antes de que se le hiciera imposible seguir sin respirar. Entonces busco el aire, de nuevo a ras de suelo. La primera piel era la mas sencilla de levantar; a medida que profundizaba en aquel hueco inmundo, se amontonaba el estiercol y se le hacia mas y mas dificil levantar las demas. Permanecio mas de dos horas levantandolas, aguantando la respiracion, con cuerpo y cabello lleno de inmundicias hediondas. Una vez finalizada su labor, uno de los oficiales se acerco y comprobo el estado de las pieles. Retiro un par de ellas, grandes pieles de buey que considero ya apelambradas, y le indico que aireara las demas y extrajera con una pala todo el estiercol del hueco; luego, al final de la jornada, debia volver a colocarlas en el: una capa de estiercol y una piel, otra capa de estiercol y otra piel, asi hasta cubrirlas todas para, al dia siguiente, levantarlas de nuevo.

26

En aquel ano de 1570, la poblacion de Cordoba alcanzaba los cincuenta mil habitantes aproximadamente. Como en toda ciudad amurallada, en las que estaba prohibida la construccion de viviendas extramuros que pudieran impedir el libre acceso al camino de ronda u hostigar a la ciudad que se abria entre las murallas, mas alla de las cuales se extendia el campo. El rio Guadalquivir dejaba de ser navegable a su altura y trazaba un caprichoso e impresionante meandro. Al norte de la ciudad estaba Sierra Morena y al sur, mas alla del rio, se extendian los campos de cultivo, la rica «campina de pan». En el siglo x Cordoba culmino su proceso de independencia de Oriente, y Abderraman III se erigio en califa de Occidente, sucesor y vicario de Muhammad, principe de los creyentes y defensor de la ley de Ala. A partir de entonces, Cordoba se convirtio en la mayor urbe de Europa, heredera cultural de las grandes capitales orientales, con mas de mil mezquitas, miles de viviendas, comercios y cerca de tres centenares de banos publicos. Fue en Cordoba donde florecieron las ciencias, las artes y las letras. Tres siglos mas tarde, fue conquistada para la cristiandad por el rey santo, don Fernando III, tras seis meses de asedio, llevado desde la Ajerquia sobre la Medina, las dos partes en las que se dividia la ciudad.

Los cristianos no trabajaban los domingos de modo que, en el primer festivo que pasaban en la ciudad, Hernando escapo ofuscado de la misera casa de dos pisos situada en un callejon sin salida que a la calle de Mucho Trigo y en la que, en seis pequenas estancas, se hacinaban siete familias moriscas, entre ellas la suya.

—Hay algunas casas en las que llegan a vivir catorce y dieciseis familias —les habia comentado Hamid al proponerles aquella vivienda—. El rey —explico ante sus gestos de incredulidad— ha dispuesto que los moriscos compartan casa con cristianos viejos a fin de que estos puedan controlarlos, pero el cabildo no ha creido oportuno obedecer esa orden al entender que ningun cristiano querria vivir con nosotros, y ha dispuesto que vivamos en casas independientes, siempre que estas se situen entre dos edificios ocupados por cristianos. Ademas —anadio, chasqueando la lengua—, aqui todas las casas son propiedad de la Iglesia o de los nobles, que cobran muy buenas rentas por su alquiler, cosa que no podrian hacer si viviesemos en las de los cristianos. Debemos ser mas de cuatro mil moriscos los que hemos llegado a la ciudad. No les ha costado mucho a los veinticuatros de Cordoba adoptar esa decision: pagan unos sueldos miseros, pero ganan mucho dinero con nosotros: primero nos explotan y despues nos roban nuestros exiguos ingresos con las rentas de sus casas.

Como habian sido los ultimos en llegar, les toco compartir habitacion con un matrimonio joven que acababa de tener un hijo, el cual parecia despertar sentimientos encontrados en una Fatima apesadumbrada. La muchacha se limitaba a seguir las instrucciones que en todo momento le daba Aisha. Luego, una vez cumplidas, volvia a su pertinaz silencio, que solo interrumpia para musitar alguna oracion. A veces alzaba el rostro cuando oia llorar al pequeno. Hernando, en las pocas ocasiones en que se encontraba en casa, intento

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