearon la mesa, derribandola. La chica que me habia hablado se aparto de un salto y vi que era encantadora, con el cabello negro hasta la cintura. Sonriendo, adopte un aura de invisibilidad psiquica y hable en un tono de pura despreocupacion, puro savoir faire.

– Acabo de llegar del Continent y alli todo es mas acogedor y se esta mas a gusto. ?No quieres tomar una copa conmigo?

Se quedo boquiabierta y su encanto se volvio fatuo.

– ?Que? ?Quieres decir que aqui no estas comodo?

– Solo estoy cautivado -replique-. ?No quieres sentarte?

– ?Cautivado?-insistio ella y me dirigio una mirada entre despectiva y perpleja.

Un destello errante de la luz estroboscopica magnifico su boca; la chica estaba boquiabierta y mofandose a la vez. La mofa me recorrio de arriba abajo y, mentalmente, le corte los brazos a hachazos y los arroje en direccion a la Electric Rabbit y sus gemidos desafinados. La chica murmuro «chiflado» y luego hizo un gesto a alguien que quedaba ami espalda y dijo: «?Season, espera!»

Mis objetivos.

La chica se abrio camino entre las mesas del fondo hacia el rotulo que indicaba la salida. Titubee y la segui. Cuando llego a la puerta, se reunio con otras dos siluetas; plantado a diez metros de ellas, vi que las dos llevaban el pelo largo, pantalones de cuero y chaleco. Estaba demasiado lejos para determinar su sexo y tuve que frenar mi bisturi mental antes de rasgarles los pantalones para averiguarlo. De repente, lo que aquel par tenia entre las piernas se convirtio en lo mas importante del mundo. Me dirigia hacia la puerta cuando la chica del pelo negro volvio a zambullirse en el bullicio del club y la pareja de los pantalones de cuero empujo la puerta y salio a la calle.

Los segui.

Cruzaron Sunset con un correteo androgino, captados por un aparato de rastreo de acero que me tenia ajeno a todo lo demas que me rodeaba. Apenas me di cuenta de que estaba cruzando entre los coches, de que sonaban las bocinas y chirriaban los neumaticos. Continue el seguimiento; mantuve activada mi vision en tunel. Cuando deje atras la calle y delante de mi acechaba la oscuridad residencial, un coche que daba la vuelta ilumino a mis presas. Vi que eran macho y hembra, los dos de constitucion delgada; el bigote del joven era el unico rasgo distintivo. Mi aparato de rastreo se desconecto y, en su lugar, se encendio un aviso de «Alerta».

Me detuve e inspire profundamente; la pareja de los pantalones de cuero doblo la esquina y subio la escalera lateral de un edificio de apartamentos de estuco rosa cuyas puertas, situadas a lo largo de un corredor, quedaban a la vista. Season abrio la tercera desde el fondo y encendio una luz; despues, indico al hombre que entrara. Cuando cerro la puerta, la luz se apago de inmediato. No habia usado la llave para abrir; muy probablemente, tampoco la habia echado despues.

Espere durante veinte minutos, dolorosamente largos. Despues, subi y me acerque a la puerta. En el fondo de mis ojos se encendio un «Alerta» de neon rojo. Pegue la oreja a la superficie de contrachapado y aguce el oido, Salvo el crepitar de la electricidad que me recorria el cuerpo, no oi nada, asi que entre.

El apartamento estaba completamente a oscuras y la mullida moqueta parecia incitarme a que, despacio, me adentrara en el. Las paredes daban la impresion de abrazarme y el aire viciado resultaba acogedor. Cuando mis ojos empezaron a distinguir detalles, los muebles baratos de formica y hierro forjado no se me antojaron esteriles: cobraron vida como objetos pertenecientes a una gente a la que deseaba conocer. El calor del hueco entre las cuatro paredes se instalo en mi nucleo fisico, sofocando el rotulo de Alerta. Delante de mi, exactamente, vi un pasillo corto y un vano de puerta con una cortina de sartas de cuentas. Tras ella reposaba la oscuridad, pero yo sabia que esta no me impediria ver. Avance de puntillas hasta la ultima barrera que me separaba de los amantes.

