agua. Entonces grito bajo el agua y origino un sinfin de burbujas que acariciaron su rostro. ?Lo habian conseguido! Mientras, el caballero tambien se deslizo hasta quedar en pie, levemente apoyado en las espaldas de la mula; continuaba sangrando y sin embargo, aun vestido con el simple velmez, aparecia digno, altanero, con la pesada y larga espada asida con fuerza en la mano derecha.

Hernando se quedo sentado en el arroyo.

—?Ves? —comento el noble—, Dios no deseaba nuestra muerte. —Hernando rio nervioso—. ?Hay que luchar! No llorar. No tienes las tripas fuera ni se te ha muerto una madre. Jesucristo y la santisima Virgen y...

El caballero continuo hablando, pero Hernando no le escucho. ?Y su madre? ?Y Fatima?

—Huyamos —ordeno el noble al final de su discurso.

?Huir?, se pregunto Hernando. Si, eso es lo que queria. Para eso era para lo que se habia arriesgado, pero ya habia escapado una vez, a Adra. En esa ocasion ya habia dejado solas a Fatima y a su madre.

—Espera.

—Nos perseguiran. ?Lo haran en cuanto se den cuenta de que hemos escapado!

—Espera —insistio Hernando—. La noche los detendra...

—?Que sucede? —le interrumpio el noble.

—Hace unos meses —explico levantandose del rio y mirando con una subita tristeza el alfanje de Hamid—, acudi a rescatar a mi madre a Juviles. —?Para que echarle en cara la matanza?, penso antes de continuar y, sin embargo, no pudo evitarlo—. Los cristianos matasteis a mas de mil mujeres y ninos —le recrimino.

—Yo no...

—?Callate! Lo hicisteis. Y esclavizasteis a otras tantas.

—?Y vosotros...!

—?Que mas da, ya! —le interrumpio el joven morisco—. Yo fui alli, a Juviles, a rescatar a mi madre. Lo consegui. Tambien rescate a Fatima, mi... ?la que debia ser mi esposa! Despues he vuelto a salvarlas en otra ocasion. Hemos vivido momentos muy duros. —Hernando recordo el temporal de nieve, huyendo de Paterna, la boda en Mecina, escapando de los cristianos... ?Para que habria servido todo aquello?—. No voy a abandonarlas a su suerte —afirmo.

Luego se enfrento con la mirada del cristiano. Este sangraba en abundancia, y sin embargo rebosaba fuerza. El mismo, mientras vivia como esclavo del arraez, habia borrado de su mente a Fatima y a Aisha: habia apartado cualquier pensamiento sobre ellas, como si no existieran, pero ahora..., ?la libertad! ?Que extranas energias daba la libertad! Brahim no se rendiria a los cristianos, penso de pronto , pero si el conseguia huir con Fatima y su madre y entregarse quiza lograran olvidar aquella pesadilla.

—Necesito tu ayuda... —empezo a decir el caballero.

— De poco te iba a servir en la oscuridad. Solo necesitas a la Vieja. Tengo que ir en busca de mi madre... ?Y de la mujer que amo ! ?Lo comprendes? No puedo permitir que los cristianos las mateis o las esclaviceis.

Вы читаете La Mano De Fatima
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату