Como esposo cristiano de la muchacha, Hernando comparecio ante los escribanos, que tomaron nota y certificaron la defuncion del pequeno Humam; Fatima no hablaba. Luego, al anochecer, Hernando, Brahim, Aisha y Fatima se apartaron del asentamiento morisco y como otras tantas familias musulmanas, vigilados de lejos por los soldados, procedieron a enterrarlo. Aisha lavo con delicadeza el cadaver del pequeno con el agua fria y cristalina que corria por una acequia. Escondida entre las ropas de Humam, encontro la mano de Fatima, que guardo; no era el momento de devolver la joya a la muchacha. Hernando creyo escuchar en boca de su madre aquellas mismas canciones de cuna que tanto recordaba; Aisha las canturreaba en voz baja, como cuando le premiaba a el con aquellos momentos. Brahim cavo una tumba cerca del lugar. Fatima ya no tenia lagrimas. No hubo alfaqui, ni oraciones, ni lienzo para envolver al pequeno. Brahim lo deposito en el hoyo con su madre que, en pie, enajenada, ni tan siquiera se acerco a la tumba.
A partir de Alcala la Real, las etapas se hicieron mas largas. Descendieron hasta la campina de Jaen. Brahim ayudaba a Fatima, que se dejaba arrastrar. No hablaba; no parecia vivir. Hernando sentia mareos y escalofrios en cada ocasion en que vislumbraba el cuerpo inerme de Fatima colgando de su padrastro. Al cabo de tres jornadas mas, llegaron a Cordoba. Harapientos, descalzos, con ninos y enfermos a cuestas, ordenados de cinco en fondo, flanqueados por sendas companias de alabarderos y arcabuceros, entraron en la ciudad al son de la musica y la curiosidad de sus gentes. Los soldados, en formacion, iban ataviados con sus mejores galas.
De tres mil quinientos que partieron de Granada, solo llegaron tres mil. ?Quinientos cadaveres sembraron la macabra ruta!
Era el 12 de noviembre de 1570.
En nombre del amor
24
Dejaron a sus espaldas la fortaleza de la Calahorra, cruzaron el puente romano sobre el Guadalquivir y accedieron a Cordoba por la puerta del Puente, que daba a la fachada trasera de la catedral de la ciudad. En formacion, vigilados por los soldados y escrutados por la ciudadania apelotonada a su paso, Hernando, como muchos
