como con los que, demas de venirse a rendir, hicieren algun servicio particular, como sera degollar o traer cautivos turcos o moros berberiscos de los que andan con los rebeldes, y de los otros naturales del reino que han sido capitanes y caudillos del rebelion, y que obstinados en ella, no quieren gozar de la gracia y merced que Su Majestad les manda hacer.
Otrosi: a todos los que fueren de quince anos arriba y de cincuenta abajo, y vinieren dentro del dicho termino a rendirse y trajeren a poder de los ministros de Su Majestad cada uno una escopeta o ballesta con sus aderezos, se les concede las vidas y que no puedan ser tomados por esclavos, y que ademas de esto puedan senalar para que sean libres dos personas de las que consigo trajeren, como sean padre o madre, hijos o mujer o hermanos; los cuales tampoco seran esclavos, sino que quedaran en su primera libertad y arbitrio, con apercibimiento que los que no quisieren gozar de esta gracia y merced, ningun hombre de catorce anos arriba sera admitido a ningun partido; antes todos pasaran por el rigor de la muerte, sin tener de ellos ninguna piedad ni misericordia.
El bando dictado por don Juan de Austria en abril de 1570 corrio de mano en mano por las Alpujarras. Los cristianos lo tradujeron al arabe e hicieron copias que repartieron a traves de espias y mercaderes, y que en unos casos fueron recitadas discretamente por quienes sabian leer, lejos de monfies, jenizaros o berberiscos; en otros se cantaron como si de un pregon se tratara. El principe tambien decreto que nadie, bajo severas penas, osara detener, robar o maltratar a morisco alguno que acudiera a rendirse, como habia sucedido en anteriores ocasiones.
Ambos bandos atravesaban momentos criticos: en tierras de las Alpujarras, los precios de las fanegas de trigo y cebada habian multiplicado su precio por mas de diez y los soldados y sus familias pasaban hambre. Aben Aboo nada podia hacer para remediar aquella situacion, por lo que, tras un cruce de cartas con Alonso de Granada Venegas, hombre de credito entre los moriscos, delego formalmente en el Habaqui las negociaciones de la rendicion. Pero las simples negociaciones tambien tuvieron un efecto contrario a los intereses de los moriscos. En esas fechas, tres galeras venidas de Argel con viveres, armas y municiones, empezaron a desembarcar sus provisiones en las playas de Dalias, pero al enterarse sus ocupantes de que Aben Aboo negociaba su rendicion, cargaron de nuevo y regresaron a Argel. Lo mismo sucedio con siete galeras mas que arribaron a las costas al mando del Hoscein, hermano de Caracax, que acudia con cuatrocientos jenizaros y numeroso armamento, y que tambien puso rumbo hacia la ciudad corsaria tan pronto tuvo conocimiento de las negociaciones de paz.
En el lado cristiano la situacion era bastante mas compleja, si cabe: por una parte y con independencia de encuentros mas o menos esporadicos en otras zonas de las Alpujarras, la estrategia de la guerra de guerrillas adoptada por Aben Aboo hacia practicamente imposible una victoria definitiva. Por otra parte, la insurreccion ya habia tenido consecuencias en la cercana Sevilla, en la que diez mil moriscos vasallos del duque de Medina Sidonia y del duque de Arcos se sublevaron como consecuencia de los ultrajes a que fueron sometidos. El Rey Prudente logro solventar la situacion ordenando a dichos nobles que acudieran en persona a pacificar sus tierras, pero cundio el temor de que en cualquier momento el levantamiento se extendiese a los reinos de Murcia, Valencia o Aragon, donde vivian gran cantidad de moriscos.
Sin embargo, la razon que mas peso en el rey Felipe para permitir que don Juan de Austria ofreciese condiciones para la rendicion radico en la actitud del sultan otomano.
En febrero de 1570, los turcos, imitando a los argelinos, que dedicaron sus fuerzas a la conquista de Tunez, atacaron Zara, en la Dalmacia veneciana, y reclamaron la isla de Chipre, donde desembarcaron en el mes de julio. En marzo de ese mismo ano, Felipe II recibio en Cordoba, donde se hallaba reunido en Cortes para estar cerca