delante. Los bramidos del toro, los relinchos de los caballos, los cascos contra la tierra y los gritos de los jinetes resonaron en el callejon.

—?Corre! —grito, agarrando a Fatima de un brazo.

Pero la dejo atras. Hernando se detuvo y se volvio nada mas notar que el brazo de Fatima se soltaba de su mano. Los dos primeros jinetes estaban a menos de quince pasos de ella. Tiraban del toro, ciegos, ajenos a lo que sucedia delante. Fue solo un instante en el que creyo ver a Fatima de espaldas a el, erguida como no lo habia estado en mucho tiempo, firme, con los punos apretados a sus costados, ?buscando la muerte! Salto sobre ella justo en el momento en que el primer jinete iba a arrollarla. El caballero ni siquiera habia intentado detenerse. En la caida chocaron contra la pared de una casa; el trato de proteger a Fatima, tumbandose sobre su cuerpo. Otro de los caballos salto por encima; el toro lanzo una cornada que, por suerte, no les alcanzo y que descascarillo la pared por encima de sus cabezas. El ultimo jinete que galopaba por su lado tambien los rebaso, pero en esta ocasion Hernando noto como el caballo le pisaba la pantorrilla.

Despues de los caballos, otro grupo de gente paso corriendo sin preocuparse de la pareja tumbada en el suelo, que permanecia inmovil mientras el estruendo se convertia en un eco a lo largo del callejon. Hernando sintio la respiracion entrecortada que agitaba el cuerpo de Fatima. Al levantarse, tambien sintio un dolor agudo en la pierna izquierda.

—?Estas bien? —pregunto a la muchacha mientras, dolorido, intentaba ayudarla.

—?Por que siempre tienes que salvarme la vida? —le espeto ella una vez en pie, frente a el. Temblaba, pero sus ojos..., era como si despues de haberse enfrentado a la muerte, sus ojos negros hubieran recobrado la vida. Hernando, con los brazos extendidos, intento agarrarla de los hombros, pero ella se solto—. ?Por que...? —empezo a gritar Fatima.

—Porque te quiero —la interrumpio alzando la voz, todavia con los brazos extendidos—. Si. Porque te quiero con toda el alma —repitio en voz baja y tremula.

Fatima clavo en el su mirada. Transcurrieron unos instantes antes de que una lagrima se deslizase por su pomulo. Luego estallo en el llanto que habia reprimido desde la noche de su boda con Brahim.

Se abrazo a Hernando. Y lloro todo lo que no habia llorado mientras el la acunaba en un callejon cordobes.

Algo mas lejos, alli donde el callejon se unia a otras dos callejas formando una diminuta plaza irregular, una senorita noble vestida de negro, con su dama de compania un paso por detras, observaba desde el balcon de un palacete como cinco jovenes caballeros la galanteaban dando muerte al toro, ya libre de sus sogas, mientras la gente llana jaleaba y aplaudia refugiada en las bocacalles.

27

Pascua de Navidad de 1511

El cabildo municipal habia decretado tres dias de fiesta para celebrar la rotunda victoria de don Juan de Austria sobre los turcos, al mando de la armada de la Santa Liga, en la batalla naval de Lepanto. Los sentimientos religiosos se exacerbaron con el triunfo de las fuerzas cristianas sobre las musulmanas y junto a los festejos paganos, la ciudad hervia con procesiones y Te Deum de accion de gracias. No era el mejor momento para que los moriscos paseasen por las calles de Cordoba sumandose al jubilo y al fervor popular.

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