Del otro lado me llegaron gemidos, risillas y grititos de placer. Aparte las cuentas y force la vista hasta que me dolieron los ojos, lo cual me permitio distinguir luces y sombras en unos tobillos entrelazados; cuando inspire, reconoci el olor de la marihuana. Los ruidos amorosos se hicieron mas intensos y las palabras que pude distinguir -«?si!», «?dale!» y «?ven!»- venian de voces vulgares. Aquello me consterno y un aire gelido empezo a filtrarse en mi utero sensual. Para aislarme del frio, me quede mudo y atisbe por entre las cuentas. Vi a dos mujeres que se frotaban la una contra la otra y las chispas que producia la friccion cuando sus pezones se rozaban; vi a dos hombres, unidos entrepierna con entrepierna, cuyas extremidades entrelazadas ocultaban el punto de union. Luego, los cuatro se fundieron en uno y me perdi intentando ver quien habia alli. Entonces, agarrando con fuerza las ristras de cuentas, me corri.

Asombrosamente, no me oyeron. Me quede inmovil como una roca, rodeado de calor y bombardeado por una serie de rotulos de Alerta con las letras cambiadas de orden, o ausentes. Era como si una dislexia completa intentara empujarme, de un modo u otro, a algun acto diabolico e irrevocable. Me quede quieto, quietisimo, y entonces oi por vez primera la voz de Season.

– Solo es el viento, que mueve las cuentas. ?No es bonito?

– Mas bien inquietante -respondio el amante.

– Es la naturaleza. -Season suspiro-. Charlie dice que, despues del Helter Skelter, [1] cuando todas las grandes empresas hayan desaparecido y la tierra vuelva a ser de la gente, las cosas producidas por el hombre y la naturaleza funcionaran juntas en perfecta armonia. Lo dicen la Biblia, los Beatles y los Beach Boys, y Charlie y Dennis Wilson estan haciendo un disco al respecto.

– Llevas bien metido en la cabeza a ese tal Charlie.

– Es un sabio. Es chaman y curandero, metafisico y guitarrista.

El amante emitio un bufido de mofa y Season canto unas frases de Revolution:

– «Dices que quieres una revolucion; bueno, ya se sabe, todos queremos cambiar el mundo.» [2] Charlie llama a eso el Evangelio segun los santos Paul y John.

– ?Ja! ?Quieres oir el Evangelio segun san Yo?

– Pues… Si, claro.

– Entonces, toma nota: buena comida, buena droga, buenas vibraciones y buena jodienda. Y si alguien se entromete, carga, apunta y disparale entre los ojos.

– Y muerte a la pasma.

– En mi caso, no; mi padre es policia. ?Que dice Charlie de la reanudacion instantanea del juego?

– ?A que te refieres?

– Ven aqui y te lo explicare.

Season solto una risilla. Note que la atmosfera se calentaba detras de la cortina de cuentas y sali del utero antes de que el calor se aduenara de mi.

Aquella noche, mis suenos fueron un compendio.

Estaba sin brazos ni piernas. Me perseguia un fantasma llamado Charlie y quise ver por que unas chicas guapas hablaban de el cuando acababan de hacer el amor con otro, por lo que me deje atrapar y solte un grito al ver que la cara de Charlie era un espejo que reflejaba, no mi rostro, sino un collage de organos sexuales destrozados. Walt Borchard se burlo de mi grito y, acto seguido, me metio unos billetes de cien dolares en la boca para que no lo repitiera. Mi madre cogio el dinero y, con el, intento hacerse un torniquete en los brazos cubiertos de cortes. Mi padre brindo por un hongo nuclear que se elevaba sobre el centro de L. A. Consciente de que el silencio total me salvaria, me cosi los labios con grapas de acero mate y accione una serie de mecanismos externos que impedirian que mis sinapsis mentales chisporrotearan. Empece a sentirme inexpugnable e intente reir. No me salio sonido alguno y un nuevo tropel de enemigos con espejos en lugar de caras se acerco a mi, empunando grandes llaves de metal que abririan mi voz, mi cerebro y mi memoria.

Desperte al amanecer, con sensacion de asfixia y buscando aire afanosamente. Habia reventado la almohada a mordiscos y tenia la boca llena de algodon y gomaespuma. Lo escupi todo y respire hondo; de inmediato, tuve un ataque de tos. Intente levantar el brazo derecho para restregarme los ojos, pero no note sensibilidad en el lado derecho del cuerpo.

«No, por favor», gemi. Mande una orden a la pierna derecha para que diera una patada. El pie golpeo el

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