Petersburgo y se habia analizado su ADN. Estos resultados se compararon con muestras del ADN de los restos del supuesto zarevich Alexei, el padre de Kitner, enterrado a las afueras de Ginebra. Las cadenas de ADN y la repeticion de sus secuencias coincidian con las del zar Nicolas sin dejar ninguna duda. Para asegurarse del todo de que lo que habian descubierto no era fruto de alguna extrana coincidencia, eligieron un ADN contemporaneo como elemento de comparacion. La princesa Victoria, hermana mayor de la emperatriz Alejandra, esposa de Nicolas y madre de Alexei, habia tenido una hija que se convirtio en la princesa Alicia de Grecia. De los hijos de la princesa Alicia, su unico hijo, el principe Felipe, duque de Edimburgo y esposo de Isabel II, reina de Inglaterra, era el candidato vivo idoneo para comparar con las muestras de ADN de su tia abuela, la emperatriz Alejandra. Se tomaron otra vez muestras de huesos de la cripta de San Petersburgo, esta vez de la emperatriz Alejandra, y se compararon con las muestras extraidas del duque de Edimburgo. Y otra vez, las secuencias de ADN coincidian a la perfeccion. Entonces, las cuatro muestras fueron comparadas con las muestras aportadas por Peter Kitner. Y otra vez, la perfecta coincidencia.

Una vez reunidas, estas pruebas despejaban toda duda sobre la supervivencia del zarevich Alexei Romanov a la matanza de Ipaniev, y sobre el hecho de que Peter Kitner era no solo su hijo sino, por los certificados de nacimiento que se conservaban en la administracion suiza y los testimonios aportados por amigos de la familia, su unico hijo. El linaje desde entonces hasta el presente era claro, sencillo, sin dudas y sin lugar a error: Petr Mikhail Romanov Kitner era el autentico cabeza de la casa Romanov y, como tal, seria el hombre que se convertiria en zarevich.

El unico recurso de Catalina era ahora jugar la carta de Anastasia y alegar que los analisis de ADN no demostraban nada y que Kitner era tan impostor como lo habia sido Anna Anderson en su momento, pero sabia que seria un gesto inutil que solo les traeria verguenza a ella, a su madre y a su hijo. Ademas, el triunvirato no habia hecho el viaje desde Moscu para nada. Habian analizado todas las pruebas mucho tiempo antes, habian mandado a sus propios especialistas a interrogar a los expertos que habian hecho los analisis, habian hecho repetir los analisis del ADN en tres laboratorios distintos y separados y, finalmente, tomaron su decision. No solo esto, sino que Pavel Gitinov, el presidente de Rusia, le habia pedido a Kitner que fuera a reunirse con el en su residencia de vacaciones en el mar Muerto y alli, en presencia del triunvirato y de los lideres del Consejo Federal y de la Duma -las camaras alta y baja del Parlamento-, le pidio personalmente que regresara a Rusia como titular de la corona y se convirtiera asi en la figura practica, emocional y promocional que ayudaria a cohesionar una nacion asolada por la incertidumbre social y economica, y a devolver a la nueva Rusia el poder global que antano habia tenido.

Lentamente, la gran duquesa Catalina Mikhailovna se puso de pie, con la mirada clavada en Peter Kitner. Al verla, el gran duque Sergei tambien se levanto. Y tambien lo hizo su abuela, la gran duquesa Maria Kurakina.

– Petr Mikhail Romanov -la fuerte voz de Catalina resono por la enorme estancia. Todas las miradas se volvieron hacia ella mientras levantaba un globo dorado con el escudo de la familia estampado y se lo ofrecia-, la familia del gran duque Sergei Petrovich Romanov os saluda con orgullo y os reconoce humildemente como zarevich de Todas las Rusias.

Con esta frase, todos los presentes se pusieron de pie y levantaron sus copas a modo de saludo. El principe Dimitri tambien se levanto. Y tambien lo hicieron el alcalde Nicolai Nemov, el mariscal Igor Golovkin y el patriarca Gregorio II.

