mapas, y no habia impreso ningun menu desde hacia mas de dos anos. Ni tampoco encontramos ningun mapa, ni ningun menu, ni en el coche de Ford, ni en el Toyota de Vabres.
– Claro que no, porque se lo llevo Raymond. -Marten se levanto y cruzo la habitacion-. De alguna manera, se entero de que lo tenia Vabres y de que iba a darselo a Dan. No solo lo queria, sino que debia evitar que ninguno de los dos hablara de el
– ?De donde saco Vabres el menu si su empresa no lo habia impreso? ?Y por que llamo a Ford a las tres de la madrugada para pedirle que fuera tan lejos de Paris para darselo?
– Eso es lo que yo me pregunte cuando encontre el menu en la carpeta archivadora de Dan. ?Cual era la prisa? -Marten miro al suelo, luego se paso una mano por el pelo y se volvio hacia atras-. Tal vez estemos pensando demasiado atras. ?Y si Vabres ya habia alertado a Dan de la existencia del menu y le habia dicho a que ocasion correspondia? Si era lo bastante importante, si la celebracion era algo mas que un sencillo acto social, Dan lo habria querido ver con sus propios ojos, aunque solo fuera para verificarlo. ?Y si le pidio a Vabres que lo llamara a cualquier hora del dia o de la noche cuando lo tuviera, para ir a recogerselo? Entonces Vabres lo consiguio, se dio cuenta de lo importante que era y empezo a temer que tal vez no fuera asunto de su incumbencia y a dudar si debia filtrar aquel asunto a la prensa. La duda lo mantuvo en vela. Entonces, finalmente, en medio de la noche decidio que si, que tenia que darselo a Dan. Y lo llamo de inmediato para encontrase con el. Quien sabe, tal vez el lugar ya estuviera acordado de antemano, o ya se habian encontrado alli alguna vez…
Kovalenko lo miro un buen rato antes de decir nada, y cuando hablo fue con un tono tranquilo.
– Es una version muy creible, senor Marten. En especial si era, como usted insinua, el menu de una ocasion que Raymond no queria que se hiciera publica, ni que se comentara entre dos hombres.
– Kovalenko -dijo Marten, andando hacia el-. Ese no era el primer menu, sino el segundo.
– No entiendo.
– Se lo ensenare.
Marten abrio la carpeta de Ford y saco el sobre de Kitner, luego saco el menu de dentro y se lo dio a Kovalenko.
– Este es el primero. Vabres se lo habia facilitado a Dan anteriormente. No se lo que buscaba Dan, o pensaba que buscaba, o si tenia algo que ver con el segundo menu y con el motivo de su muerte. Habla de rusos prominentes. Tal vez usted le pueda encontrar algun significado.
Kovalenko lo miro. La tarjeta color hueso, de papel caro y crujiente, las letras doradas en relieve.
Marten lo vio sorprenderse al mirarla, pero Kovalenko no lo reconocio.
– Bueno, parece una reunion inofensiva de miembros de la familia Romanov -se limito a decir Kovalenko.
– Inofensiva hasta que empezaron los asesinatos y descubrimos que Raymond esta vivo y campa a sus anchas por las calles.
Marten se le acerco mas, mirandolo a los ojos.
– Raymond ha cortado a mi mejor amigo en trocitos. Usted es un policia ruso que investiga el asesinato de Alfred Neuss, un antiguo ciudadano ruso, que compraba diamantes en Monaco a Fabien Curtay, tambien asesinado y tambien antiguo ciudadano ruso. Hace un ano, sus propios investigadores estuvieron en Estados Unidos y en Mexico indagando sobre los asesinatos de otros antiguos ciudadanos rusos a los que supuestamente Raymond habia asesinado alli. Los Romanov son una de las familias mas ilustres de la historia de su pais. ?Cual es la conexion, inspector… entre los Romanov, Neuss y los demas?
Kovalenko se encogio de hombros:
– No se si la hay.
