– Le voy a pedir que mire unas fotos. -Toco el sobre y miro a Nadine y a lady Clem-. Tal vez prefieran no mirar, mesdames. Son mas bien explicitas.

– Yo estoy perfectamente -dijo Clem, sin haber perdido un apice de su furia.

– Como quiera. -Lenard miro a Marten y abrio el sobre, y luego, una a una, coloco una serie de fotos delante de el. Eran fotos del escenario del crimen tomadas en la habitacion de hotel de Halliday, en el hotel Eiffel Cambronne. Cada foto llevaba una fecha y una hora en el extremo inferior derecho.

La primera era un plano general de la habitacion con el cadaver de Halliday sobre la cama. La segunda, una toma de la maleta abierta de Halliday. Habia otra de Halliday en la cama desde otro angulo. Y todavia otra, y otra. Entonces Lenard selecciono tres de las fotos.

– En cada una vemos el cadaver, la cama y la mesilla que hay detras. Todas estan tomadas desde angulos ligeramente distintos. ?Hay algo que encuentre claramente distinto de la una a la otra?

– No. -Marten se encogio de hombros. Sabia lo que venia a continuacion, pero no estaba dispuesto a revelarlo.

– Las primeras fueron tomadas cuando llegaban usted y Dan Ford. La ultima fue tomada unos veinte segundos despues de que se marcharan.

– ?Que intenta decirme?

– En las primeras vera usted una agenda vieja y mas bien gruesa sobre la mesita de noche. En la ultima, la agenda ya no esta. ?Donde esta?

– ?Por que me lo pregunta a mi?

– Porque usted o Dan Ford se la llevaron. Y no estaba ni en el coche de monsieur Ford, ni en ningun rincon de su apartamento.

– Yo no me la lleve. Tal vez lo hiciera otra persona. En la habitacion habia mas gente. -Marten miro a Kovalenko-. ?Se lo ha preguntado al ruso?

– El ruso no se la llevo -dijo Kovalenko sin alterarse, y Marten lo siguio mirando unos segundos. Habia algo raro en la manera en que estaba apoyado en la ventana, con los brazos cruzados encima del pecho, vigilandolos. Le recordo la sensacion que tuvo la primera vez que lo vio en la escena del crimen de Halliday. Kovalenko presentaba un aspecto amable, casi academico, pero no tenia nada de lo uno ni de lo otro y ahora, como entonces, andaba buscando algo mas. Tal vez hasta fuera algo mas de lo que le habia contado a la policia francesa. Que era, o que creia que Marten sabia y no contaba, le resultaba imposible de saber.

Lo que si estaba claro era que Kovalenko habia sido el que se habia enterado de su relacion con Clem, la habia buscado en Amsterdam y supo que estaba de camino a Paris, y luego habia convencido a Lenard para que la detuviera para ser interrogada, bajo cualquier ley francesa aplicable, y la llevara hasta aqui. Era lo mismo que le habian hecho a el cuando lo llevaron a los escenarios de los crimenes del rio y luego lo interrogaron. Querian saber como iba a reaccionar Clem y luego como iba a reaccionar el a su presencia y a la manera en que la habian tratado. Si parecia extremo era porque lo era, y significaba que lo que Kovalenko tenia entre manos era mucho mas grande que unos cuantos asesinatos. Y, obviamente, no le importaba que botones tocaba ni a que nivel lo hacia, porque seguramente estaba al tanto de quien era Clem y de quien era su padre.

– Cuando se marcho de su apartamento para venir aqui, usted hizo dos maletas -dijo Lenard, mirando de pronto a Nadine-. ?Que metio en ellas?

Marten se sobresalto. Esto era lo que habia temido. Nadine no estaba en condiciones de ser interrogada. No habia manera de saber como reaccionaria ni lo que diria. Por un lado, medio esperaba de ella que le dijera a Lenard exactamente lo que habia hecho. Por el otro, sedaba cuenta de que, de entrada, habia sido lo bastante fuerte para hacer lo que habia hecho y por lo tanto estaba preparada para ser interrogada por la policia, llegado el caso.

– Ropa -dijo, impasible.

– ?Que mas? -la apremio Lenard.

– Solo ropa y el neceser. Hice mi maleta y luego meti las cosas del senor Marten en su bolsa, como creo que usted mismo me pidio al ocupar mi casa de manera tan apresurada.

