alli donde se encontraba la casa de expositos con su torno para abandonar a los hijos no deseados, cuando un joven hidalgo de actitud altiva, capa negra, espada al cinto y gorra adornada con pasamaneria, que venia en sentido contrario dio un traspies a su altura y estuvo a punto de caer. Hernando no pudo impedir que se le escapase una sonrisa mientras trataba de ayudarle. Lejos de agradecerselo, el joven se solto de su mano con un aspaviento y se encaro con el.
—?De que te ries? —gruno el hidalgo recomponiendose.
—Disculpad...
—?Que miras? —El joven hizo ademan de llevar la mano a la espada.
?Que que miraba? Despues del traspie, el hidalgo trataba de recomponer el relleno de serrin con el que pretendia dar empaque a sus calzas. ?Imbecil engreido! ?Y si le daba una leccion a aquel petimetre?
—Me preguntaba..., ?como os llamais? —tartamudeo deliberadamente, bajando la vista al suelo.
—?Quien eres tu, estupido apestoso, para interesarte por mi nombre?
—Es que... —Hernando pensaba a toda prisa. ?Presuntuoso! ?Como podria darle esa leccion? Los puntiagudos zapatos de terciopelo en los que tenia fija la mirada le indicaron que aquel hidalgo debia de tener algo de dinero. Observo las calzas acuchilladas y los bajos de su capa semicircular, remendados con esmero por alguna criada—. Es que...
—?Habla ya!
—Me parece... creo... Sospecho que la otra noche, en un meson de la Corredera, oi hablar de vos...
Dejo flotar las palabras en el aire.
—?Continua!
—No me gustaria equivocarme, excelencia. Lo que escuche... No puedo. Disculpad mi atrevimiento, pero insisto en saber como os llamais.
El joven penso durante unos instantes. Hernando tambien: ?en que lio se estaba metiendo?
—Don Nicolas Ramirez de Barros —alardeo con solemnidad—, hidalgo por linaje.
—Si, si —confirmo Hernando—. Hablaban de vuestra excelencia: don Nicolas Ramirez. Recuerdo...
—?Que decian?
—Eran dos hombres. —Se interrumpio un momento, e iba a seguir cuando el hidalgo se le adelanto:
—?Quienes eran?
—Eran dos hombres... bien vestidos. Hablaban de vuestra excelencia. ?Seguro! Lo escuche. —Simulo no atreverse a continuar. ?Que contarle? Ya no podia echarse atras.
—?Que decian?
?Que podian decir?, se pregunto. ?Hidalgo por linaje! De eso se habia jactado el petimetre.
— Que vuestro linaje no era limpio —solto sin darle mas vueltas.
El joven crispo la mano sobre la empunadura de su espada. Hernando se atrevio a mirar su rostro: congestionado, colerico.
—?Por Santiago, patron de Espana —mascullo—, que mi sangre
