Juviles, aqui eran minoria entre los mas de dos mil cristianos viejos que se acumulaban en el templo: la mayoria artesanos, comerciantes y asalariados —los nobles habitaban en otras parroquias—, amen de un numero considerable de esclavos propiedad de los artesanos.
Hombres y mujeres oyeron misa separados. No se produjeron los exabruptos ni las amenazas del sacerdote de Juviles: alli la misa era para los cristianos. La ceremonia les costo un maravedi por cabeza. Salieron, y mientras esperaban a las mujeres, se les acerco un hombre bien vestido. Sin pensarlo, Hernando desvio la mirada hacia las puntillas del cuello de su camisa a la espera de que apareciera algun piojo o de ver saltar alguna pulga.
—Vosotros sois los nuevos moriscos del callejon de Mucho Trigo, ?no? —pregunto a Hernando y Brahim, con soberbia, sin tenderles la mano. Los dos asintieron y el recien llegado se volvio hacia Hamid para examinarlo con desprecio, deteniendose en su rostro marcado—. ?Que haces tu con ellos?
—Somos del mismo pueblo, excelencia —respondio Hamid con humildad.
El hombre parecio tomar nota mental de aquella noticia.
— Me llamo Pedro Valdes, justicia de Cordoba —dijo despues—. No se si vuestros vecinos os habran hablado de mi, pero sabed que tengo el cometido de visitaros una vez cada quince dias para comprobar vuestro estado y que vivais conforme a los preceptos cristianos. Confio en que no me ocasioneis problemas. —En aquel momento se sumaron Aisha y Fatima, que no obstante se quedaron a un par de pasos del grupo—. ?Vuestras esposas? —se intereso. Dio por supuesto que si y sin esperar respuesta reparo en Fatima, que aparecia empequenecida al lado de Aisha—. Esa esta demacrada y delgada —indico como si hablase de un animal—. ?Esta enferma! Si es asi, tendre que ordenar su ingreso en un hospital . —Tanto Hernando como Brahim titubearon y buscaron la ayuda de Hamid—. ?Necesitais que un esclavo conteste por vosotros? —Les recrimino el justicia—. ?Esta enferma o no?
—No..., excelencia —balbuceo Hernando—. El viaje..., el viaje no le sento bien, pero se esta reponiendo.
— Mejor asi. Los hospitales de la ciudad andan escasos de camas libres . Llevala a pasear por la ciudad. El sol y el aire le haran bien. Disfrutad de la fiesta del Senor y agradecedsela. El domingo es un dia de alegria: el dia en que Nuestro Senor resucito de entre los muertos y ascendio a los cielos. Llevala a pasear —repitio haciendo ademan de dejarlos—. ?Tu eres el esclavo de la mancebia? —pregunto no obstante a Hamid antes de volverse.
El alfaqui asintio y el justicia tomo nueva nota mental. Luego se dirigio a un grupo de ricos mercaderes y sus mujeres que le esperaban algo mas alla.
—?A casa! —grito Brahim tan pronto como el justicia y sus acompanantes hubieron desaparecido.
Aisha y Fatima ya se encaminaban tras el cuando Hamid intervino:
—A veces hacen visitas por sorpresa, Brahim. Los justicias, los sacerdotes y el superintendente se divierten con sus amigos acudiendo a nuestras casas. Unos vasos de vino y...
—?Quieres decir que estas de acuerdo en que mi esposa se
