suelo, lo cual me dijo que no me habian amputado aquella parte de mi. Los dientes me castaneaban y ordene al brazo: «Agarra, tira, rasga, sopesa, cobra vida.» Bajo la sabana hubo un ligero movimiento y mi mano se despego de la pared de la cabecera de la cama. Tenia los dedos cubiertos de mortero y sangre y observe el agujero que mi pesadilla habia excavado. Los bordes, perfectamente perfilados, atrajeron mi atencion como jeroglificos de una caverna. Los contemple hasta que la mano recupero la sensibilidad y me desmaye de dolor.
Pase el dia como zombi: dormi, me levante para ir al bano y mojarme la mano, volvi a dormir. El dolor de los dedos era una prueba de que yo seguia existiendo como maquina en funcionamiento y cuando desperte del todo, al atardecer, supe que debia hacer. Despues de quitarme los ultimos restos de yeso de las unas, volvi en coche al utero a esperar a los cuerpos mas perfectos que pudiera darme.
Aparcado junto al bordillo cerca del edificio de estuco rosa, espere. A las 7.00, Flower y Season dejaron el apartamento y se dirigieron caminando al Strip; a las 8.19, Flower regreso en compania de un hippie con aire de roedor. La combinacion de la inanidad de la chica y la carne flaccida y colgante del roedor gritaba «no». Continue la vigilancia.
Flower y su consorte ratonil salieron a las 10.03 y se separaron en la esquina. En su recorrido de vuelta al Whiskey, la chica se cruzo con Season, que iba con un hombre de unos treinta anos, delgado como un rail de tren, e intercambiaron unas palabras. Era a Season a quien yo deseaba en mi triunvirato, pero su magro acompanante tenia un aire malevolo y destructivo. Impaciente y ansioso por el largo transito sin peliculas mentales, me quede quieto.
Poco despues de medianoche, Season y su amante dejaron el apartamento y se dirigieron al sur, alejandose del Strip. Entonces cai en la cuenta de que las chicas debian de sincronizar sus llegadas y partidas y aposte a que Flower reapareceria al cabo de diez minutos. Me dolia la mano y procure que las palpitaciones dolorosas bajaran de intensidad concentrandome en la pregunta que habia perturbado mis suenos: ?quien era Charlie?
Como esperaba, Flower doblo la esquina apenas unos minutos mas tarde. La acompanaba un tipo grande con ropas militares que se movia con una autoridad que resultaba antihippie, anticontracultura y puramente masculina. Al acercarse al edificio, se quito la gorra y se aliso el cabello. Lo tenia de un rubio lustroso y comprendi que tenia que ser Charlie.
Mi espera dio paso a una serie de temblores, escalofrios y cosquilleos en la entrepierna. Sabiendo que a Charlie le pareceria vulgar un polvo rapido y violento, aguarde a que se estableciera un ambiente precoital antes de acercarme a la puerta. Con el corazon desbocado, abri y entre.
La habitacion delantera estaba oscura como la brea y deje la puerta entornada para que entrara cierta luminosidad; luego, fui directo hasta la cortina de cuentas. Mire a traves de ella y el resplandor de la vela encuadro al hombre encima de la chica. Me toque, pero tenia fria esa parte de mi. El corazon me iba «tumpa, tumpa, tumpa» y supe que los amantes no tardarian en oirlo. Me toque de nuevo y esta vez no note frio, sino nada. «Charlie», susurre; aparte la cortina y avance hacia la cama. Una levisima brisa hizo que la vela iluminara unas piernas entrelazadas. Con una exclamacion, me incline y las toque.
– ?Oh, Dios!
– ?Que cono…?
Oi las palabras y retrocedi; se encendio una luz y las piernas que habia estado acariciando me lanzaron patadas. Un instante despues, Charlie empezo a envolverse en una sabana y no me quedo mas remedio que huir.
Corri a la cortina y me alcanzo un golpe en la nuca. Flower chillo: «?El Helter Skelter se acerca!», y cai de rodillas. Luego, se encendio la luz de la habitacion de la entrada y la fuerza que me agarraba del cuello me levanto del suelo. Capte una confusa panoramica de Tahiti y Japon via Pan American Airways y carteles de los Jook Savages y de Marmalade. Intente fugarme a una pelicula mental defensiva, pero tenia el cerebro como si me estuvieran volando la tapa de los sesos a tiros. «?Mierda, mierda, mierda!», grito Charlie; al momento siguiente, estabamos en el corredor exterior y la gente de los apartamentos contiguos se asomaba a la ventana. Me miraban a mi.
