Kovalenko asintio:

– Si.

– ?Y por que no se la ha dado a Lenard?

– Por la sencilla razon que la he encontrado yo, no Lenard.

– Entonces, ?por que la ha dejado? ?Por que no se la ha llevado?

– Porque sabia que, tarde o temprano, la persona responsable de ocultarla querria recuperarla. Y ahora tengo tanto a la persona como las pruebas. -Kovalenko giro por el boulevard St. Michel y redujo velocidad, por el trafico que habia-. ?Que ha encontrado, o creia que iba a encontrar, en la agenda del detective Halliday, que fuera tan importante como para arriesgarse a ser arrestado, no una vez, sino, como hemos visto, dos? ?Tal vez pruebas que lo puedan incriminar?

Marten se sorprendio:

– ?No creera usted que yo mate a Halliday?

– Dio media vuelta al verlo en el Pare Monceau.

– Ya le explique por que. Le debia dinero.

– ?Y quien lo puede corroborar?

– Yo no le mate.

– Ni tampoco se llevo su agenda. -Kovalenko miro a Marten directamente, y luego volvio a mirar el trafico que tenia delante-. Vamos a suponer que usted no le mato. O usted o el senor Ford exhibieron una buena dosis de atrevimiento al llevarse una prueba de la escena de un crimen delante de las mismisimas narices de la policia. Eso significa que o bien sabian, o bien creian, que lo que contenia tenia un valor considerable. ?Correcto? Y luego, por supuesto, esta el otro objeto que estaba en la bolsa: la carpeta de acordeon. ?De donde sale y cual es su valor?

Marten levanto la vista. Estaban cruzando el Sena por el Pont St. Michel. Justo delante estaba la sede de la Prefectura de Policia de Paris.

– ?Que gana metiendome en la carcel?

Kovalenko no respondio. En un momento llegaron a la sede de la policia. Marten esperaba que el ruso se detuviera y entrara, pero no lo hizo. Siguio avanzando por el boulevard Sebastopol y se metio hacia el centro de la Rive Droite.

– ?Donde vamos?

Kovalenko permanecio en silencio.

– ?Que quiere de mi?

– Mi dominio del ingles, senor Marten, en especial del ingles escrito a mano, con todos sus usos coloquiales y abreviaturas, no es muy bueno. -Kovalenko aparto los ojos de la calle para mirar a Marten-. Asi que, ?que quiero de usted? Quiero que me lleve de visita por la agenda y por el archivador.

127 Avenue Hoche, 12:55 h

Linterna encendida, electricidad desconectada.

Un tornillo arriba, luego otro y dos mas por abajo y Alexander levanto la tapa del panel electrico principal. Dos tornillos mas y aflojo un bloqueador de circuito de 220 voltios. Con cuidado de no tocar los cables que lo conectaban, lo libero.

Luego abrio una bolsa de lona y saco un temporizador diminuto que llevaba unas conexiones de cables de alta precision a ambos lados. Con cuidado, saco un cable de conexion del bloqueador y lo conecto a un lado del temporizador, y luego hizo lo mismo con un cable similar al otro lado del bloqueador, con lo que permitia al temporizador controlarlo todo. Volvio a meter el bloqueador dentro del panel y lo atornillo con fuerza, luego volvio a colocar la tapa y los cuatro tornillos originales que habia sacado.

Linterna apagada, electricidad conectada de nuevo.

Al cabo de cinco segundos subio las escaleras del sotano, abrio una puerta de servicio y salio por el callejon. Fuera tenia aparcado un furgon Ford de alquiler. Se metio dentro y se marcho. El mono azul y la peluca rubia que llevaba, junto al carnet de electricista que tenia en el bolsillo, habian resultado innecesarios. Habia encontrado la puerta abierta y nadie lo vio entrar ni salir. Tampoco le habia dado tiempo a nadie de que se quejara de que no habia luz. Toda la operacion, de principio a fin, habia durado menos de cinco minutos.

