ademan de subir y Raymond se metio dentro. Al cabo de un instante, las puertas se cerraron y toco el boton de la cuarta planta. Un instante mas y el ascensor se elevo. Volvio a mirar su reloj.

23:24 h

Respiro y se cambio el paquete de una mano a la otra. Rebecca estaria sola, descansando en su habitacion, con su hermano tranquilamente al otro lado del Sena, en el apartamento de la rue Huysmans, una vez completada su emocionalmente agotadora actividad del dia. Tal vez incluso se habria cambiado de ropa.

O tal vez no.

Teniendo en cuenta lo que todavia estaba por ocurrir, lo que llevara importaba poco.

43

Geoffrey Higgs y tres de los guardaespaldas de traje oscuro llevaron a Peter y Michael Kitner por la puerta lateral del Crillon hasta la rue Boissy d'Anglais, donde los esperaba la limusina de Kitner. Uno de los guardaespaldas abrio la puerta y los tres se metieron en el coche, Higgs el ultimo. De inmediato el chofer arranco, cogio velocidad y cruzo la Place de la Concorde, giro por los Campos Eliseos y se encamino rumbo a la residencia parisina de Kitner, en la avenue Victor Hugo.

– Quiero saber quien era y lo que sabe -dijo Kitner, mirando directamente a Higgs.

– Si, senor.

– A partir de ahora tendremos un espacio aparte para la prensa. Michael te dara una lista de los periodistas autorizados y se comprobaran las credenciales. No podra entrar nadie mas.

– Si, senor.

Michael Kitner miro a su padre.

– Si era un periodista descubriremos quien era.

Peter Kitner no dijo nada. Estaba claramente molesto y se mostraba frio y distante.

– ?Como podia saber lo de Davos?

– No lo se -dijo Kitner. Brevemente su mirada se dirigio a Higgs, para luego volverse a mirar al gentio que, incluso a esa hora y con el frio de enero, paseaba por los Campos Eliseos.

«No lo se -se dijo Kitner-. No lo se.»

Con el telefono al oido, Nicholas Marten se inclinaba encima del escritorio del pequeno despacho de Armand mientras esperaba que atendieran su llamada.

– Vamos, Rebecca -la apremio-, contesta.

Era la sexta vez que llamaba. Las tres primeras llamadas las habia hecho al movil de Rebecca y no obtuvo respuesta. Preocupado y frustrado, espero diez minutos y volvio a llamar. Sin respuesta. Finalmente colgo y llamo al hotel, dio su numero de habitacion y pidio que le pasaran la llamada. Con el mismo resultado.

– Vamos -mascullo, mientras miraba las notas garabateadas en el bloc que tenia delante.

Vuelo de Air France 1542, sale de Paris Charles de Gaulle, terminal 2F, a las 7:00; llega a Ginebra a las 8:05, terminal M.

– Maldita sea, Rebecca, cogelo.

Marten sentia crecer su ansiedad con cada timbre sin contestar. Ya habia despertado a Armand y obtuvo la misma informacion que cuando el hermano de Nadine habia llegado a casa: si, habia acompanado a Rebecca hasta su habitacion del Crillon. Si, ella cerro la puerta antes de que el se marchara. Si, oyo como cerraba por dentro. Eso era lo unico que sabia. ?Queria Marten que lo llevara al hotel para comprobarlo? No, estaba bien, le dijo Marten, tan solo una confusion, nada de lo que preocuparse. Con esto, Armand asintio educadamente y volvio a acostarse.

Dos pitidos mas y un hombre con acento frances atendio la llamada:

– Lo siento, senor. No contesta nadie en la habitacion.

– ?Sabe si la senorita Marten ha salido?

– No, senor.

– ?Podria preguntar en recepcion para ver si tal vez ha salido y ha dejado dicho adonde iba?

– Lo siento, senor, pero no estamos autorizados a dar esta informacion.

– ?Soy su hermano!

– Lo lamento, senor.

– ?Que hora tiene?

– Las doce, senor.

– Por favor, intente de nuevo pasar la llamada a la habitacion.

– Si, senor.

Las doce en punto, igual que en el armario de sobremesa del despacho de Armand. Rebecca habia llegado al hotel a las once, hacia exactamente una hora.

La llamada volvio a pasar, sono una docena de agonizantes tonos y luego la voz masculina volvio a atenderla.

– Lo siento, senor, sigue sin haber respuesta. ?Desea dejar algun mensaje?

– Si. Digale a la senorita Marten que su hermano ha llamado y que, por favor, me llame tan pronto como le den el recado. -Marten le dio al operador el numero de casa de Armand y colgo.

Volvio a mirar el reloj.

00:03 h

Ya era jueves, 16 de enero.

?Donde demonios estaba Rebecca?

44

Hotel Crillon, suite Leonard Bernstein. A la misma hora

Rebecca estaba sentada en una butaca de terciopelo rojo, boquiabierta, apenas capaz de respirar. Estaba rodeada de una elegante decoracion rococo: butacas y divanes tapizados en seda roja, paredes cubiertas de paneles de madera pulida, ventanas de suelo al techo cubiertas con ricos cortinajes florales. En el rincon opuesto habia un piano Steinway de cola, con la tapa abierta, listo para que alguien tocara, y todo estaba delicadamente iluminado por una mezcla de extraordinaria de delicadas y ornadas lamparas de mesa y apliques de pared.

Al otro lado de la puerta abierta que estaba a su izquierda habia un comedor privado, y mas alla, unas puertas de cristal que se abrian a una amplia terraza exterior. Detras, la noche parisina. Aquellas puertas eran una manera de huir, si hubiera tenido el coraje. Pero sabia que no lo tenia y que no lo haria, ni ahora ni nunca.

– Respira larga y profundamente y todo ira bien.

Raymond estaba muy cerca de ella, con los ojos llenos de brillo al mirarla. La habia sorprendido en su habitacion y la hizo bajar rapidamente una planta, hasta una de las suites mas caras del Crillon. Aparte de Adolf Sibony, el conserje de noche, nadie sabia que estaban alli. Ni los habia visto nadie entrar, ni ella habia avisado de que salia de su habitacion. Por encima de todo estaban sus ordenes a Sibony de que no debian molestarles.

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