Mientras Charlie me retorcia el cuello, a punto de arrancarlo de su eje, lance una patada de costado y cristales hechos anicos volaron sobre una sucesion de caras perplejas. Charlie me arrastro escalera abajo y en mis oidos resonaron gritos y unas sirenas que se acercaban. Lo ultimo que oi antes de perder el conocimiento fue a Flower cantando un improvisado popurri de los Beatles.
11
La caricia me costo casi un ano de mi vida.
Me detuvieron y me acusaron de un delito de robo con escalo y la ganzua del bolsillo me valio un segundo cargo, el de posesion de herramientas para cometer robo con escalo. Tambien querian acusarme de voyeurismo, pero el abogado de oficio me dijo que el tio Walt Borchard habia convencido al fiscal del distrito de que no presentara ese cargo, pues no queria que me etiquetaran de delincuente sexual. Siguiendo el consejo del fiscal, me declare culpable en el acto de lectura de la acusacion. La condena: un ano en la prision del condado de Los Angeles y tres anos de libertad vigilada. Cuando el juez me leyo la sentencia y me pregunto si tenia algo que decir, rompi la pauta de silencio/respuestas monosilabicas que habia mantenido desde el momento de mi detencion.
– No tengo nada que decir… todavia -respondi.
Mi «silencio practico» entro en accion automaticamente en el momento que el sheriff me cerro las esposas en las munecas y me entere de que mi asaltante no era el fantasmal Charlie, sino un hombre llamado Roger Dexter. Los polis, los presos y los funcionarios con los que trate entre la detencion y la sentencia esperaban laconismo y miradas perdidas, y mi conducta en la subcomisaria de Hollywood Oeste no resulto tan incongruente. Ademas, media metro noventa, pesaba ochenta y cinco kilos, era huesudo y extrano, y mis companeros del calabozo tenian peces mucho mas pequenos con los que entretenerse. Nadie sabia que estaba muerto de miedo y que mi protector en la prision era el villano de un comic.
Los consejos de la Sombra Sigilosa aplacaron mis pesadillas, suavizaron mis recuerdos del momento en que habia tocado carne y me permitieron concentrarme en sobrevivir a la condena. Nuestro dialogo era tan constante que, incluso manteniendo un silencio fisico permanente, por dentro me sentia hiperverbal, y en mi campo visual aparecian avisos impresos cada vez que estaba especialmente asustado.
«Contando con la 'buena conducta' y la 'reduccion por trabajo' de la que gozaras por ser un preso de confianza, tendras que soportar nueve meses y medio de carcel. Tendras por companeros a hombres estupidos y violentos propensos a torturar a los mas debiles que ellos.
»Por lo tanto, deberas sacar partido de tu aspecto fisico sin adoptar una conducta de macho, que solo atraeria mas violencia.
»Por lo tanto, deberas utilizar el silencio practico y la invisibilidad fisica y 'una invisibilidad protectora nueva y bien elaborada', adoptando la personalidad de los que estan contigo, mezclandote con ellos hasta que seas indistinguible de tus companeros reclusos.»
Asi, mentalmente pertrechado, llegue a la «nueva» prision del condado de L. A. a cumplir mi condena. El edificio, terminado hacia poco, era una enorme construccion angulosa de acero y cemento brillante, toda pintada de gris azulado y naranja, con largos corredores intercalados entre los calabozos y los modulos de los internos, y unas celdas de cuatro literas con estrechos pasillos en la parte delantera. Unas escaleras mecanicas conectaban los seis pisos, cada uno de los cuales equivalia en altura a un edificio de tres plantas, y los pasillos tenian la longitud de tres campos de futbol. Los comedores eran como salas de cine y la zona de oficinas constaba de doscientos metros de puertas reforzadas. Despues de diez horas de espera en el calabozo, de registros corporales, de rociadas contra los piojos y de mas espera, me consignaron junto con otros cinco en una celda para cuatro donde esperaria a que me otorgasen el estatus de preso de confianza y me asignaran empleo. Despues de recorrer kilometros de cemento gris azulado/naranja mientras una acumulacion de conversaciones obscenas me zumbaba en los oidos, me tumbe en el camastro que le arrebate a un mexicano joven y rechoncho, para que las impresiones generales se asentaran. Contencion era la palabra mas precisa y global, y supe que la obtendria del acero y del metal que me retenia y de las mentes empobrecidas de mis carceleros y de los otros