Marten sonrio. Era buena. Tal vez hubiera aprendido aquella contencion de Dan, o tal vez fue esto lo que Dan vio en ella de entrada. El sabia que lo habia hecho por Dan, y tambien por Marten, por su amistad y porque el asi lo habria querido.

De pronto Lenard se levanto.

– Me gustaria que mi equipo registrara este apartamento.

– No es mi casa -dijo Nadine-. No soy yo quien tiene que darle el permiso.

– Ni yo tampoco, pero si Armand esta de acuerdo, adelante -dijo Marten-. No tenemos nada que ocultar. -Vio que Nadine lo miraba alarmada, pero no le respondio.

– Adelante -dijo Armand.

Lenard le hizo un gesto de aprobacion a Roget y el detective se levanto y salio del salon. Los dos agentes de uniforme los siguieron.

Marten habia hecho bien despejando de inmediato cualquier sospecha, y confiaba en que los hombres de Lenard llevarian a cabo el registro con rapidez y se limitarian al propio apartamento, sin aventurarse al gelido patio. El problema era que Nadine no sabia que los dos objetos estaban escondidos. Habia hecho lo que debia y era una mujer fuerte, pero con su mirada a Marten le revelo su ansiedad. Lenard seguia en el salon, al igual que Kovalenko. Cuanto mas durara el registro, mas nerviosa se pondria ella y ellos se darian cuenta. Marten sintio que tenia que hacer algo para aflojar la tension y, al mismo tiempo, enterarse de algo.

– Tal vez mientras sus hombres lo desmontan todo, podria contarme lo que han descubierto al registrar los coches -le dijo a Lenard-. Al fin y al cabo, yo estuve alli a peticion suya.

Lenard lo miro un breve instante y luego asintio con la cabeza:

– El muerto del segundo coche era, en efecto, Jean-Luc.

– ?Quien es?

– Era comercial de una imprenta. De momento es lo unico que sabemos de el.

– ?Ya esta? ?No han descubierto nada mas?

– Tal vez no seria inapropiado, inspector -dijo Kovalenko desde el rincon donde estaba apoyado en la ventana- que compartieramos nuestra informacion con el senor Marten y con la senora Ford.

– Como quiera -acepto Lenard.

Kovalenko miro a Nadine:

– Su esposo no lucho mucho tiempo, pero se las arreglo para hacerlo lo bastante como para forzar a su asaltante a apoyar la mano contra el cristal de la ventana del lado del conductor. Al cabo de unos momentos el asesino bajo la ventanilla para que el agua del rio entrara en el coche y lo hundiera. Al hacerlo, sin darse cuenta ayudo a conservar su propio rastro, puesto que evito que el cristal quedara lavado por la presion del agua.

– ?Esta diciendo que tienen sus huellas? -Marten hizo un esfuerzo para que no se le notara la sacudida de animo que aquella noticia representaba.

– Si -respondio Lenard.

Marten miro pasillo abajo. Los hombres de Lenard seguian alli. Podia ver a dos en la cocina, otro que entraba en el bano, y otro mas en la puerta del estudio en el que habia revisado los archivos y luego habia dormido. ?Cuanto tiempo pensaban tardar?

Marten volvio a mirar al salon y se dio cuenta de que Lenard miraba a Kovalenko. El ruso asintio con la cabeza y Lenard miro a Marten.

– Monsieur, podria detenerlo por sospechoso de haber retirado pruebas de la escena de un crimen. En vez de esto, y por su propio bien a la luz de los acontecimientos, debo pedirle educadamente que abandone el territorio frances.

– ?Como? -Marten fue pillado por total sorpresa.

De pronto, Lenard se levanto:

– El proximo tren del Canal de la Mancha sale de Londres en unos cuarenta y cinco minutos. Ordenare a mis hombres que lo acompanen y que se aseguren de que sube al mismo. Para asegurarnos de que llega sano y salvo a Inglaterra, le hemos pedido a la Policia Metropolitana de Londres que nos confirme su llegada.

Marten miro a Kovalenko, que se aparto de la ventana y salio del salon. De modo que este era el significado del gesto de Kovalenko a Lenard. El ruso ya se habia enterado de todo lo que habia podido y ya no necesitaba a

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