aquella noche. En vez de pasarle el mensaje y dejarla hablar con Nicholas, anoto el telefono de Nicholas y bajo a la biblioteca, desde donde lo llamo el mismo. En aquel momento ella no le dio demasiada importancia, excepto para preguntarse que asunto llevaba a Nicholas hasta Davos, de modo que no le dio mas vueltas, pensando que Alexander estaba muy ocupado y, sencillamente, tenia ganas de sorprenderla. Lo cual, sin duda, hizo. Pero ahora le parecia raro y la inquietaba, aunque no sabia muy bien por que.
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Todavia preocupada por sus pensamientos, Rebecca no le respondio.
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Luego Rebecca la miro y le sonrio.
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88
La luz anaranjada del sol poniente dibujaba la silueta de las cumbres mas occidentales cuando Marten aminoro la velocidad del ML bajo la creciente oscuridad crepuscular, justo cuando los faros del coche iluminaban una enorme escultura litica piramidal con el nombre Villa Enkratzer grabado en letras grandes y claras. A la derecha estaba la entrada a la carretera de acceso. A diez metros estaba la casa de piedra del guarda. Un coche blindado con una cruz blanca equilatera sobre fondo rojo -la bandera suiza- bloqueaba la entrada. Un segundo vehiculo con el mismo distintivo estaba estacionado bajo los arboles, a la izquierda.
Marten redujo todavia mas la velocidad hasta detener el ML delante del primer coche blindado. De inmediato, sus puertas se abrieron y dos comandos en traje de faena salieron del mismo. Uno llevaba un rifle semiautomatico; el otro, mas alto que el primero, llevaba una pistola enfundada.
Marten bajo la ventanilla al verlos acercarse.
– Me llamo Nicholas Marten. Soy un invitado de Alexander Cabrera.
El agente mas alto miro a Marten y luego a Kovalenko.
– El es Kovalenko -dijo Marten-. Viaja conmigo.
El agente retrocedio de inmediato y se dirigio a la casa. Mantuvo una breve conversacion con alguien que habia dentro, hicieron una llamada telefonica y luego volvio.
– Adelante, senor Marten. Conduzca con cuidado. El sendero hasta la finca es empinado, lleno de curvas y esta bastante helado. -Retrocedio y lo saludo. El coche blindado hizo marcha atras, despejo la entrada y Marten avanzo.
– Que guapa estas. -Alexander tomo a Rebecca de la mano y se la beso cuando ella entro en la biblioteca. La estancia estaba a media luz, acogedora con su techo tan alto, el comodo mobiliario de cuero y los libros encuadernados en piel que cubrian las paredes desde el suelo hasta el techo. En la chimenea de piedra habia un fuego que producia un agradable crepitar. Enfrente habia una mesa baja de madera solida de roble y detras, el sofa de cuero en el que se relajaba la baronesa.
– Estas absolutamente deslumbrante, querida -dijo, cuando Rebecca se le acerco, y luego le indico un puesto a su lado-. Sientate conmigo. Tenemos algo que decirte.
Rebecca miro primero a la baronesa y luego a Alexander. Ambos iban elegantemente vestidos, Alexander con un esmoquin negro hecho a medida, con camisa de volantes blancos debajo y una pajarita de terciopelo negro. La baronesa, como siempre, combinaba el blanco con el amarillo palido. Esta vez era una tunica larga de estilo oriental, con los zapatos amarillos a juego y las medias blancas. Llevaba una pequena estola de armino sobre los hombros que resaltaba la gargantilla de rubies y esmeraldas elegida para la ocasion.
– ?Que teneis que contarme? -Rebecca sonrio con inocencia mientras se sentaba junto a la baronesa y volvia a mirar a Alexander.
– Empezad vos, baronesa -dijo Alexander, mientras se colocaba de pie junto a la chimenea.
Lentamente, la baronesa tomo una mano de Rebecca entre las suyas y la miro a los ojos.
– Te ves con Alexander desde hace menos de un ano, pero os conoceis bien el uno al otro. Se que el te ha contado cosas sobre la muerte de su madre y su padre en Italia cuando era muy pequeno, y como yo lo eduque en mi finca de Argentina. Sabes lo de su accidente de caza y de su larga recuperacion. Y sabes, tambien, que es ruso de nacimiento.
– Si -asintio Rebecca.
– Lo que no sabes es que pertenece a la nobleza europea. No solo a la nobleza, sino a la alta nobleza, que es el motivo por el que fue educado tan lejos de su influencia, en Sudamerica, y no en Europa. Fue un deseo de su padre que aprendiera sobre la vida y no fuera un nino mimado. Y este es tambien el motivo por el que no se le dijo hasta que fue mayor para entenderlo quien era realmente su padre y que, a diferencia de su madre, estaba todavia vivo.
Rebecca miro a Alexander con sorpresa:
– ?Tu padre esta vivo?
Alexander sonrio delicadamente:
– Es Peter Kitner.
– ?Sir Peter Kitner, el propietario del imperio mediatico? -Rebecca estaba realmente asombrada.
– Si. Y todos estos anos me ha protegido de la realidad de quien es el y de quien soy yo. Como ha dicho la baronesa, fue por mi propio bien y para que ni fuera un mimado, ni eso influyera mi juventud.
– Peter Kitner -prosiguio la baronesa- es mas que un hombre de negocios rico y prospero, es el cabeza de la familia imperial Romanov y, por lo tanto, el heredero del trono imperial ruso. Como su primogenito, Alexander lo sigue en la linea dinastica.
Rebecca estaba perpleja:
– No lo entiendo.
– Rusia esta a punto de instaurar una monarquia constitucional y de devolver el trono a la familia imperial. La decision sera anunciada en la conferencia de Davos manana por el presidente de la Federacion Rusa -La baronesa sonrio-. Sir Peter Kitner se encuentra aqui en la finca.
– ?Aqui?
– Si, esta descansando.
Ahora Rebecca volvio a mirar a Alexander.
– Pero sigo sin…
– La baronesa no ha terminado, amor mio.
Rebecca volvio a mirar a la baronesa.
– Esta noche, el primer zar de Rusia en casi un siglo sera presentado a nuestros invitados.
Rebecca miro a Alexander. Tenia los ojos abiertos de par en par, atonita y encantada al mismo tiempo:
– ?Tu padre va a convertirse en el zar de Rusia?
– No -dijo Alexander-, yo.
– ?Tu?
– Ha abdicado formalmente a favor mio.
– Alexander. -Los ojos de Rebecca se llenaron de lagrimas. Comprendia, pero no comprendia nada. Era algo demasiado enorme, demasiado alejado de todo lo que ella conocia, hasta de la persona que era ahora.
– Y tu, querida, cuando os caseis… -lentamente, la baronesa levanto las manos de Rebecca y se las beso con carino, como lo haria una madre con su hija, mientras la miraba a los ojos-, te convertiras en la zarina.