agarrotados movimientos del herido, y las dudas le asaltaron de nuevo. ?Era un suicidio! Como si presintiese sus dudas, el caballero alzo el rostro hacia el y sonrio agradecido. Hernando se agacho, se aposto junto a la tela de la tienda e intento distinguir algo en las sombras. El caballero prescindio de toda cautela: rasgo la tela con decision, se colo por el agujero y empezo a gatear hacia el exterior. Al pasar a su lado, Hernando vio que la herida volvia a sangrar y que la venda que cubria la placa de cobre aparecia tenida de rojo. Le siguio, tambien a gatas, con la vista clavada en el suelo, en el alfanje que arrastraba, esperando toparse en cualquier momento con algun soldado de guardia. Pero no fue asi, y a los pocos instantes se hallaban debajo de las patas de las mulas. Los murmullos de las oraciones de miles de fieles se confundian con su propia respiracion acelerada. El cristiano le sonrio de nuevo, abiertamente, como si ya fueran libres. ?Y ahora que?, se pregunto Hernando: el caballero no podria llegar muy lejos, se desangraria, no lograrian recorrer la decima parte de una legua. El cielo se mostraba rojizo por encima de las sierras y el sol anunciaba su pronto ocaso. ?Los atardeceres de Sierra Nevada! Cuantas veces los habia contemplado desde... ?Juviles! ?La Vieja! Callo y escruto entre las patas de los animales. ?Como no iba a reconocer las patas de la Vieja? Las habia curado miles de veces. Las localizo e hizo una sena al cristiano para que le siguiera. Al llegar a la mula, acaricio los tendones combados y plagados de vejigas. La Vieja estaba aparejada para el viaje. Hernando se puso en pie, sin pararse a comprobar si alguien miraba, si alguien vigilaba. Todos continuaban enfrascados en los rezos de la noche. A su izquierda, a pocos pasos, se abria la quebrada a uno de los incontables barrancos de las Alpujarras.
—Levantate —apremio al noble. Hernando le ayudo a tumbarse atravesado sobre la Vieja, como un fardo—. Agarrate bien —le indico mientras acompanaba sus manos hacia la cincha del animal. Cuando intento quitarle la espada, el cristiano se opuso y opto por cogerse solo con una mano.
Tirando de la mula hacia el barranco, camino dando pequenos pasitos, impedido por las cadenas de sus tobillos; procuraba evitar su tintineo, y avanzaba sin mirar a ningun lugar en especial, los ojos puestos en el vacio que se abria por encima del despenadero al que se acercaban. Sintio deseos de rezar y sumarse a los conocidos murmullos que se oian en el campamento, pero no pudo. Solo cuando se encontro al borde del barranco volvio la cabeza: todavia podia verse una fina linea rojiza que delineaba las cumbres. Nadie se habia fijado en ellos. Se deleito unos segundos con la escena: miles de personas postradas hacia oriente, en sentido contrario al barranco donde ellos se encontraban. El cristiano le urgio y salto a lomos de la mula, atravesado junto al caballero, y como el se agarro a la cincha por debajo de la barriga de la Vieja.
—Agarrate fuerte —le aconsejo—. El descenso sera peligroso. ?A Juviles, Vieja! ?Llevanos a Juviles! —Entonces la palmeo en una de sus ancas, primero con suavidad, despues con fuerza, hasta que la Vieja vencio su inicial reparo a lanzarse por la cortada y, tras echar adelante una de sus manos, se sento sobre sus ancas para deslizarse por la pendiente.
Lo que en realidad fueron unos instantes, se les hizo una eternidad. La mula sorteo piedras, rocas y arboles; para sorpresa del muchacho hasta salto alguna que otra pequena cortada vertical. ?La Vieja! ?Su Vieja! En varias ocasiones estuvieron a punto de caer cuando el animal se sentaba para deslizarse cuesta abajo. Se aranaron con zarzas y ramas, pero al final llegaron al cauce de un arroyo que descendia de Sierra Nevada. El agua helada les salpico de libertad. La Vieja se quedo parada con el agua a media cana y meneo violentamente el cuello; sus grandes orejas voltearon, orgullosas, y lanzaron miles de gotas en todas direcciones, como si ella tambien fuera consciente de la hazana que acababa de lograr.
Hernando se dejo caer al riachuelo y hundio la cabeza en el