Entonces sir Petr Mikhail Romanov Kitner se levanto, con su pelo blanco a modo de melena real y los ojos oscuros brillando. Levanto las manos y espero, mientras contemplaba los saludos reales. Finalmente y con un gesto sencillo, agacho la cabeza a modo de aceptacion formal de su manto.

73

Cuando Kovalenko advirtio la presencia del coche abandonado ya era demasiado tarde. Giro el volante con fuerza, desviandose alarmado para evitar el vehiculo, y mando el ML500 dando tumbos por encima de la autopista cubierta de nieve como una peonza. Una decima de segundo mas y golpearon un arcen de nieve que habia al fondo, se levantaron sobre dos ruedas y luego cayeron para resbalar por el arcen a modo de tobogan, deslizandose por un largo terraplen en el que se pararon, con el motor en marcha, los faros encendidos, atascados en la nieve acumulada al borde de un saliente rocoso.

– ?Kovalenko! -Marten tiraba de su cinturon de seguridad y miraba a la forma inmovil de Kovalenko tras el volante. Por un segundo larguisimo hubo silencio y luego, lentamente, el ruso se volvio a mirarlo.

– Estoy bien, ?y usted?

– Bien.

– ?Donde cono estamos?

La mano derecha de Marten encontro la manecilla de la puerta y la abrio de un empujon. Noto como el coche se balanceaba ligeramente al colarse la nieve y el aire helado. Con cuidado, se deslizo y miro afuera. Con la luz de la puerta abierta podia distinguir apenas el abismo oscuro que habia directamente bajo la puerta y escuchar el rumor de agua a lo lejos, debajo de ellos.

Se inclino un poco mas, pero sintio que el coche se volcaba en su direccion. Entonces se detuvo de inmediato.

– ?Que ocurre? -insistio Kovalenko.

Lo unico que Marten veia era la parte de arriba del saliente cubierto de nieve y, debajo, todo oscuro. Lentamente, volvio a meterse en el coche y cerro la puerta.

– Estamos al borde de un precipicio.

– ?Como?

– Un precipicio, un acantilado. Juraria que no tenemos mas de dos ruedas sobre terreno solido.

Kovalenko se abalanzo para mirar y el coche se movio con el.

– ?No haga eso!

Kovalenko se quedo inmovil.

Marten lo miro:

– No se lo profundo que es ni me gustaria averiguarlo.

– Ni yo tampoco. Ni a Lenard tampoco. Quiere que le devolvamos el coche entero.

– ?Que hora es?

Kovalenko miro con atencion al reloj del salpicadero:

– Las doce en punto.

Marten respiro hondo:

– Esta nevando mucho, son las doce de la noche y estamos fuera de la carretera, en medio de la nada. Un estornudo nos podria mandar al carajo y esto seria el final. O nos ahogamos, o nos congelamos, o nos quemamos, si este trasto decide incendiarse.

– Y aunque consigamos hablar con alguien con su movil no tenemos manera de decirle a nadie donde estamos porque no lo sabemos. Y aunque lo supieramos, dudo que nadie pueda llegar hasta aqui antes del amanecer. Y eso en el mejor de los casos.

– Entonces, ?que hacemos?

– Tenemos dos ruedas levantadas hacia un lado, lo cual espero que signifique que nos quedan las otras dos sobre el suelo. Tal vez podamos avanzar a partir de ahi.

– ?Que quiere decir «tal vez»?

– ?Se le ocurre algo mejor?

Marten vio a Kovalenko pensando alternativas y luego decidiendo rapidamente que no las habia.

– Al menos resultaria util -dijo Kovalenko con aire autoritario- que tuvieramos menos peso del lado del copiloto.

– Bien.

– Por tanto, yo saldre por mi puerta. Mientras lo haga, usted se deslizara y tomara el volante y hara el intento de, como ha dicho, salir conduciendo.

– Mientras usted esta a salvo en el suelo mirando lo que ocurre, ?es esto?

– Senor Marten, si el coche se estrella no sirve de nada que estemos los dos dentro, cuando con uno

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