Exactamente a las 3:17 de la madrugada de manana, viernes, 17 de enero, el temporizador se dispararia, mandaria un arco de electricidad por todo el panel y el edificio entero se quedaria a oscuras. A los pocos segundos, un intenso fuego electrico, expandido por un perdigon de fosforo colocado dentro del temporizador, se encenderia dentro del panel. El edificio estaba lleno de madera y era antiguo, como lo era toda la instalacion electrica. Como muchos edificios memorables de Paris, su propietario se habia gastado el dinero en yeso y decoracion, no en medidas de seguridad. En pocos minutos el fuego se extenderia por toda la estructura y, para cuando se disparara la alarma, el edificio entero seria un infierno en llamas. Sin electricidad, sus ascensores resultarian inservibles y las escaleras interiores estarian totalmente a oscuras. El inmueble tenia siete plantas, y dos apartamentos grandes en cada planta. Solo sobrevivirian los residentes de las plantas de abajo. Los de mas arriba tendrian pocas posibilidades de escapar. Los de arriba de todo, el atico, no tendrian ni la mas minima posibilidad de hacerlo. Era el atico frontal el que le preocupaba. Habia sido alquilado por la gran duquesa Catalina Mikhailovna para ella misma, su madre, la gran duquesa Maria Kurakina, y su hijo, el gran duque Sergei Petrovich Romanov, de veintidos anos de edad, el hombre del que se sospechaba que, si Rusia lo permitia, se convertiria en el proximo zar. La operacion de Alexander garantizaba que no seria asi.

56

Hotel Saint Orange, rue de Normandie. El mismo jueves 16 de enero, 14:30 h

Nick Marten estaba de pie junto a la ventana de la fria y vetusta habitacion de hotel de Kovalenko y escuchaba el clic de las teclas mientras el detective ruso trabajaba en su ordenador portatil, redactando un informe de los acontecimientos del dia que debia enviar a Moscu de inmediato. En la cama, detras del pequeno escritorio en el que Kovalenko trabajaba, estaban la agenda de Halliday y la gran carpeta archivadora de Dan Ford. Ninguno de los dos objetos habia sido abierto.

Mientras contemplaba trabajar al detective -grandote, con barba y aspecto de oso, el vientre prominente presionando el jersey azul que llevaba debajo de la americana y un arma automatica que le asomaba por la funda del cinturon-, Marten tuvo la sensacion de que distaba mucho de ser el hombre profesional y de trato facil que aparentaba ser. Era lo mismo que habia sentido la primera vez que se vieron en la habitacion de hotel, rodeados por los hombres de Lenard y con el cadaver de Halliday tendido en la cama, y luego otra vez en casa de Armand.

Con lo buen detective que era Lenard, Kovalenko era todavia mejor. Mas agudo, mas independiente, mas persistente. Lo habia demostrado en mas de una ocasion: su operacion de vigilancia clandestina del apartamento de Ford, su persecucion de madrugada hasta una zona rural, su reflexivo interrogatorio a Marten cuando regresaban de las escenas de los asesinatos del rio; su aparente orquestacion de toda la intimidacion con Clem; su busqueda precisa por el patio de Armand cuando los hombres de Lenard ya la daban por acabada, y su posterior descubrimiento de la bolsa escondida. Y luego, en vez de entregarla a la policia francesa, se aposto en la zona y espero a que alguien viniera a recuperarla… alguien que estaba seguro que llegaria por el callejon y no por el interior del apartamento. Su principal sospechoso: el propio Marten. Marten no tenia ni idea de cuanto tiempo habia estado el ruso dispuesto a esperar, pero era ese tipo de actitud astuta y esforzada que a Red McClatchy le hubiera encantado.

Dejando de lado su intensidad y diligencia, la pregunta era, ?por que? ?Que se proponia? De nuevo tuvo la sensacion de que la presencia de Kovalenko en Paris tenia otro motivo, aparte del asesinato de Alfred Neuss, algo

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