– ?No lo sabe?
– No.
– ?Y que demonios es todo esto, un punado de casualidades? -Marten se estaba enojando. El ruso no soltaba prenda-. Pues, si lo es, ?es tambien casualidad que los dos menus formen parte del misterio?
– Senor Marten, no estamos seguros de que exista un segundo menu. Se trata de una conjetura. Con lo poco que sabemos, el senor Ford podia haber salido en busca de un mapa, como le dije inicialmente.
Marten toco el menu con un dedo.
– Pues entonces, ?como se explica que a este le asignara un numero?
– ?Un numero?
– Girelo. Mire abajo.
Kovalenko lo hizo. Escrito a mano, abajo, ponia «Jean-Luc Vabres- Menu #l».
– Es la letra de Dan.
Marten vio como los ojos de Kovalenko se paseaban por el dorso del menu hasta arriba, y lo vio fijarse en otra cosa. Entonces le devolvio el menu, mientras se encogia de hombros:
– Un metodo de clasificacion para su archivo personal, tal vez.
– Habia algo mas. Estaba escrito de la misma mano arriba de la tarjeta. He visto como lo miraba. ?Que dice?
Kovalenko vacilo.
– Digamelo, ?que dice?
– Prevista la asistencia de Kitner -dijo Kovalenko, sin mostrar ninguna emocion.
– Antes me ha dicho usted que su dominio del ingles escrito no era del todo bueno. Queria asegurarme que entendia lo que pone ahi.
– Lo entendi, senor Marten.
– Hace referencia a sir Peter Kitner, el presidente de MediaCorp.
– ?Como puede estar tan seguro? Estoy convencido de que hay muchos Kitner en el mundo.
– Tal vez esto se lo explique.
Marten vacio el contenido del sobre de Kitner delante de Kovalenko, los recortes de periodico que Ford habia guardado de noticias sobre sir Peter Kitner.
Basando la siguiente informacion en su propia conversacion telefonica con la esposa de Alfred Neuss, y esperando que Kovalenko pensara que esta provenia de las notas de Dan Ford, dijo, con aire serio:
– Peter Kitner era amigo de Alfred Neuss. Neuss llego a Londres el mismo dia de la ceremonia en que Kitner era investido Sir. El mismo dia en que Raymond Thorne intento encontrarlo en Los Angeles.
Marten se alejo de golpe y luego se volvio a mirarlo:
– Digamelo usted, ?como cuadra Kitner en este rompecabezas?
Kovalenko dibujo una leve sonrisa.
– Parece usted saber muchas cosas, senor Marten.
– Solo un poco… Eso es lo que dijo usted cuando Dan le pregunto que era lo que sabia de Estados Unidos. ?Solo un poco? No, usted sabe mucho mas. Se ha sorprendido cuando le he mostrado el menu. Y se ha sorprendido todavia mas cuando ha visto el nombre de Kitner. Bien, yo le he contado lo que se, ahora le toca a usted.
– Senor Marten, esta usted en Francia ilegalmente. No tengo por que contarle nada de nada.
– Tal vez no, pero tengo la sensacion de que mantendra toda mi informacion entre nosotros. De lo contrario, hubiera llamado usted a Lenard al segundo en que me ha sorprendido. -Marten volvio a acercarsele a traves de la habitacion-. Se lo he dicho antes, inspector: Raymond corto a mi mejor amigo en pedazos y quiero asegurarme de que se hace justicia. Si usted no esta dispuesto a ayudarme, yo mismo me arriesgare y me acercare a Lenard. Estoy seguro de que lo encontraria todo bastante interesante. En especial cuando se pregunte por que me ha llevado a su hotel sin informarle, y todavia mas cuando se entere de que tiene usted la agenda de Halliday y el archivador de Ford.
Kovalenko miro a Marten en silencio. Finalmente hablo y, al hacerlo, su voz era tranquila, incluso amable.